10/09/2022



                    Orlando (fragmento) Nibbi


        Por la mañana se encontraron Nibbi y él en la cocina para tomar algo antes de irse. Orlando parecía muy despejado, a pesar de la hora, Nibbi se preguntó con malicia si habría descansado bastante. Cuando volvieron la tarde anterior, mientras duraban las presentaciones había mirado a Green y ésta le había devuelto la mirada cerrando los ojos y sonriéndole. Estaba claro. ¡Ah! Le habían aumentado los latidos…ya eran tres… bueno, eso era estupendo, quizás a ella le faltara tiempo, no se veía preparando ningún plan pero se alegraba por sus compañeras. Conocerlo había sido increíble, cómo debía ser sentirse una en sus brazos… estrechándola… cortó aquellos pensamientos en seco, tenía que estar centrada para volar. Además iban a pasarse solos varias horas, y eso ya era suficiente para ponerla nerviosa, no necesitaba añadir su imaginación al cocktail.

Nibbi lo llevó por un pasadizo, a pesar de ser subterráneo, al menos eso intuía, no era como los de las mazmorras, comenzaba en otro lugar de los sótanos y no parecía ser antiguo como los otros. Los sistemas de seguridad los hicieron parar un par de veces y llegaron por fin a un pequeño ensanche con un ascensor. Subieron y se encontraron en una especie de garaje con varios coches de tipo todoterreno, se acercaron a uno y Nibbi sacó de su bolsillo una llave con varias pequeñas teclas, pulsó una combinación y el coche se abrió, deslizándose las puertas delanteras hacia atrás. La llave sólo servía para eso porque dentro del coche se encendía otro teclado pidiendo una nueva serie de cifras, por último Nibbi apoyó su dedo pulgar  en un lugar y el coche arrancó al mismo tiempo que en un lateral del garaje se abría una puerta metálica de tamaño suficiente para salir. Orlando miraba maravillado todo el  proceso, Nibbi le sonrió.

-Ponte el cinturón, para eso no hay código, es un cinturón vulgar. –Orlando tiró de él y lo ancló.- Además son ecológicos, me imagino que te gustará saberlo. Utiliza un combustible experimental, aunque la patente no es  nuestra, sólo somos parte de la prueba de campo. Ya sabes que Lunkel hace intercambios “quid pro quo”. Esperamos que se pueda utilizar también en las avionetas aunque aun falta un poco.

-Pero no explotará ¿verdad?

La risa de Nibbi le tranquilizó. 

-No debería. Lunkel ha repasado los motores varias veces, siguen perfectamente herméticos y ya hace tiempo que los utilizamos. Las primeras pruebas se hacen en laboratorios, ahora sólo es tiempo de protocolo. No debe pasar nada… aunque esa es la teoría… -Orlando la miró frunciendo algo el ceño, Nibbi volvió a reír- Los vehículos están blindados, puedes relajarte y disfrutar de tu paseo. 

Poco después llegaban al hangar. Se encontraba en un desnivel del terreno y a los lados crecía una vegetación espesa y alta con lo que la pista quedaba bastante oculta.

-No es corta, hay espacio más que suficiente para despegar y aterrizar.

-Sólo estaba pensando que está muy bien escondida.

-Sí. Y rodeada de cámaras. No podemos correr riesgos.

Nibbi entró en el hangar y detuvo el coche. Subieron a una de las dos avionetas, Orlando ocupó el lugar del copiloto y esperó mientras Nibbi iba encendiendo y siguiendo la rutina de comprobación. Empezaron a rugir los motores y contactó con una torre de control para pedir autorización para seguir un vector de vuelo. Nibbi empleó el vocabulario exacto que se utilizaría en el comienzo de una película de desastres aéreos, rió Orlando para sus adentros, deformación profesional pensó, con los vuelos que tomaba él habitualmente no había lugar para el miedo. No entendía cómo había gente con miedo a volar.


Despegaron, Nibbi manejaba la avioneta con una destreza y suavidad realmente asombrosas, una vez estabilizada a la altura correcta, marcó el rumbo y notó como ella se relajaba bastante.

-Bueno, ahora sólo hay que vigilar que no haya alertas y disfrutar del paisaje. 

Orlando miró abajo, la zona donde estaban era bastante boscosa y salvo pequeños núcleos muy aislados el verde dominaba toda la vista hasta el horizonte.

-¿Dónde aprendiste a volar?

-En Méjico. ¿No se me nota el acento? 

-¡Vaya! ¿Méjico? No soy un especialista, lo siento. Así que eres de allí.

-Sí. Mi familia es de una zona poco poblada, con difícil acceso por otros medios, además se utilizan para fumigar los sembrados, así que estamos familiarizados con estos aparatos. Desde que era una niña sabía que me encantaría pilotar.

-¿Y los narcóticos?

-Bueno –sonrió mirándole- También eso empezó allí. Tendré que contarte un poco de mi historia.

-Estoy impaciente.

-Mi abuelo es un chamán mejicano. Fuera de nuestra cultura, se exagera y se mitifica su figura pero los chamanes o al menos mi abuelo es realmente un conocedor de hierbas, -le sonrió- además de un apasionado ecologista –Orlando le devolvió la sonrisa- seguro que haríais muy buenas migas. Creo que él conserva un legado de tiempos pasados, el conocimiento de las propiedades de las plantas es realmente vastísimo. Y claro está, entre ese conocimiento también está el uso de plantas y setas alucinógenas. ¿Has probado alguna vez setas alucinógenas?

-No lo creo.

-Es muy peligroso. No debe hacerse por gente no iniciada, y no se inicia a gente que quiere experimentar por placer, no sé si me explico.

-Perfectamente.

-Cuando tenía unos siete años le seguí un día, él tenía una cabaña en el bosque a la que no podíamos ir los niños. Le estuve espiando sin que se diera cuenta, tenía un montón de estantes con botes de cristal y cestas de mimbre, todo perfectamente ordenado y separado. Cuando se marchó me quedé allí dentro y no se me ocurrió otra cosa que comerme un trozo de algo que él tenía allí. ¿Has oído hablar del peyote?

-¿No era eso lo que se comían Jim Morrison y los del grupo The Doors en la película que hizo Val Kilmer?

