8/07/2026

 





                                        Una Persona Artificial

(Nuevo proyecto basado en un principio que abandoné hace años. No tengo nada claro hacia donde va, ni qué quiero contar. De pronto me ha salido la vena ecofeminista y estoy contando una utopía y no mis habituales distopías.

Cualquier comentario con sugerencias será bien recibido) 



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-Aprecie la textura.

Pasé las yemas de los dedos por la superficie. No tenía la frescura de la piel auténtica, no respiraba. Pero estaba caliente y era fina, suave, sin vello. Nadie podría confundirse con una piel real, sin embargo nadie podría decir que no resultaba agradable tocarla. El resto de la persona artificial, el color de su piel, el color y la apariencia de su cabello, sus ojos, sus músculos eran perfectos.

-¿Podría distinguirlo de un ser humano?

-Desde luego, sin tocarlo, no lo creo. 

Realmente, salvo si se tocaba aquella piel, aquel plástico caliente, fantástico, extraordinario… pero plástico caliente, no habría podido decir que no era humano, nadie lo haría. Realmente habían logrado una calidad increíble.

-Además le será adicto. Sus circuitos apreciarán sus cualidades según las vaya descubriendo, le gustará su cuerpo, sus gestos, su tono de voz, su forma de expresarse, le gustará su piel. Minimizará sus errores o sus estados de mal humor… se encontrará realmente a gusto en su compañía… no será fingido… como… puede haberle pasado otras veces… pero quizás usted prefiera un modelo mujer.

-No. Este modelo está bien, es adecuado.

-Perfecto entonces señora gobernadora.

-Voy a serle franca, mi cargo no me permite tener familia ni altercados con amantes, no me es fácil siquiera mantener una mínima relación. Su producto me parece apropiado. Pero voy a advertirle algo, si surge un problema porque me hayan mentido o me han ocultado algo, les demandaré y buscaré la forma de destruir la empresa y no tardaré más de unas pocas semanas. 

-Usted conoce los protocolos en los programas de conducta, los han diseñado desde la política y la ciencia, para que no haya ninguna fisura, se consultó con biólogas, con filósofas. Se han probado millones de veces en simulacros con inteligencia artificial. Y no la hay. No hay ninguna fisura. Hemos vendido ya un gran número de modelos y nunca ha habido ningún incidente, ni reclamación ni devolución.


El vendedor tenía razón, había leído los informes de ventas y siempre había resultado un producto seguro, más que eso, los compradores, la mayoría eran mujeres, mostraban un enardecido entusiasmo en cada comentario. Claro que pocos hombres tenían un nivel de ingresos tan alto que pudieran permitirse un producto así. Tenían modelos de androides mujer pero pocas compras serían para ellos. Nunca revelaban su identidad en los comentarios por supuesto, pero las ip sí eran reales, había pedido que lo investigaran, era un procedimiento normal y esta vez mucho más necesario. 

A pesar de todo al estar allí sentía una especie de humillación, de malestar porque el vendedor sabía quien era, conocía su cargo. Que supiera que aceptaba conformarse con aquel producto, por los motivos que fuera, la hacía sentir mal.

A él desde luego no le interesaban sus motivos, seguramente cobraba una buena comisión de venta, era muy profesional y procuraba en todo momento que se sintiera cómoda, sin dejar de presionar sobre las ventajas del producto. 

Se trataba desde luego de una evolución de vibradores o satisfayers, best sellers de unas décadas atrás. No había nada malo ni bochornoso en usarlos… se habían normalizado a gran velocidad… pero el salto cualitativo a este producto era abismal. Además también era una evolución de roombas y thermomixes, la máquina era todo eso, podía programarse para cocinar, hacer trabajos domésticos, incluso algunos arreglos sencillos en las casas.

-Como le decía, le será adicto, le gustará todo de usted, pensará que no ha visto nada tan hermoso, y querrá aprender cuanto antes sus costumbres para adelantarse a lo que desee, para percibir que él la hace feliz.

-Pero, ¿cómo… cómo pueden conseguir eso?

-Es muy sencillo. Sólo es programación.

-Pero el androide necesitará un tiempo para conocerme. ¿Cómo ha sido en otras compras?¿Tardará mucho?

