El Método Boollmon (fragmento)
Desperté después de una noche muy intranquila, me había despertado varias veces y esperaba escuchar en el silencio pasos o ruido, esperaba en tensión hasta que el sueño me vencía de nuevo. Solo recordaba fragmentos pero los sueños habían sido muy extraños. Así que tardé un poco en despejarme, en estar segura de donde estaba. Me levanté por fin y me metí en la ducha. Esperaba que Boollmon entraría en cualquier momento, pero curiosamente no pasó. Me vestí y salí hacía las estancias principales, Boollmon estaba hablando con su móvil. Fui a volverme pero me hizo señas con la mano para que me sentara, había un canal de noticias en el televisor, me senté cerca y estuve escuchando qué había ocurrido en el mundo. Uno se sentía mal si no escuchaba las noticias, era como dar la espalda a los conflictos, a la gente que sufría..., pero escuchar las noticias te hacía revolver el estómago. Y mi estómago no las necesitaba para estar revuelto.
Oswald llegó y se sentó en el sofá a mi lado.
- Nos vamos en diez minutos. El tiempo que tarde en camuflarme.
Tengo que decir que el disfraz fue muy logrado, una boina le cubría casi toda la cabeza, unas gafas negras muy grandes le cubrían bastante de su cara y se había pegado una barba pequeña y extraña que le deformaba el óvalo. Ropa amplia y oscura. A mí me hubiera costado trabajo reconocerle. Bajamos al aparcamiento y me pidió las llaves, quería conducir mi coche. Supongo que había estado informándose porque no titubeó mucho. Llegó al centro, y buscó una dirección.
- Tenemos una cita aquí.
Reconocí la tienda, aunque nunca había entrado, era demasiado cara. Intenté no parecer apabullada, y comportarme con naturalidad, no tenía ni idea de qué había pensado. Nos atendió una joven vestida y maquillada perfectamente. Oswald le dijo que era el estilista con el que había hablado y que yo era su cliente, le habló del estilo que le gustaba y los dos estuvieron un rato comentando del tema. Aunque alguna vez se dirigían a mí, era evidente que yo estaba fuera de sus negociaciones. Yo no pensaba en eso, lo cierto es que estaba admirada de la actuación, la chica, en ningún momento, tuvo un atisbo de que la situación no era verdadera. Creo que Oswald le había dicho que yo había heredado mucho dinero o algo así, y que había contratado sus servicios. Por primera vez tenía que esforzarme por no sonreír.
Por fin se dirigieron a mí, tuve que asumir mi papel. Me hizo probarme infinidad de prendas, y combinarlas, probarme distintos complementos, docenas de zapatos. Oswald empezó a seleccionar cosas, cuando me desvestía y me quedaba en ropa interior, me miraba a los ojos. Ya sabía que significaba aquella mirada: -Recuerda por qué estás aquí. Mírame para que pueda saber cómo te sientes.
Seguimos bastante rato más. Por lo menos, pensé, la ropa que le gustaba era cómoda, y no completamente diferente de lo que yo solía usar, quizá un poco más hippie, más juvenil. Alguna cosa extravagante, y mucho adorno. Seleccionó también algunos vestidos para fiestas y actos de tarde, bolsos, ropa interior. Era incapaz de calcular cuanto costaba todo aquello. Finalmente le extendió un cheque y le dio la dirección del hotel para que lo enviaran. La dependienta, extraordinariamente feliz, me dio un afectuoso abrazo, y me deseó la mejor de las suertes. Creo que le dije que era encantadora y que me había ayudado mucho.
Pensé que volvíamos al hotel pero fuimos a comer, Boollmon me tenía otra sorpresa reservada para la tarde.
- Aquí no me dejaran acompañarte, quedaría un poco raro. Lo he pagado por internet, tienes la cita a nombre de la Sra. Illne, pensé que te gustaría el detalle.
- ¿Qué es lo que van a hacerme?
- Un paquete “Aniversario de Bodas”. ¿Sabes como son las depilaciones brasileñas? –La sonrisa que no se borraba de sus labios no me auguraba nada bueno.
- No. No lo he hecho nunca.
- Ellas te lo mostraran.
- Oswald ¿No habrá pensado tatuarme o algo así?
Comenzó a reír. –No, te juro que nada de lo que te hagan durará mucho. Lo único que verán los demás es que tienes un corte de pelo nuevo.
- No quiero cortarme el pelo
- ¿No quiero? ¿De verdad? Siento decirte que yo sí quiero. Tienes que empezar a moverte, porque la hora de tu cita es ya. Y apaga un poco las llamas de los ojos para parecer una clienta normal. Dezh, me gusta esa expresión: “No quiero”, me estimula. Espero oírla a menudo.
Al igual que la tienda de ropa, el centro estético era para un círculo reducido de mujeres. Me recibieron en una salita blanca y lujosa. La chica que comprobaba mi cita empezó a sonreír y me recordó con terror a la sonrisa de Boollmon.
-¿A qué no se imaginaba el regalo de aniversario? ¡Qué pícaro es su marido! Se informó de todo lo que hacíamos. Es una suerte tener un marido tan animado.
- No lo sabe usted bien.
- Marla la acompañará durante el circuito. -Leyó desde el ordenador- Primero le haremos la depilación, después, tratamientos faciales, envoltura de chocolate corporal, termas, masaje relajante con aromaterapia... Se lo va a pasar muy bien y tendrá un relax completo. Disfrútelo
La cita duró también varias horas aunque fueron, salvo la depilación, francamente agradables.
Volví al hotel en un taxi. Subí a la suite. Boollmon vino hacia mí con la misma sonrisa entre morbosa y burlona con la que me había despedido.
-¿Qué? ¿Ha sido muy doloroso?
Tardé en contestarle.
- Un poco
- Las llamas se han apagado. Deben haber sido buenas durante el relax. Veamos si han cumplido bien mi encargo.
Me moví hacia atrás para que no me tocara.
-¿Qué? ¿Qué es esto? ¿Un conato de rebeldía? No puede ser. ¿Quieres revisar nuestro pacto? ¿Dezh? -Mi mirada ardía hacía sus ojos- No, claro que no. Han vuelto las llamaradas, ven, acércate, quiero verlo.
Expulsaba el aire por la nariz y apretaba los dientes, no podía evitarlo.
-¿Dezh? Acércate.
Seguía mirándole con la misma furia pero mi cuerpo se movió hacia delante.
-Acércate más, un poco más, voy a bajarte la cremallera.
Estaba atrapada, llena de ira, estaba tan enfadada conmigo misma que me sentía febril, allí estaba, con ese tipo que jugaba conmigo. Completamente en sus manos, podía hacerme lo que quisiera, yo no iba a irme del estudio, no iba a abandonar mi trabajo. Yo lo tenía claro y Oswald Boollmon también. Salvo resoplar, apretar los dientes e inflamar el aire entre él y yo, no podía hacer nada. Me di la vuelta para que me bajara la cremallera, Boollmon me giró, me dejó frente a él de nuevo, pegada a él. Pasó sus brazos a mi alrededor y empezó a buscar la cremallera, me olía. Sentí que me dolía la garganta. Me quitó el vestido y todo lo demás y me llevó a la cama. Se tumbó para mirar si su petición se había hecho correctamente. Mi pubis se había quedado sólo con un poco de vello, con una silueta que él había elegido. Aparte del dibujo en el monte de venus, puedo asegurar que no quedaba ni uno más.
-Ha quedado perfecto. La piel está todavía algo enrojecida. Me recomendaron una crema que te aliviaría por si la irritación duraba un poco.
-Démela.
-No. Voy a ponértela yo.