-Exacto. El peyote es un tipo de cactus pequeño, contiene una sustancia que se llama mescalina. Me lo comí y tuve un viaje en toda regla. Imposible de olvidar, tuve alucinaciones durante varias horas y vi al enano verde.

Orlando la miró con los ojos muy abiertos y casi echándose a reír.

-¿Qué?

-Vi un duende vestido de verde. No me habló, danzaba por la cabaña, como si quisiera jugar. No sentí miedo de él, era divertido.

Orlando ya no pudo contener la risa.

-Joder, sí que tuviste un viaje…

-Lo que no sabes es que mucha de la gente que ha tomado peyote lo ve.

-¡¿Qué?!

-Hasta tiene nombre. Se llama Mescalito.

-No puedo creerlo.

-Pues es cierto. –Nibbi se encogió de hombros- ¿Quién sabe por qué? Hay libros que hablan de las experiencias alucinatorias y explican que la creación de todos esos seres del bosque, duendes, enanos, hadas se basa en estas experiencias con sustancias, por cierto, también los elfos. ¿Nunca te has preguntado por qué las casas de los gnomos son setas?

-No tenía ni idea. Joder sí que tiene sentido.

-Vi a Mescalito. Cuando crecí quise comprobar qué había de verdad, de científico en todo eso ¿sabes? así que me fui a la capital a estudiar Química y me especialicé en el estudio de todo tipo de fármacos y sustancias psicotrópicas. Mi abuelo me dejó hacer de ayudante suya bastantes veranos, me gané su confianza y aprendí mucho de él, aunque me criticaba por mi actitud más fría y escéptica ante los conocimientos heredados, su frase favorita era: “Con los ojos de la ciencia no se puede ver todo el universo”. 

Y creo que no me enseñó todo lo que sabía, por haberme ido a estudiar a la universidad pienso, quizá no conseguí suficiente confianza, no sé.  –le dijo sonriendo.- Green contactó conmigo hace varios años para un trabajo, recabando información y nos hicimos amigas. Me uní al grupo casi inmediatamente y eso es todo.

-¿Y no has experimentado más veces? ¿No lo has vuelto a repetir?

-No. Tuve suerte, podía haberme quedado pillada, hay gente que no vuelve de los viajes. Si hubiera comido más quizá no me habría despertado. Yo soy más científica que chamán, prefiero la investigación.

-¿Y los afrodisíacos existen o son un mito?

-Esa es una buena pregunta. ¿Existen sustancias que despiertan nuestro apetito sexual? Pues hay una legión de seguidores y de detractores entre los propios científicos. Existen sustancias ligeramente psicotrópicas como el alcohol o la marihuana, que pueden liberarnos de algunos frenos psicológicos y aumentar nuestro deseo, y también nuestra autoestima, para ser más “lanzados” a la hora de hacer propuestas sexuales, ya sabes, temor al rechazo, temor a la responsabilidad, temor al daño al otro, temor a la opinión pública, etc.. un poco de vino, champán o la absenta que también tiene una gran leyenda,  tienen un problema, si te pasas de dosis se acabó la fiesta. También hay sustancias, sobre todo olfativas que pueden despertar nuestra apetencia, como cuando pasas por delante de una pastelería, la canela por ejemplo cuyo uso como afrodisíaco creo que se remonta a los egipcios, la mirra…

-O sea que te hacen desear comerte al otro.

Nibbi rió.

-Sí, algo así, aunque hay hombres que dicen preferir únicamente el “odore di fémina”. 

Las ostras y el champán  en combinación tienen también su fama aunque no se ha descubierto una relación científica. Y por último están los vasodilatadores que es la versión no poética de la historia, mejoran durante un tiempo la circulación. Por ejemplo la famosa viagra.

-¿Ya está? ¿No hay más? ¿No existe alguna hierba secreta de tu abuelo que sólo conozcas tú que provoque eso?

Nibbi le miró un segundo con intensidad, Orlando creyó que iba a decir algo pero después de unos momentos, ella miró hacia delante al paisaje y le contestó con un conciso:

-No.

El la miró mientras comenzaba el descenso. Había algo que no le había dicho, ella era experta en narcóticos pero él era experto en fingir y disimular. 



https://sobreleyendas.com/2009/12/23/mezcalito-dios-chamanico/

10/04/2022

                                                                 



                                  Romy escribe. ORLANDO (fragmento)


Romy escribía ligeramente inclinada sobre el ordenador, tenía los ojos algo vidriosos y su respiración no había conseguido sonar normal desde que empezó, pero no hubiera podido recordar nada de aquellas horas porque estaba completamente en otro lugar.  Ese otro lugar era también un castillo pero más oscuro que el de Green, altos muros negros, pasillos de piedra apenas iluminados y una sala grande, igualmente de piedra, donde ahora se encontraban reunidos los personajes, una serie de antorchas colocadas lejanas en los muros proporcionaban la escasa luz que continuamente oscilaba, haciendo que las sombras de los presentes danzaran con extraños movimientos.


    “…despertó y pudo comprender que se encontraba tendido sobre una superficie, desnudo, no sabía qué estaba ocurriendo. Empezó a escuchar susurros a su alrededor, voces distintas de mujeres. No sabía calcular cuántas eran, notó como los susurros le rodeaban y fueron acercándose hasta que empezó a sentir el aliento caliente de ellas al lado de su piel. Sus voces repetían una única palabra, “ -Orlando… Orlando… Orlando… Orlando… Orlando…”  Las mujeres entonaban su nombre con modulaciones distintas, sin dejar de ser susurros, sus tonos se elevaban o bajaban, Orlando se sentía mecido por aquellas voces, no sentía miedo. Era extraño, no sentía miedo…”


    
    “…Una voz sobresalió entonces del coro, sólo aumentó un poco el tono, el sonido era hermoso. 

    -Orlando ¿Has leído “Historia de O”? –la voz tenía un registro de matices amplio y musical. 

    -Hace mucho tiempo.

    -Como O, también tú has sido seleccionado. La Hermandad te ha elegido como objeto de placer, debes someterte a nosotras, no hay ningún sitio adónde puedas huir, lo aceptarás… Vamos a enseñarte todas las formas del placer. No tienes que tener miedo, tu destino no será el mismo que el de O, puedo asegurarte

-acentuó el tono- que no habrá látigos.