De pronto él se giró a mirarme.

-Prefiero la expresión “persona artificial -el sobresalto me dejó sin palabras unos segundos.

-¿No estaba apagado? ¿Ha estado escuchando toda nuestra conversación?

La persona artificial se adelantó de nuevo.

-¿Puedo explicarlo yo? -el vendedor bajó la cabeza en signo de aprobación.- Por nuestra actividad, para casos de ayuda de emergencia, o requerir de nuestros servicios, la opción de apagado no existe. Permanecemos en un estado que ustedes podrían comparar con una especie de sopor, para podernos activar con una orden, una petición de auxilio o si detectamos una situación de peligro.

Mantenemos una especie de alerta en estado de semi inconsciencia. A su pregunta le contestaré que sí, he escuchado toda su conversación, porque me interesaba mucho y es parte de mi programa aprender todo lo que pueda de usted.


Supongo que entre las técnicas de venta, el hacer que hablara, que se expresara con esa claridad que lo hacía aún más indistinguible de un humano, era como el golpe de gracia. Después de algo así, muy pocas compradoras se resistirían.

-Siento haberle llamado androide. Disculpe. -el vendedor me miró.

-No se disculpe. Es algo frecuente señora gobernadora.

-¿Qué sabe de mí?

-Sé que es la gobernadora del estado, sé cuando la nombraron, su edad, su origen, sus estudios, su trayectoria en la política, las personas que admira. He leído sus discursos… seguramente debe haber aspectos importantes que desconozco y espero que me los vaya mostrando.

Su interacción con los humanos era la lógica, debía comportarse así pero yo apenas podía evitar que notaran el desconcierto y el estupor que sentía ante aquella máquina, que hablaba y se expresaba de ese modo. Hasta la elección de la palabra sopor, aparte de demostrar una alta capacidad para el lenguaje y un gran vocabulario, era posible que supiera mi gusto por un lenguaje rico, quizá a través de mis discursos. Había elegido un vocablo que definía su estado con precisión y a la vez que expresaba una situación agradable, el sopor que podía producir una comida copiosa, no terminar de despertar por la mañana un día de fiesta o el que se sentía tras haber hecho el amor durante mucho tiempo.

El vendedor me miraba con enorme satisfacción, su experiencia le decía que había conseguido convencerme.



Me lo llevé a casa. No sé si era programación o no, mostró sorpresa al ver que era tan grande y dijo que le gustaba mucho el jardín. Miré por la cristalera hacia fuera y observé también mi jardín, hacía años que apenas reparaba en la casa, no tenía tiempo para eso. La piscina estaba un poco mas lejos. Le pregunté si podía bañarse en ella, me contestó que sí, si es que yo quería que lo hiciera. Lo había comprado y me lo había llevado a casa, como un bolso nuevo, como una pizza… para satisfacer un deseo, para darme placer… y porque podía hacerlo.

Pero al mirarlo me costaba normalizar que él no tenía nada que opinar, que era un objeto… no sé los otros compradores, pero yo no veía un objeto… tampoco una persona… sentía un dilema moral difícil de entender. Un dilema que olvidé la primera vez que tuvimos sexo y descubrí que su lengua, adentrándose en mi cuerpo, su lengua de plástico caliente, era mucho más excitante y placentera que cualquier idea que me había hecho.

Mi cerebro no conseguía asimilarlo como algo ético, desde luego no lo era, pero mientras tanto se iba haciendo más cotidiano y cada vez más adictivo. Y las dudas y los dilemas éticos se fueron diluyendo porque el tiempo para pensar en dilemas éticos era realmente escaso. Hasta eso pareció entenderlo porque cuando llegaba a casa, procuraba que me relajara, sabía por la conexión del móvil cuando me estaba acercando y preparaba zumos, después la cena, me preguntaba al llegar si me apetecía un masaje o sus circuitos buscaban chistes por la red para hacerme reír.

