El Método Boollmon (fragmento 10)
Dejó la cámara de fotos y vino a la cama de nuevo. Sentí muchos deseos de hacerle una felación. Sin mirar, registré mentalmente donde estaba el ordenador para colocarme de manera que él me viese perfectamente, tenía la intuición de que eso iba a joderle y mucho. Frank suspiró y respiró hondo, a veces gemía, no iba a ser rápido, igual que le gustaba a Boollmon. En un momento, Frank me paró con suavidad.
-Déjalo, quiero estar dentro de ti cuando me corra.
Se puso el preservativo, me acarició muy suave, sintió que yo estaba más que excitada.
Me olvidé de Boollmon, me sentía feliz, me gustaba sentirle en mi vagina. Se movía despacio. Sentía un placer más sereno, pero igualmente fuerte, él había tenido razón, necesitaba este momento, era maravilloso tener sexo normal con un hombre normal. Poco a poco aceleró los movimientos, bajó un poco el cuerpo y al moverse me rozaba el pubis, no necesitaba mucha más excitación. Empecé a gemir más fuerte y él siguió, notaba como estaba muy cerca ya de correrse, pensé en Boollmon mirándonos y mi vagina se contrajo alrededor de su pene, me produjo un placer muy intenso, Frank empezó a correrse.
Nos quedamos tumbados uno al lado del otro un rato. Frank se levantó y trajo las copas, estuvimos bebiendo.
-¿Sabes Dezh? Tengo que venir más a menudo –reía- tendrían que haber inventado ya la teletransportación.
- Sí, me gustaría.
-¿Y qué tal es?
-¿El qué?
-Boollmon. ¿Qué tal es? ¿Es un cretino?
-No. No sé qué decirte. Es… normal.
-¿Cómo qué es normal? Eso no es una descripción. ¿Cómo es? Tengo curiosidad.
-Bueno. Veamos. No es un cretino, es educado y agradable con todo el mundo, escucha lo que le dicen, aún se muestra humilde, aún no tiene neurosis de famoso. Le gusta el cine y su mundo muchísimo y creo que seguirá en esto mucho tiempo.
- Pero no va a ser el nuevo Brando.
- Nadie va a ser el nuevo Brando. Oswald Boollmon es joven, le quedan años para aprender.
- Pensaba que sería un crío endiosado. Dicen que tiene más paginas web que ningún otro actor. Se la hacen quinceañeras.
-Sí, es verdad.
-¿Y es tan guapo de cerca?
-Es un actor y se cuida. No es mi tipo, es demasiado joven. Pero… sí… es bastante guapo.
-Auténtico ídolo de jovencitas. Es raro que no sea muy vanidoso.
-No sé, a mí no me lo parece.
-¿Es gay?
-¿Qué?
-¿Le van los hombres?
-Pues… no lo creo…
-¿No te ha contado alguna aventurilla? ¿No ha intimado contigo?
-Frank ¿Te vas a dedicar ahora a la prensa rosa?¿Estás intentando sacarme información? No me habla de su vida íntima, pero no es gay.
-Puede ser bisexual.
-¿Es que quieres tener algo con él? ¿Te cambias de acera? Basta de Oswald Boollmon. Sigamos hablando de tu trabajo, dime ¿el reportaje en Guatemala será muy largo?
-Un mes, después me voy a Afganistán.
-¿A Afganistán?¿Por qué? Ahora es muy peligroso.
- Si me hablas como mi madre no te le hago el amor otra vez.
- No bromees. No es tu especialidad, cada día hablan de la guerrilla en las noticias, tienen las carreteras llenas de minas.
- No voy al tiro al blanco, estaremos en una zona medianamente segura. Te mandaré mails si puedo. No pienso hacer el loco.
-Hazlo, escríbeme correos, a ver si esta vez lo haces de verdad.
-Está bien, intentaré que me perdones.
Bajó hasta mi pubis y empezó a lamerlo, Frank me conocía muy bien, sabía qué cosas me gustaban, aunque le había llevado más tiempo que a Boollmon. Mientras seguía, pensé que quizá Oswald Boollmon me lo había hecho ya más veces que él. Siguió un buen rato, Después me puse encima, le coloqué el preservativo y fui penetrándome despacio mientras me miraba.