    Orlando cayó en la cuenta que no veía nada, notó algo sobre sus ojos, instintivamente movió la mano para tocarlo pero otra mano le detuvo con suavidad y volvió a estirarle suavemente el brazo sobre el lugar donde estaba, era mullido pero más rígido que una cama, rozó con el dorso la superficie y creyó que debía ser terciopelo extremadamente suave. 

    Escuchó de nuevo la voz de aquella:  

    -Somos sacerdotisas de una religión mucho más antigua que cualquiera de las que se practica hoy, nuestra religión se basa en la comunicación con el alma del planeta a través del placer, cuando una persona siente placer, genera a su alrededor un campo de energía que puede influir en los átomos que la rodean. Muchas personas gozando hacen multiplicar en progresión geométrica el campo de energía. Sanamos así las heridas de esta tierra, creemos que nuestra felicidad puede cerrarlas.”



    “ …Las manos que le habían cogido, acariciaron la parte anterior de su antebrazo y algo después notó otra impresión, algo caliente y húmedo se movía despacio haciendo eses sobre la piel, la chica le estaba lamiendo, empezó a notar como el surco de saliva se enfriaba ligeramente al dejarlo atrás la lengua de ella. Un poco después, casi al unísono otros apéndices húmedos y calientes se unieron para describir dibujos de saliva en distintas partes de su cuerpo. La sensación, ignorada hasta ese momento, consiguió transportarlo hasta las puertas del Nirvana. Su cabeza pugnaba entre volar, sentirse ascendiendo desde su cuerpo, y por volver de nuevo para recoger esas sensaciones que le marcaban la piel. Una de ellas le deslizó su cabello por el costado, era tan sedoso que le hizo estremecerse.”


“… De pronto notó otro cabello acariciándole el pecho, mientras la chica gemía, su melena describía círculos por su torso y su vientre, la imaginó contorsionándose sobre él. Paró, hubo un movimiento más del pelo continuado hacia abajo y su pene, de cuyo estado no se había apercibido hasta ahora, era acogido dentro de una cueva asombrosamente caliente y vibrante, la mujer apretó los labios sobre el miembro y fue deslizándolos hasta llegar al glande, sin sacarlo se lo lamió desde dentro con mucha suavidad… Orlando empezó a gemir. La chica que estaba sobre él siguió haciéndole la felación más exquisita que había recibido mientras las demás seguían igualmente recorriéndole y comenzaban a dejar pequeños mordiscos en lugares de su cuerpo que no hubiera adivinado como eran de receptivos… ”


“… su cuerpo comenzó a convulsionarse, ya no sólo eran los jadeos o los pequeños estremecimientos, el placer no le permitía controlar sus movimientos. La chica de encima paró un segundo la felación, creyó que le daba un respiro pero tras un momento sintió como su pene era atrapado de nuevo, la vagina de ella era estrecha y elástica, estaba increíblemente húmeda. Se penetró hasta el fondo y gritó, sus compañeras gritaron de placer a la vez, como si pudieran sentirlo todas juntas. Ella empezó a moverse de nuevo y, suave y regularmente, arriba y abajo, la chica estaba completamente excitada y escuchaba con claridad sus jadeos y sus gritos, a intervalos notaba las contracciones en su vagina, cómo ésta le succionaba hacia dentro. Una de las veces supo que no podía aguantar más y se corrió gritando igual que ella, sin importarle nada donde estaba, quienes eran aquellas mujeres, ni que le harían, sin importarle quien era ni como se llamaba…”


9/29/2022

 


                                                            Orlando (fragmento)

Lalaith avanzaba deprisa y el grupo la seguía, Orlando empezaba a estar impaciente por descubrir qué nueva sorpresa le esperaba, por fin ella alcanzó el final de la escalera y de nuevo otro pasillo. En ese momento, Orlando no tenía la más remota idea de en qué lugar de las tripas del castillo estaba, ni cómo llegar allí, pero sería el único, Lalaith no había dudado ni un segundo. Siguió internándose alumbrándose únicamente con la lámpara de aceite, llegó al final del pasillo y abrió otra gran puerta de madera. De ninguna manera estaba preparado para lo que iba a ver, después de los pasadizos secretos, mazmorras medievales auténticas y un torreón reconstruido casi a la perfección, azotados por la lluvia y el viento, bajo los rayos y los truenos, mojados y helados, de pronto, tras la puerta, un remanso de paz, un lugar vasto donde se percibía mucho calor y en el centro, un cuadrado de al menos 15 metros de lado, calculó, donde increíblemente, había agua y parecía caliente.

La -¿Increíble? No, tenemos una terma. Hay un manantial de agua caliente cerca, Lunkel ideó un sistema para que el agua fluyera constantemente dentro y desagua por otro conducto hacia la salida del manantial. Así nuestra piscina se mantiene caliente siempre y limpia. Tócala.

Orlando estaba maravillado, le daba un poco de vergüenza confesar que estaba tan congelado como las demás y desde luego sumergirse en aquel agua era lo más apetecible que pudiera pensar.

Lalaith trajo toallas de un armario para todos.

La -Reaccionad de una vez. Apagaremos las lámparas, no hay luz natural aquí, así que estaremos completamente a oscuras, nos quitamos la ropa y nos tiramos al agua, hay espacio más que suficiente para todos. recordad donde dejáis vuestra ropa y el que se harte se puede salir y secarse. Orlando, la sensación de estar sumergido en agua caliente y no ver nada, también es muy fuerte pero sé que te va a gustar.

O -Por mí está bien. Me parece buena idea.

A -¿A qué estamos esperando?

R -A la de tres soplamos todas las lámparas ¿Ok?