Le puse un nombre. Era algo lógico, necesitaba llamarle o dirigirme a él de alguna forma, pero eso hizo que nuestras interacciones parecieran o me parecieran más humanas. No quería llamarle con un nombre común, un nombre de personas que había conocido o que podría conocer… fue difícil y tardé mucho. Debía ser un nombre lo bastante antiguo para que lo conocieran pocas personas o inventado para que nadie lo hubiera llevado nunca. Le llamé Enki, le pregunté si le gustaba. Sus circuitos buscaron en décimas de segundo toda información disponible y me recitó:

-¨Enki, el dios del agua y la sabiduría, era el protector de la civilización sumeria. Se le atribuía el desarrollo de las artes, las ciencias y la cultura, siendo venerado como una figura fundamental en el progreso social y tecnológico. Su imagen se asociaba frecuentemente con el agua, la fertilidad y la sabiduría. Su culto se centraba en Eridu, considerada la ciudad más antigua de Sumer. Se le asociaba con la banda meridional de constelaciones llamadas estrellas de Ea, pero también con la constelación AŠ-IKU, (Pegaso). A partir del segundo milenio a.C., a veces se le designa por escrito con el ideograma numérico de «40», a veces denominado su «número sagrado». El planeta Mercurio, asociado a Nabu babilónico (el hijo de Marduk), se identificaba en la época sumeria con Enki.¨ -me miró a los ojos con los suyos cristalinos y brillantes- ¿Quieres que me llame como un dios?

-Es bastante antiguo y ya nadie de la humanidad le rinde culto. Me gusta ese nombre. Y, en cierta manera, los atributos tienen que ver contigo, el desarrollo de la ciencia o el progreso social y tecnológico. Me parece muy acertado.

Sonreí. Ël me imito y vino hacia mi, me abrazó. 

Me sorprendió, no esperaba una reacción así, se suponía que esperaba instrucciones o sugerencias… pero esa vez actuó con una iniciativa propia, emocional inmediata, intensa y sin un momento de duda. Su sonrisa, sus brazos, su cuerpo me transmitían que se sentía pleno de felicidad, como si le hubiera hecho un regalo inmenso.                                   

No me gustaba pensar que era un objeto, lo ignoraba conscientemente, y de alguna manera yo también quería que se sintiera a gusto conmigo, aunque ya le había sido inoculado en la programación. Cuando volvía muy cansada, me frenaba de soltarle un exabrupto, aunque sabía que no le afectaría y que para mí sería un escape de tensión, pero aún así, me preocupaba que pudiera dolerle, sentirse herido. De cualquier manera no era capaz, para mí no era una máquina, no lo había sido desde la primera vez que me habló y me dijo que me había estudiado para serme más útil y agradable. Habíamos liberado a los animales y convertido a toda la humanidad en ciudadanos con los mismos derechos… para crear otro tipo de esclavos, pseudohumanos sin capacidad para rebelarse, sin derechos.



Las mujeres habían tomado el poder hacía ya más de treinta años. Hubo un desencadenante. El país más poderoso y mas armado de la Tierra votó como presidente a un tipo anciano y completamente loco. Debido a los cambios en los sistemas de educación, la información de prensa y medios digitales manipulada hasta extremos increíbles, las distintas iglesias con un adoctrinamiento brutal y dejando a sus fieles sin voluntad alguna o los partidos políticos encumbrando a auténticos idiotas, que sólo buscaban dinero sin límite… habían llevado a sus distintas ciudadanías al hambre y a la falta de agua crónicas, a condiciones de trabajo inhumanas, cuando la IA no había sustituido directamente esos puestos, a no tener vivienda porque a las élites, ciertamente pequeñas, no les importaba lo más mínimo donde vivían sus empleados y empleadas, ni siquiera los que trabajaban en sus casas, no se construían nuevos barrios ni se arreglaban los que llevaban décadas construidos… de esa manera la mayoría de la población, pese a todo esa información corrupta, la absoluta impunidad de la clase alta que contaba por supuesto con la complicidad de los jueces, sobre todo en altos tribunales, había llegado al límite