-Tienes una expresión lujuriosa, Dezh no sé, pero pareces… te noto diferente.
-¿Qué?
- Algo entre morboso y malvado. Me gusta.
- Si quieres escribir guiones, puedo echarte una mano.
-Vale, guarda tus secretos, pero no pares de moverte.
El segundo también fue delicioso. Poco después nos vestimos y nos fuimos a mi casa. Por la mañana nos levantamos juntos muy temprano, nos duchamos juntos y le llevé al lugar de su cita con tiempo aún para desayunar. Nos abrazamos y nos deseamos buena suerte. Frank tardaría, como siempre, en volver a hacerme el amor.
Me fui al coche y enfilé la avenida del hotel y me acordé por primera vez esa mañana de Oswald. ¿Cómo estaría? ¿Se habría divertido o le habría molestado? Empecé a sentirme inquieta. Cuando me faltaban unos metros para llegar sonó su móvil.
-Buenos días Sr. Boollmon, estoy llegando al hotel.
-Creí que tardarías más, ya estoy en el estudio. Te esperaré aquí.
Di media vuelta, el suspense duraría bastante más. Fui directamente a mi despacho, estuve imprimiendo algunas hojas que necesitaba y fui a buscarle. Tenía entrenamiento toda la semana, estaba practicando una especie de esgrima, me senté a mirarlo. El preparador ya le había hecho sudar, tenía el pelo húmedo, lo había tenido que dejar crecer para la película. Durante una hora siguió corriendo, girándose y dando golpes con la espada. Por fin le dejaron hacer un descanso. Vino a sentarse a mi lado.
-Esa espada pesa varios kilos, dice que así desarrollo más el músculo. ¡Ah! Me duele todo el lado derecho. ¿Qué? ¿Se marchó?
-Sí
-En fin, volveremos a ser sólo dos. Tengo mucha sed, ¿puedes encontrarme eso que yo bebo?
-Tengo arriba, en el frigorífico de mi despacho. No tardo. ¿Le apetece algo más?
-No, no tengo hambre. Gracias. ¡Ah! Sí. Tráeme también una toalla por favor y un calmante.
Todo el grupo de actores que intervenía en la lucha de espadas estuvo entrenando varias horas, aunque paraban a ratos para escuchar las explicaciones del entrenador, y el director también les habló varias veces, de cómo iba a rodarse aquella escena, al final de la mañana todos estaban exhaustos, les dejaron irse a sus hoteles a descansar el resto del día.
Localicé a un masajista en el hotel, cuando volvimos nos estaba esperando, Boollmon se fue con él a la zona de gimnasio. Fui a la suite y estuve ordenando un poco mis cosas, me había traído de mi casa algunos objetos y algunos libros. Terminé y me fui a nadar un rato. La piscina del gimnasio era climatizada. El vaho olía bien, no sabía cómo lo hacían pero estaba perfumado. Acudían algunos clientes pero no muchos, además las instalaciones eran enormes. Nadar allí era de las pocas cosas que me compensaban en la cautividad, y lo hacía a menudo, siempre con permiso del sr. Boollmon. Me llamó al móvil y le dije donde estaba. Cinco minutos más tarde apareció y se lanzó al agua. Vino nadando al bordillo donde yo estaba descansando.
-¿Se encuentra mejor?
-Algo mejor. Pero aún noto cargados los músculos. ¿Esto va seguir toda la semana?
-Está programado entrenamiento, depende de él que lo haga de una forma o de otra.
-Este entrenador es el más duro que he conocido.
Me rodeó por la cintura y tiró de mí hacía una zona de la piscina que el agua llegaba al metro y medio, me llevó contra el bordillo y bajo el agua fue recorriendo el contorno de mi cuerpo con sus manos, miré hacia todos lados pero no había nadie.
-Me gustó mucho todo lo que hiciste para mí. Te has portado muy bien, es posible que haya conseguido convertirte en una niña buena. -Empezó a deslizar un dedo alrededor y sobre mis labios. - Creo que disfruté tanto como él. –metió una mano dentro del bañador y llegó al pubis, empezó a acariciarme.-
¿No podremos repetirlo?