Cogieron las toallas y se distribuyeron alrededor de la piscina, las dejaron cerca del borde donde podrían encontrarlas fácilmente. A la de tres soplaron todos y las luces se extinguieron con un corto temblor. Orlando escuchó sonidos de cremalleras, chasquidos de jerséis que se despegaban del cuerpo y no esperó a oír nada más, estaba deseando meterse allí, se quitó los zapatos, los calcetines, los pantalones y el resto en un minuto. Tocó el bordillo con la mano para asegurarse de donde estaba y se sentó. Despacio estiró un pie para ver a qué temperatura estaba el agua, éste se recubrió de un fluido algo más caliente que su sangre. Ya sin miedo empezó a meter el resto de su cuerpo y a notar una sensación de placer nuevo que le subía a oleadas. Se sumergió completamente. Desnudo como estaba, bajo el agua, parecía sentir una caricia que se extendía por toda su piel, el calor le reanimaba cada miembro, cada músculo. Sabía que había cabinas en algunos spas que simulaban estar en el vientre materno, pero también sabía que eran pequeñas, no podrían compararse en absoluto con lo que él estaba sintiendo, al poco se deslizaba por el agua con toda libertad y la desorientación le provocaba un leve aturdimiento que aumentaba el relax. 

De pronto notó otra piel que le pasó rozando y en ese momento fue consciente de que no estaba solo, que las chicas desnudas compartían a oscuras la terma con él, no había pensado en eso, concentrado como estaba en sus propias sensaciones. Nadie hablaba, pensó que estarían igual que él deleitándose y entrando en calor, de nuevo sintió que le rozaban, esta vez parecía una pierna que al nadar había pasado al lado suyo. Algo después volvió a notar una presencia detrás, unas manos le tocaron la espalda, los brazos y siguieron deslizándose cercándolo y después acariciándole el pecho. Pensó que Amelie le había encontrado, se giró para buscar sus labios en la oscuridad, tocó su pelo mojado, sus hombros y la sujetó mientras su boca no tenía dificultad en aprisionar la de ella y sin ningún ruido morderla a gusto, con su mano derecha buscó sus senos para acariciarlos y besarlos cuando cortó el movimiento en seco. Los pechos de Amelie habían aumentado y no tenían la misma forma, en ese instante estuvo seguro de que no era ella, retiró la mano que aún recubría a uno de ellos un tanto azorado, pero la propietaria la encontró y la llevó de nuevo al mismo lugar mientras dirigía con la suya una caricia para sí misma con la mano de Orlando. No duró demasiado, ella pegó su cuerpo cuanto pudo al de él y le besó antes de alejarse nadando.

Aún estaba algo confuso cuando empezó a notar que alguien se acercaba de nuevo desde otra dirección, en una situación parecida a la de antes, una de las chicas llegó hasta él y le tocó comprobando que era Orlando. En un tono casi inaudible éste le dijo:

-¿Amelie?

Escuchó una ligera risa mitigada, prácticamente ahogada, y la boca de ella fue a su pecho y lo recorrió con los labios, bajando hasta el agua, entre el borboteo de su respiración al soltar el aire escuchó la respuesta que pretendía, igualmente susurrada.

-No

Notó la boca de ella bajo el agua como seguía recorriendo centímetros de su piel hacia abajo y se descubrió paladeando aquella situación extraña. Sabía que Ulises no había llegado ni siquiera a ver a las sirenas, pero la situación le recordó a él por algún motivo, se veía a sí mismo como un Ulises sumergido en medio del mediterráneo cercado por aquellas criaturas que le deseaban. Las sirenas de Ulises tenían hambre y las sirenas de Orlando también. Mucha hambre. Su obligación debería ser satisfacerlas y esa idea le gustaba. Doce, como los trabajos de Hércules, doce sirenas, doce diosas para él.


9/23/2022

                                         




                                                    Orlando (fragmento)

7.-Háblame en élfico.

Cuando Hesperia entró a media tarde, encontró a Orlando en la misma postura del día anterior, estaba sentado en la cama, con la espalda apoyada en el cabecero, miraba por los ventanales cómo el sol iba bajando poco a poco y la claridad iba disminuyendo. Ella dejó la bandeja con el té y los pastelillos en la mesa. Orlando la miró con una sonrisa.

-Ven aquí. Dejemos que se enfríe un poco.

Obedeció y llegó hasta la cama, se descalzó y se sentó encima de él, a horcajadas, Orlando la atrajo más hacia sí mientras se sentaba y empezó a besarla.

-Has tardado demasiado.

-Me encanta esa percepción del tiempo. 

La mujer deslizó los dedos por entre el cabello ensortijado y oscuro, después de darle un largo beso, le sujetó del pelo para impedirle besarla de nuevo aunque sus bocas se mantenían apenas separadas.

-Nada de lo que hagas, va a librarte de leer la ira del Pelida Aquiles, el de los pies ligeros. 

-No pienso resistirme.

Hesperia le fue desabrochando los botones de la camisa, despacio y la abrió, le acarició el pecho con las yemas de los dedos, dulce y lentamente.

-Tienes una piel deliciosa, tan suave. Me encanta que apenas tengas vello.

-Pues eso me tenía bastante acomplejado hace años.

-La adolescencia es dolorosa pero necesaria ¿verdad?

cogió su brazo derecho y le miró con gran interés el tatuaje en la cara interna. Luego lo recorrió también con la yema del dedo una y otra vez.

-Me haces cosquillas.

-No sabes cómo he deseado besar estos tatuajes. –acompañó el gesto a la frase y comenzó a lamerlo –Nueve, ¿sabes cómo se pronuncia en élfico?

-Sí, lo busqué. Néter.

-Suena bien. ¿Por qué no me hablas en élfico? Me gustaría escucharte ¿No recuerdas algunas frases del guión?

-¡Uff! Hace tiempo de eso…, pero déjame recordar…

Hesperia se alzó un poco y tiró de él hacia abajo para que se quedara tumbado sobre las almohadas. Volvió a lamerle el número élfico pasando la punta de la lengua, apenas rozando por las líneas que lo formaban.

-Me acuerdo de algo, en “La dos Torres”, se lo decía a Aragorn, espero pronunciarlo correctamente… hace mucho tiempo. No seas demasiado exigente ¿de acuerdo?

         “Le ab–dollen.” y él me respondía “Hannon le”, ah he recordado otra, escucha “Aragorn, nedin dagor hen ú-´erir ortheri. Natha daged dhaer”

-Me trae muy buenos recuerdos, un poco más por favor. 

Hesperia volvió a su pecho, siguió besándole y acariciándole con los labios mientras lo notaba coger aire para darle más énfasis a las frases.