Toda esa injusticia había acelerado un cambio social y revueltas muy violentas que las fuerzas militares y la policía repelían de forma brutal sin conseguir aplastarlas, de hecho las hicieron mucho más fuertes, más numerosas y cada vez con más apoyo. Apareció un partido únicamente de mujeres, su mensaje lleno de solidaridad, compasión, buscando el equilibrio, el reparto más lógico, hablando de que la robotización y la IA tenían que generar recursos para los más vulnerables y para quienes se quedaban sin empleo, y hablaban de que esa ayuda de la ciencia facilitara la vida de la mayoría y no al revés. Que la sanidad volviera a ser gratuita y universal, que debían pagarse muchos mas impuestos pero sobre todo las élites, que había estado acumulando riqueza de forma patológica y desaforada, riquezas que no podrían alcanzar a gastar ni en cien vidas, y para ello comprando a quien fuera, comportándose como cárteles mafiosos. Decían en los mítines que el planeta no podía soportar más población, ni más construcciones, ni más cemento ni más ciudades, había que recuperar los bosques, renaturalizar los ríos, limpiar de plástico y metales los mares, los ríos, los lagos, proteger a los animales.

Por fortuna su mensaje caló en la población, las creyeron y las llevaron al poder. De hecho su mensaje se propagó y como un efecto dominó surgieron partidos iguales en más y más países, hasta en los más machistas las poblaciones no podían soportarlo más, y  llegaban a los gobiernos. Y por primera vez fue posible una alianza de los gobiernos de estas mujeres prácticamente total en todo el planeta.


Los primeros años los cambios fueron muy drásticos, se redujeron los vuelos a un diez por ciento, se prohibieron los coches privados y los públicos fueron derivando rápidamente a ecológicos. Tanto en ciudades como en pueblos grandes y pequeños, que volvieron a ocuparse, se aislaron las casas y los bloques de apartamentos para que el consumo de energía en calefacción o refrigeración fuera el mínimo. Utilizando los conocimientos científicos y los últimos descubrimientos en ese área, se repararon millones de viviendas, pero los materiales usados eran ecológicos, ignífugos, agradables para ser hogar. Los barrios se llenaron de árboles, de parques, de refugios climáticos para poder mitigar las olas de calor cada vez más frecuentes. Y resistir también otros efectos climáticos extremos, como las lluvias torrenciales, inundaciones, tornados etc. 

Se redujo el consumo de carne a una cuota muy pequeña pero igual para todos y todas las habitantes, el planeta no podía soportar el nivel de consumo de carne en una población que había superado por mucho el límite de crecimiento y cada vez antes agotaba los recursos y la producción que podía dar. Ya en un principio, eso sí, hubo un número muy importante de la ciudadanía que había renunciado a comer carne, incluso a comer o a usar cualquier producto que tuviera algo procedente de los animales. Y su número crecía cada año.

    El pescado de mares y ríos estaba contaminado, tuvo que prohibirse totalmente. Recuperaron millones y millones de toneladas de metales en vertederos y cerraron casi todas las minas, para parar la contaminación que producían. De nuevo contaron con las más brillantes científicas para conseguir revertir los desastres que se habían provocado en la naturaleza. Se crearon grandes reservas para los animales, sobre tierras regeneradas, para que el entorno para ellos fuera no sólo natural y abundante de comida, si no sano.

Enki conocía al detalle todo el proceso de estos 30 años, mejor que yo, su memoria no era eidética, era la de una enciclopedia. En poco tiempo había almacenado información de la historia, la sociedad y la política del país con miles y miles de datos, tenía capacidad para cruzarlos, incluso había almacenado obras de historiadores poco fiables, para entender por qué mentían, y era capaz de desarrollar teorías muy creativas sobre eso que muchas veces me fascinaban.

7/29/2026

 


                                El Método Boollmon (fragmento 8)


Después de un par de semanas cambió. Algunas veces se marchaba por las noches, supongo que tenía encuentros con amigos y también con chicas, no me lo decía. Esas noches normalmente no me tocaba, pero a veces aparecía en mi habitación y me despertaba. A veces en mitad de un sueño que se volvía delirante, empezaba a percibir sus manos recorriendo mi piel. Siguió obligándome a dormir desnuda, y algunas veces que no le obedecí me castigó mordiéndome más fuerte o haciéndolo una segunda vez en mitad de la noche.