-No lo creo.
-¡Ah! Siento no tener preservativos de hiperlujo, no sé si existen, es posible que aún no sea tan famoso.
-Lo siento, no debí dejarle.
-No me importa, me gustó que usaras los míos. Háblame de lo que sentiste.
-¿Qué?
-Quiero que hables de lo que sentías, de lo que pensabas mientras estabas allí con Frank. –siguió acariciándome muy suave, aunque bajo el agua el contacto se percibía menos
-¿Quiere que le hable de lo que siento cuando hago el amor?
-Quiero que me hables de lo que sentías ayer.
-No hay nada que contar.
Empezó a quitarme el bañador, le detuve.
-No puede hacer esto aquí.
-Tienes razón, vamos a ir a otro sitio.
Subimos los escalones, me llevó de la mano a una de las duchas y dejó caer el agua abundantemente sobre los dos. Me puso mi albornoz y se puso el suyo .
-Ven por aquí.
Me llevó a la zona donde estaban las cabinas de masajes, no había absolutamente nadie, entró en una.
-El chico del masaje me ha dicho que no tenía más servicios, se iba a su casa a comer- cerró la puerta por dentro.- ¿Has estado aquí con algún otro actor?
-¿Me ha traído para interrogarme?
-Exacto. Este es un buen calabozo, tiene una temperatura perfecta, aromas, música y hasta potro de torturas. ¿Has estado con otro actor aquí?
-No. Creo que sólo les he enseñado a llegar al gimnasio o a la piscina.
Me quitó el albornoz y empezó a bajarme las tirantas del bañador, fue deslizándolo despacio hacia abajo y lo sacó. Me subió a la camilla, me dejó sentada en un extremo, cogió una toalla. Despacio, como le gustaba hacer todo, y muy suave, terminó de secarme. Sonreía, Boollmon siempre sonreía. Buscó entre los distintos tarros, cogió uno y puso música.
-Sí, es la misma música, es muy relajante e hipnótica, así conseguiré que me cuentes mucho más. –Me tumbó con cuidado hacia atrás. Tomó un poco de crema y empezó a extenderla desde el cuello, bajó a los hombros y por supuesto estuvo un buen rato extendiéndola en los senos, más que masaje, lo que hacía era pasar sus manos por toda la piel hasta que se absorbía. Olía bien, creo que eran hierbas aromáticas.
-Sólo es hidratante pero el olor me encanta, siento no saber dar masajes mejor, pero ya sabes que yo tengo otra especialidad.
Acercó la banqueta del masajista y se colocó perfectamente centrado entre mis piernas. Algo no estaba a su gusto, se levantó y trajo unas toallas para colocarlas debajo de mí.
-Ahora sí, ahora estás a la altura adecuada. Vamos a seguir donde estábamos, quiero saber qué sentiste durante todo el tiempo, desde que entraste en la suite.
-No sentí nada.
-Es inútil que te resistas, sólo nos llevará más tiempo, a veces creo que lo haces a posta, para que yo te hagas más cosas.
-No voy a hablarle de mi intimidad. Lo que sienta pertenece a mi vida privada.
-Dezh. ¿Por qué estás aquí?
Sabía lo que quería que contestara pero me tomé mi tiempo.
-Porque usted me obliga.
-¿Por qué te obligo?
-Porque… tiene poder sobre mí.
-Exacto. Y tú obedeces mis órdenes. Esto también es una orden. Quiero que empieces desde que llegaste a la suite, ¿qué sentías?
Suspiré, no iba a dejarme escapar, tendría que hablarle y no podía mentirle mucho o lo notaría.
-Estaba muy nerviosa, tenía miedo que Frank notara algo raro, y me aterrorizaba la idea de que descubriera todo.
-¿En qué momentos pensaste que yo te estaba mirando?
-No lo sé, lo pensaba a veces, otras veces no lo tenía presente.
-¿Te excitaba pensar que yo te veía?
-No.
-Mientes.