-¡Ah! Esto te va a sonar, seguro que lo recuerdas. Como fue al principio, lo grabaron tantas veces que todos nos lo sabíamos… “I amar prestar aen”   “Han mathon nen nen”     “Han mathon ne chae”   “A han noston ned’wilith”

- “El mundo ha cambiado… , lo siento en el agua…, lo siento en el aire… " Es tan bonito…, es difícil que hubiera podido encontrarse un comienzo mejor que ése.

-“Lasto beth nîn, tolo dan na ngalad” ¿A qué no sabes qué significaba ésta?

-Sigue hablando y déjame seguir con lo que tengo entre manos.

-Está bien –un amago de risa acabó en un jadeo-. Se lo decía Arwen a Frodo… cuando le había herido el espectro… Decía: “Oye mi voz, vuelve a la luz”

-No. No volveré a la luz.

Orlando ya no pudo volver a concentrarse en las frases, ella le estaba lamiendo el sol, notaba las cosquillas alrededor de su tatuaje tan intensas que casi no podía resistirlas, y justo en ese extremo, notaba cómo se volvían ráfagas eléctricas que su miembro acusaba, ella le estaba encendiendo más deprisa de lo que quería. Hesperia empezó a pasarle la lengua por la línea de carne al borde el pantalón del pijama, de su pecho comenzó a brotar un murmullo de placer que acabó convirtiéndose en un rugido gutural muy fuerte. Hesperia alzó la cabeza y le miró con ojos divertidos.

-Has rugido.-le dijo riendo- Creo que he descubierto una de tus principales zonas erógenas. 

9/18/2022



                                                                Lunkel y el prototipo (Orlando fragmento)

        Fue hacia un armario y sacó una cajita, la abrió. Envuelto en papel de seda azul, había algo que no consiguió adivinar, era algo pequeño hecho de tejido claro, semitransparente, fino y ligero, parecía haber bastantes iguales, Lu cogió uno y se lo enseñó.      
         -Es uno de mis últimos prototipos, está basado en ecuaciones no lineales, ¿sabes? la Teoría del Caos. Un paso más allá de los fractales. Habrás visto Parque Jurásico ¿no? El doctor Malcom lo explicaba muy bien cuando llegan a la isla.          
        Orlando hizo el mismo gesto que Laura Dern en la película, pasó la palma de su mano sobre la cabeza mientras silbaba un “Fiuuuu”         
        -Sí, recuerdo la película pero no tengo la menor idea de qué son las ecuaciones no lineales ni los fractales.     
        -Ok, a ver. Los fractales son representaciones de ecuaciones no lineales, claro que si toman las incógnitas de una progresión ordenada de números pueden tener una apariencia previsible. En este caso las incógnitas son exactamente incógnitas así que los resultados son totalmente aleatorios, basados en la imprevisibilidad en sistemas complejos. ¡Es puro azar, con mayúsculas! He puesto una batería de nanotecnología de última generación, recargable con la temperatura corporal, por calor, ni siquiera necesita luz, emite corrientes en un voltaje bajo, los resultados a las distintas ecuaciones determinan la duración, intensidad, longitud y recorrido de las corrientes. Y a veces pueden duplicarse en otra zona o comenzar una corriente antes de que termine la anterior. No más de dos porque sería demasiado. Toman las bases de las variaciones mínimas en nanogrados de la temperatura, sentido del movimiento, grado de humedad, velocidad de fricción, cosas así, con sensores indetectables. En cinco millones de corrientes, no creo que se aprecien dos iguales. –los ojos emitían chispas al hablar de su invento- Es una maravilla, y no puedes encontrar ni con los dedos donde está la batería, los ingenieros lograron una textura del tejido asombrosa, polímeros empleados en trajes de astronautas, pero es aún más suave que la seda, y por supuesto, totalmente impermeable, claro. Tiene la elasticidad y compresión exactas, vuelve a su estado una vez que se deja de ejercer presión, reparte la tensión por igual en todas las fibras, no se deformará ni aunque lo utilices mil veces, claro que habrá que lavarlo después de cada uso, lo cual es poco asquerosillo, pero bueno, el tejido se limpia muy fácil con jabon neutro. No lleva latex, es totalmente hipoalergénico. Y se adapta con tanta precisión que no se mueve un milímetro, ni se enrolla, un defecto de los otros que no han conseguido solucionar, bueno, la verdad es que el campo me permitía innovar muchísimo, y los medios con los que cuento, es cierto, son inalcanzables para estas empresas, pero ¿quién sabe? Puede que en algunos años estén a la venta, donaré la patente por supuesto... ¿No te parece asombroso?          

        -Ahhhh … -los ojos de Orlando estaban abiertos de par en par, lo que le parecía asombroso era que hubiera acabado aquel diluvio de datos científicos y que Lunkel se mantuviera callada unos segundos.
        -Sí… ciertamente… ¿y qué es? 
        -¿Qué es? ¡Pues un preservativo! 

         Por un tiempo que a él le pareció bastante largo y que le hacía sentir como un ignorante paleto, estuvo procesando lo que recordaba de la descripción e intentando asimilarla. De pronto sus ojos se abrieron. 
        -¿Corrientes eléctricas? ¿Un preservativo que da descargas eléctricas? 
         -Bueno, descargas no, algo más suave, como un cosquilleo. -Lunkel rió- No hay posibilidad de electrocución. 
        -Porque la temperatura, la humedad y la fricción aumentarán y las ecuaciones esas igual se disparan y… ¿estás segura que la batería no podría explotar? 
         -Habrá que probarlo para asegurarse. -Lunkel siguió riendo divertida. Se alejó hacia un mueble y accionó un equipo de música que inundó su habitación de la alegría y el ritmo de One Love.
        -Nunca hago el amor sin Bob Marley.

7/06/2012

La Espera





            Estoy envuelta por ella, me rodea, llena toda esta gruta, traspasa los objetos y hasta a mí misma, me penetra, mi carne se ha agrietado para que pase la espera. Ha modificado mi cerebro para que no piense, ella no quiere que piense, mi mente ya no se ocupa de buscar salidas, de pensar estrategias, las ideas se han apagado en mi cerebro. Mi organismo le ordena que mueva mi cuerpo para las funciones básicas que necesito para sobrevivir y nada más.