A veces no podía dormir, no era frecuente pero pasé algunas noches de insomnio, lo peor de no dormir no era el cansancio, era que no podía parar de pensar en lo que estaba ocurriendo y no era compasiva precisamente conmigo. Me sentía furiosa por la forma en que él me manejaba, por no ser más lista o más fría. La primera vez, harta de dar vueltas en la cama, me levanté y estuve paseando por la suite. Salí fuera a la terraza, todo estaba en sombras y nadie podía verme aunque no me importaba, la. verdad. Fui al frigorífico, comí algo, y después de un rato de no decidirme a hacerlo, me acerqué a la puerta de su dormitorio. Estaba allí, profundamente dormido, su respiración era muy regular, como la de un niño. Parecía un adolescente que acabara de dejar a los amigos, dormía bocabajo, desnudo, sus miembros eran largos. Tenía un cuerpo hermoso. Le miraba e intentaba unir la personalidad y el cuerpo, no era posible. Allí estaba durmiendo un niño que había crecido, su rostro, de lado, tenía la expresión de ternura e inocencia que habría contemplado su madre estos años atrás y ¿quién era en realidad?¿Cómo se había creado a sí mismo? Ese chico de rostro inocente me tenía sometida a sus caprichos, a sus manos. Y no había tenido ni un momento de duda, o de remordimiento. Tenía una absoluta decisión y claridad sobre lo que estaba haciendo conmigo.





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Volvieron a pasar los días, nada cambió durante las noches ni durante el trabajo. Igual que antes me obligaba a acompañarle a todas partes. Hizo entrevistas para la televisión, para la radio. Uno de sus clubs de fans le hizo llegar un regalo que le habían comprado. Le gustó, se sintió halagado. Su agente le filtraba correo y e-mails, siempre dedicaba un rato a leerlos. 

    Un día estábamos en el hotel estudiando el guión cuando sonó mi móvil, era el número de mi casa, que estaba desviado.

-¿Sí? ¡Ah, hola, qué sorpresa!…  Sí… sí… muy bien… ¿cuándo vienes? … ¿Sólo un día?... Ah… sí, sí claro. Te recogeré.

Miré a Oswald Boollmon, él me estaba mirando también.

-¿Qué? ¿Quién era?

- Es Frank Olssen, es un amigo mío.

-Así que es Frank.

- Frank es un fotógrafo freelance, también hace reportajes para televisión, siempre está viajando. Cuando pasa por aquí nos vemos…

-Parece que viene.

-Viene dentro de una semana, sólo pasará un día aquí. 

- Y… ¿Quieres que te deje ir a cenar con él?

- Sí, él espera que vaya a cenar…

- ¿Y…?

- Sin ataduras, cuando puede pasar por la ciudad me llama, y… nos vamos a cenar y a… mi casa.

-¡Ah! Frank Olssen es más que un amigo.

- Le parecería muy raro que esta vez fuera diferente. 

- ¿Quieres hacer el amor con él?

- Lo único que me gustaría es desaparecer.

-¿Por qué? Supongo que debe apetecerte hacer el amor, no lo había pensado pero es posible que yo te deje en parte insatisfecha. -tenía toda una gama de sonrisas y las detestaba todas-  En todo este tiempo no te he dejado ninguna oportunidad. Claro que te daré la noche libre, ¿sabes qué? Lo que me gustaría mucho es verte haciendo el amor con él.

    Creí que sólo era una frase morbosa de las muchas que le gustaba decir para molestarme pero al siguiente día cuando me tenía ya en la cama, preparada para el momento de su peculiar venganza me dijo.

-He estado pensando que vas a venir con tu amigo aquí. Después de la cena, dile que yo estoy fuera, y que podéis venir aquí, a mi suite.

-No, mi casa es suficiente. Cuando se vaya, volveré

-Quiero que vengáis aquí para poder mirarte.

-Borre eso de su cabeza. No va a esconderse por ahí.

-Claro que no. Estaré en otra habitación del hotel. Tengo un equipo muy bueno de filmación, para grabar cosas caseras, lo conectaré al ordenador, le conectaré la cámara, y lo veré desde la otra habitación, con otro ordenador, nada indica que esté encendido, es absolutamente discreto. Tu amigo no notará nada. No tienes que dejar mucha luz, solo un poco.