            Sobrevivir es una palabra mal elegida, sí, mal elegida, pero no se me ocurre otra, ni siquiera quiero pensar en elegir palabras, en cuáles son más acertadas o no, sólo dejo que pasen por ahí, por detrás de mis ojos, que se formen ellas solas, no quiero expresar nada, no quiero pensar en que estoy contando mi historia, no, sólo es un acto más de esperar el formar frases, sólo estoy esperando, no hago nada más…
La espera, la espera me envuelve, me ha concedido la calma por fin. No tengo por qué recordar nada, ahí se ha hecho el vacío hace tiempo, la memoria se ha secado como un charco al sol. El vacío de mi memoria y de mi mente se ha llevado el miedo, la desesperación, la agonía, y eso es lo único que quiero, que se hayan apartado de mí hasta el final. No quiero sentir miedo, no, no quiero sentir el miedo de cuando llegué aquí, el miedo que me paralizaba, que me convertía en una estatua de piedra, con las manos como garfios, aferradas a la pared y sólo el sudor moviéndose helado por la espalda, por los brazos, la vista agigantada, los ojos desmesuradamente abiertos, contemplando sin poder apartar la vista, sin poder cerrarlos, sin poder moverme.
Ese miedo desapareció hace tiempo, tampoco sé cuanto, aquí dentro no se distinguen los días, no hay luz, no hay noche. Este aislamiento ha acentuado a mi amiga, la ha convertido en reina, ella desbancó a todos los otros sentimientos que tuve o que pude haber sentido. Libraron una batalla, al principio ganaban el miedo y el dolor, después, por un breve período, la esperanza, entonces fue cuando mi mente trabajó por última vez, ideando planes estúpidos para poner fin de una manera u otra a este destino, y por fin llegó ella, mi aliada, librándome del peso insoportable de tener esperanzas, se compadeció, ha tenido misericordia conmigo, así que ahora ella y yo estamos solas aquí.
Bueno, no exactamente solas, existe él, pero ahora ya no le veo, no le miro, aunque esté siempre ahí, la gruta es grande pero no tanto que podamos perdernos de vista.

Esperar, esperar, no tengo prisa, no tengo miedo, espero con tranquilidad, espero, nada más. No quiero que llegue el final ni que no llegue en este segundo, se han unido mis deseos contrapuestos, quiero que el tiempo se detenga y avance a la vez, necesito todo pero no necesito nada. No importa, estoy en un limbo cálido, con el olor cálido del azufre, así parece un sueño todo lo hay aquí, incluso él parece irreal. Puedo pensar que él forma parte un sueño extraño, un sueño de mitad de la noche, de los que uno nunca recuerda, eso es, uno de esos sueños invisibles, que son como si nunca hubieran existido, en esta luz azul, todo lo que pasa es un sueño olvidado y perdido para siempre.

Espero, me he convertido en una piedra milenaria, no sé que sentirán las piedras, ellas que han estado observando desde el principio, ¿pensarán algo?, ¿Querrían haber participado en la vida? Creo que no, creo que están bien así, han alcanzado la plenitud, seguramente no sienten ni desean nada, exactamente igual que yo. Soy eso, una piedra a la que el tiempo acaricia lentamente, quizá no estoy esperando sino que el tiempo se ha detenido, se ha detenido de una manera distinta, es como una tregua, un tiempo fuera del tiempo, en este lugar fuera de todos los lugares, fuera de la vida real.
Es una idea bonita pero yo sé que no es cierto, no hay nada detenido, sólo que aún no ha llegado el momento. No sé como habrá sido las otras veces. Puede que sea algo muy rápido, que pasaría en segundos, apenas me daría cuenta de lo que estaba sucediendo, que el dolor sea intenso pero breve, no sé exactamente qué dolor. Puede que escuche como últimos ruidos mis huesos rompiéndose, o quizá llegue la nada y la oscuridad tras un instante.
No tengo miedo al final ni a él, ahora le doy la espalda, no escucho sus pasos, ni mi piel se queda tensa esperando el contacto que estoy esperando, para el que estoy aquí.
Durante otro período de tiempo él me provocaba una viva curiosidad. Me acercaba y me ponía delante de sus ojos, viendo mi reflejo, intentaba encontrar una explicación, pero sus ojos solo me devolvían mi imagen vidriosa como un espejo centenario. No parece pensar en nada, él también espera sin nunca haber dado un atisbo de respuesta a por qué o a cuánto más. Y su espera provoca la mía, realmente mi espera no existe, ahora yo solo vivo la vida de él, ya no existo, desde que entré aquí mi historia se terminó, desde entonces sólo soy una parte de su historia, me temo que una parte minúscula e insignificante.

Dentro de su espera, espero yo, dentro de su historia, mi pequeña historia, mi no-historia, no hay nada por lo que pueda decir que aún vivo, que soy una persona, nada me queda de mi condición de ser humano salvo esta amiga que me ha librado de mis horrores, y a la que me entrego como a un amante. Sólo temo una cosa, que se prolongue este estado de extraña placidez tanto que venga otro a sustituirlo, como antes ha pasado, ¿podré soportar otro? ¿Qué me invadirá ahora? ¿La locura? Puede que no haya nada más. Dentro de una enajenación total creo que no tendré miedo, no estaré esperando el dolor, quizá el dolor no llegue a mi cerebro. La locura debe cortar los mensajes que llegan al cerebro, pero ¿sabré que es dolor? ¿Sabré que es mi dolor, el de mi carne? ¿Será insoportable?
Quizá nunca llegue ese otro estado. Sólo quiero esperar y no sentir, debería haberse anulado ya también la capacidad de pensar, de formar estas frases que pasan por detrás de mis ojos, que aún son coherentes, eso me dice que aún queda un recuerdo de la persona que fui, muy leve, difuminado, pero queda algo. Es posible que una persona no pueda borrarse, no pueda diluirse en la nada solamente con su voluntad, y esto es lo que yo estoy intentando, no ser nada más que un trozo de carne esperando el momento de ser útil.
Me he vuelto a mirarle. ¿Cuánto más? ¿A qué estamos esperando? ¿Aún no tienes hambre?¿Cuánto te duran tus ofrendas? Yo necesito comer a cada rato, me acerco a las que caen del pozo y como. Come ya tú también, come de una maldita vez.
No. No debo pensar de esta manera, tengo que estar en calma, ya viene amiga de nuevo a hacerme compañía. Relaja mis músculos, cierra mis párpados y me hace dormir, mi respiración se vuelve de nuevo pausada, mis manos pierden la crispación y el sudor cesa. En el suelo de la gruta miro hacia la pared milenaria, nada ha cambiado, esperaremos más, esperaremos todo.