-Sr. Boollmon, Frank no tiene nada que ver con esta locura, no quiero que usted le involucre. No quiero que él sepa nunca nada de esto.

-No percibirá nada, el ordenador estará lejos, estará entre las sombras, la cámara tiene un zoom muy potente. No notará nada, bueno, depende de ti, no debes hacer ninguna tontería.

-No quiero hacer eso.

-Dezh, “no quiero” es mi frase favorita.





5/25/2026

 


    

                                            El Método Boollmon (fragmento 7)



Me acosté y me encogí cuanto pude, no podía creerlo, ese hombre al que acababa de decir que me asqueaba su contacto me había oído gritar, había visto claramente como temblaba y me retorcía en un orgasmo más que largo. ¿Qué podría decirle ahora?¿Como iba a decirle que me dejara, que no quería que me tocara? Me sentía terriblemente avergonzada, pero las ganas de llorar se habían evaporado, quizá si hubiera llorado, él habría hecho algo distinto, pero yo no lloro, no soy de las mujeres que llora para desahogarse. Es posible que Boollmon lo supiera también. Me dormí. Por la mañana vino a despertarme, me había quedado dormida. Salimos para el set. 

Aquel día sí tenía que hacer un esfuerzo para trabajar, no conseguía concentrarme, se me olvidaban las cosas, miraba la agenda una y otra vez y no conseguía memorizar lo que iba a continuación. Boollmon me miró muchas veces, sentía que su mirada me penetraba, bajaba los ojos pero seguía sintiéndola pesando sobre mí. No quería pensar en lo que había pasado el día anterior, ni en lo que vendría después. Una de las veces que subí a mi despacho, se acercó sin que lo notara y entró detrás mía en el ascensor. Me sujetó pasando los brazos a mi alrededor, sus manos recubrieron mis pechos y me apretó contra él. No me asusté, sabía que era Boollmon.

- Me gusta demasiado tocarte, no puedo esperar tanto.

Hice un esfuerzo para que no me sintiera temblar.

- No debería hacerlo aquí. Puede haber cámaras.

- No hay cámaras, lo he investigado. 

- Aquí, en mi trabajo, me dijo que no haría nada.

- Te dije que no haría nada que te perjudicara. ¿Te encuentras bien?

-¿Qué significa eso? ¿Usted qué cree? ¿Que me siento de maravilla?

- Perfecta. –me apretó aún más, eché la cabeza un poco hacia delante y aprovechó para morderme en la nuca.- Estas perfecta, igual que un perro rabioso. Ya veo que estás bien, me habías preocupado un poco.

El ascensor se paró, Boollmon se apartó y se recostó sobre una de las paredes. 

-Si preguntan por mí, he ido a por un café, no tardaré.


Pasó el día y volvimos al hotel, Boollmon volvía siempre en mi coche, no era algo inusual, yo solía llevarlos al hotel a menos que los actores quisieran una limusina o se traían sus ferraris.  No solíamos hablar, pero ese día el silencio se podía cortar. En el coche Oswald Boollmon sólo me hablaba para despertar mi ira, aquel día no era necesario. Aparqué en la zona vip como siempre, al lado de un ascensor. 

  • ¿Hoy no quieres saber qué hay en la agenda?
  • No
  • Quiero que me lo preguntes.
  • ¿Qué hay en la agenda?
  • Hazme la pregunta correctamente y con mi nombre por favor.
  • Sr. Boollmon, ¿podría decirme qué hay en la agenda? 
  • Lo que hay no te va a gustar.

Le miré, vio lo que quería, las llamaradas, como le gustaba llamarlas. No conseguía dominarlas, sabía cómo le gustaba provocarme, y a pesar de eso no podía evitarlo. Boollmon sonreía mirando a una pared del ascensor.

    Entramos, como siempre dejé el ordenador sobre la mesa. Vino de nuevo igual que en el ascensor del estudio, me rodeo igual, volvió a apretarme y me susurró en el oído.

  • Me va a acabar enloqueciendo la forma en que aprietas los labios. – me apretó más- Dímelo otra vez, “Sr. Boollmon…
  • Sr. Boollmon ¿qué hay en la agenda?