Abro los ojos y me doy la vuelta, él se ha acercado y me observa con esos ojos vidriosos, de sus fosas nasales suben hilachas de un azul, abre la boca enorme y me enseña los colmillos blancuzcos, se mueve con soltura, hay en él una belleza extraña y diferente, él sí es realmente salvaje y fuerte, ha sobrevivido a muchos más tiempos que los hombres, su existencia es mil veces más importante que la mía, que la nuestra incluso. El debe alimentarse y siento que va a alimentarse ahora. Ha acercado su hocico y me envuelve en el humo azul de su nariz, me observo y parezco una figura fantasmagórica, el humo azul me hace dar vueltas o sólo las da mi cabeza, los sentidos han dejado de percibir. ¿Así es como va a ser? ¿De veras la espera ha terminado? El sigue mirándome, mi cuerpo está cayendo lentamente al suelo, primero de rodillas, luego de costado. Alzo la mano para tocarle, de pronto he tenido la urgencia de tocar al ser que voy a hacer vivir un año más, la piel del dragón está fría y húmeda pero no es desagradable, me trae un recuerdo del frescor de los campos, de los ríos, sus dientes son hermosos, largos... blancos... fríos. El espera un poco más, mis párpados han caído también, todo cae ya aquí dentro... todo se va cerrando y se queda a oscuras.
Es cierto que oigo crujir mis huesos... pero está sucediendo... muy lejos.


7/05/2012

Locura Transitoria




            Mi abogado me ha aconsejado que alegue “Locura Transitoria”. Si tengo una buena actuación durante el juicio es posible que ni siquiera llegue a pisar la cárcel, estilo americano: lágrimas, cara de desesperación, aparecer enajenado, suplicar el perdón. Si lo hago bien, es posible que me internen en un centro de mejora del coco, él dice que ha funcionado en casos parecidos al mío y que… bien pensado, me dice, es como unas vacaciones largas en un balneario. Puede ser cierto, calma, serenidad, al fin y al cabo es lo que he perseguido siempre… el silencio.
            Después de ese tiempo largo, volver a la vida normal, como antes, es posible que pueda olvidarlo por completo, el tiempo desfigura los hechos, quizás también para los demás fuera un recuerdo difuminado y lejano. Yo podría seguir con mi vida como si hubiera sido un mal sueño, un espejismo, una película de terror.

            La idea es excelente pero no es factible en ningún modo. Ahora mis facciones denotan bienestar, paz interior, mis miembros están relajados, hasta mi caminar y mi habla se han vuelto pausados y dulces. Todo me parece hermoso de nuevo, he vuelto a mirar a los niños con ternura.
            El juez no me escucharía ni cinco minutos, imposible fingir ese estado de perturbación, de pena… la versión de mi abogado no aguantaría, ¿mostrarme arrepentido, deshecho? No tengo la más mínima oportunidad, cuando el juez me pregunte, que lo hará, acerca de mis sentimientos hacia los hechos, sé que mi cara no podrá contenerse y romperé a reír hasta que me duelan los costados, y cuando mi cuerpo deje de doblarse por los espasmos de la risa y sea capaz de pronunciar algunas palabras, creo que lo único que alcanzaría a decir entre las carcajadas sería algo así:
            -Con la venia, Señoría, ¿Qué siento acerca de lo que pasó? ¿Cuál es mi percepción de lo sucedido? Pues… francamente… perdone que no pueda parar de reír… nunca me había sentido tan bien, mi vida cobró sentido el día que asesiné a esa familia del piso de al lado que hacía tanto ruido. 

7/03/2012

Habana Club de 7







Como decía Billy Kwan en El Año que Vivimos Peligrosamente: "El hambre es un poderoso afrodisíaco"






  -¿Me llevarás contigo papi? Por favor, me portaré muy bien contigo, todos los días. Te daré cariñito del rico papi, anda di que sí.

     -¿Qué…?
     El hombre se removió en la cama, la sábana acabó por deslizarse hasta el suelo después de haber estado en equilibrio durante un buen rato. El hombre la miró con los ojos enrojecidos, cabeceó.
     -¿Esta es tu casa?
     -Sí.
     -¿Aquí vinimos ayer? ¿Dónde está Carlos? El… el amigo que venía conmigo. La cabeza me va a explotar, ¿Tienes una aspirina?
     -No, pero te voy a la farmacia de los dólares, yo me voy a portar muy bien contigo, dame algo y vuelvo corriendo.
     -Déjalo ¿Hay un baño aquí?

     La chica señaló con el dedo una puerta y el hombre se fue hacia allá. Un poco oscilando al andar y tapándose a medias los ojos con una mano. La chica lo oyó vomitar un buen rato. Después sonó el agua del lavabo, una y otra vez, se estaba echando agua a conciencia. La chica esperó todo el tiempo sentada en la cama. La habitación estaba pintada de azul, desvaído después de muchos años sin dar una nueva mano de pintura, y con grandes manchas grotescas de humedad. La cara de ella tenía una expresión expectante aunque no demasiado. El salió por fin y la miró, ella se acercó.

     -Dime papito, ¿Te voy a la farmacia de los dólares?¿Te duele la cabeza de los mojitos? Tú no estás acostumbrado a tomar, ¿A que no?
     -No, no mucho. Déjalo, no vayas. Me voy ahora mismo al hotel. Carlos… espero que Carlos haya sido discreto, me he perdido el comienzo de la convención. Tengo que irme.
     -Nos vemos esta noche, mamita no te va a dejar beber tanto, para que papito no se ponga enfermo por la mañana.
     -No. Hoy… va a ser imposible. Tenemos cena en la convención.
     -Después de la cena, voy a buscarte al hotel.
     -No, no puedo irme, tenemos que estar allí, hay una fiesta, todo muy aburrido pero no puedo irme.
     -Bueno papito, te esperaré, cuando acabe la fiesta, te llevaré a pasear, a sentir el fresco de la playa.
     -De verdad, no, no puede ser. Yo te llamaré, déjame un teléfono.

     El hombre miraba a la chica. Era una mulata bastante guapa, un poco bajita.
     -¿Qué edad tienes?
     -Dieciocho.
     Empezó a vestirse, y de pronto comenzó a buscar desesperadamente en la cama, en la mesilla, debajo de la cama.
     -¿Qué se te ha perdido papito?
     -¿Dónde está el maldito condón?
  -¿Condón? Anoche no querías ponértelo, te lo pregunté pero tu no querías.
     -¿Qué?¡No!¡Eso no es posible! No puede ser. ¡Mierda! –se giró hacia la pared y le pegó un puñetazo –No es posible ¡Maldita sea!¡Maldita sea!
     Siguió vistiéndose a toda prisa.
     -Papito, no tengas miedo, yo soy una chica limpia, sólo he ido contigo. Tú sólo debes andar conmigo, yo no te voy a engañar. Anda, vamos a quedar esta noche, después de la fiesta. Venga, yo te voy a dar cariño rico, tú no te enfades conmigo, yo sólo quiero que tú te lo pases bien.
     El seguía tambaleándose un poco y el rostro no había recuperado en absoluto el color rosado.
     -Te busco esta noche. Mira, yo te estaré esperando fuera del hotel, y cuando acabe la fiesta te vienes conmigo, yo estaré allí, no te importe si es tarde, yo te estaré esperando.
     -No, ya te he dicho que no puede ser, no voy a poder irme.
     -Bueno, no importa, te esperaré. Si no sales, te esperaré mañana.
     Cerró los ojos para contener otra arcada que ya le subía por el estómago. Cinco segundos más tarde, cuando se había aplacado, se puso en marcha, comprobó la cartera en el bolsillo, la corbata derecha, se peinó con la mano  salió rápido.
     -Adiós.



     Llegó al hotel y miró dentro de la cartera, no se le había ocurrido antes. Carlos lo divisó cuando salía de los lavabos.
     -¡Grandísimo golfo! Qué noche has tenido que pasar para tener esa cara.
     -¿Qué les has dicho?
     -¿Qué les iba a decir? Que la cena te había sentado como un tiro y que habías estado toda la noche vomitando. Y realmente parece que sea eso lo que te ha pasado.
     -Me siento bastante mal. Voy a ducharme y a acostarme un par de horas. Luego bajaré. Carlos, yo… no sé… estaba borracho… yo nunca…
     -Pero bueno ¿Es que te estás justificando? ¿A qué crees que hemos venido aquí? A los jefazos les gustan las mulatitas, esta vez nos han dejado a los vendedores probar un poco. Todo el mundo va a hacer los mismo, la única diferencia es que tú, cabrón, te has adelantado. Y eso que parece que nunca has roto un plato. Venga, descansa, nos vemos luego.
     -Pero es que es una cría. No puedo dejar de pensar en eso, sólo es una niña, me ha dicho que tiene dieciocho.
     -¿Dieciocho? Pablito, esa cría no ha cumplido los quince. Era un bombonazo. Parece mentira, asco me das de la suerte que tienes.
     Pablo se quedó mudo, las arcadas subían de nuevo.
     Entró despacio en el ascensor, no había nadie más esperando para subir. Se miró en el espejo y desvió la mirada, abrió de nuevo la cartera.
     -Ni siquiera me ha quitado dinero.
    


6/29/2012

Hermes




Creo que tengo una obsesión infantil con los caballos y las islas.





            Mi padre nos había desterrado a una isla de sus posesiones, perdida, alejada en muchas leguas de mi casa, conseguía así separarme de su memoria, no recordar nunca más a una hija díscola que lo había avergonzado. Eso me dijo el día que embarcamos.

            Aquí la soledad no parece onerosa. Es una soledad suave, como la arena y el océano, soledad de silencios. Antes de conocer a Hermes, esta vida me habría parecido abominable, una tortura apenas imaginada en una mente enferma porque yo amaba las reuniones, las deslumbrantes fiestas de la Corte, hablar y bailar sin descanso, amaba estar rodeada de gente. En verdad adoraba todo eso pero no conocía esta otra vida. Creo que si hubiera seguido allí tarde o temprano habría huido, hastiada, habría buscado refugio…
            Mi refugio se llama Hermes. Hermes y yo estamos siempre juntos, día a día, y no deseo a la gente a mi alrededor, en realidad ahora, no podría soportar el contacto humano de mi anterior vida. Sólo necesito sentir que se deslizan los días suavemente, como gotas que resbalan por mi piel, una tras otra. Así son los días al lado de mi amor. ¡Cómo deseaba gritarlo en mi casa antes de que se descubriera todo! Es mi amor, mi felicidad.

            Mi padre no intentó nada contra él. Lo hubiera matado con gusto pero tuvo miedo de que me suicidara, un escándalo que no podía permitirse. Recuerdo su cara desencajada, llena  de incomprensión y asco, y sé que él recuerda la mía, la de una mujer segura, fuerte, completamente entregada a este amor. Nos alejó para siempre, quizá alguna de sus fibras se conmovió por nuestra pasión.

            No deseo pensar en mi familia, aquí no existimos más que él y yo. Puedo imaginar en esta isla que somos los únicos habitantes del mundo, esa fantasía la tengo a menudo, un segundo paraíso terrenal, comenzaríamos Hermes y yo una nueva historia, aunque, me temo, y rompo a reír mientras se lo cuento, que sería muy diferente de la anterior.
           
            Hermes me comprende a su manera. También él depende de mí, no soporta estar alejado, me busca, quiere estar siempre a mi lado, oír mi voz. Lo que más le gusta es cuando nos tendemos juntos en la arena al atardecer y le cuento historias. Cuando son divertidas, su piel vibra como si riera. Luego me pasea por la playa hasta que no se ve nada y regresamos a la casa.
            Alguna vez me despierto durante la noche, asustada, creyendo que he vuelto a mi casa, y oigo las idas de las criadas por el cuarto, preparando la ropa. Me sobresalto, pero no, las suaves crines de Hermes están a mi lado, me aferro al cuello negro y lo beso mil veces. Mañana me llevará en su lomo otra vez a la playa, nos bañaremos. Nada ocurre. Nada. Es de nuevo el paraíso.