10/09/2026

 



Una Persona Artificial (fragmento 3)



Cuando hablábamos de las épocas anteriores se enfurecía. En realidad reproducía mis comentarios y mis reproches, leídos en discursos y entrevistas, me imitaba, pero era incluso más intenso y exagerado, me hacía gracia el enfado mayúsculo que expresaba hacia gente que no había conocido y muchos que ya ni siquiera vivían. Pero la verdad es que cuando pensaba en como se habían comportado, yo sentía el mismo enfado y la misma cólera hacia aquellos dirigentes.

-¿Cómo pudieron esos gobernantes llevar el planeta casi al colapso? Me alegro de no ser un hombre de verdad. No puedo entender cómo no les importaba que estaban yendo hacia la destrucción de todo. ¿En qué iban a gastar esas cantidades de dinero en un planeta donde ya no se podía vivir?


-Pues sí, fue completamente demencial. Y no fueron sólo los hombres, Enki, también algunas mujeres gobernaron entonces y hacían lo mismo. Tuvo que llegar un momento de máxima tensión y colapso. De una amenaza total de destrucción…  para que la gente reaccionara.

La humanidad se ha movido siempre en esos momentos, cuando la capacidad de soportar algo perverso, injusto, llega al límite. Pasó en las revoluciones francesa o rusa, o en otras situaciones. Llega un momento en que por mucha violencia o represión ya no se puede seguir soportando, y todo explota. Al menos cuando se construyó La Alianza, sin cambiar el sistema democrático, conseguimos revertir esa maldad, esa injusticia con menos violencia y muchos menos mártires.

Vivimos unas épocas horribles pero dieron paso a este nuevo mundo. 

En su programación tenían impreso que no debían ser demasiado halagadores, para no resultar poco creíbles con sus dueñas. Ellas sabían que por la programación, resultaban ser ídolos para sus personas artificiales y que tenían una total la devoción por su humana. Pero la fábrica les habían marcado un limite para no resultar empalagosos, y además de eso obedecían las instrucciones de ellas en todos los sentidos, y también aprendían de los gestos, del tono de voz o de las respuestas, para modificar su conducta y moderar su entusiasmo por ellas.

Enki agotaba su tanto por ciento alabando a los gobiernos de nuestro partido y La Alianza, yo me preguntaba a veces si lo hacía porque lo deducía imparcialmente de la información obtenida o era un gesto para que yo me sintiera complacida. Era cierto que yo consideraba portentoso cómo habíamos evolucionado, consideraba realmente que habíamos logrado desde el comienzo, hacía casi 20 años, el mejor mundo posible, partiendo de la situación existente. Y me admiraba de que la mayoría de la gente, en todos los países, siguiera confiando y nos siguiera apoyando.





Llegó un período de vacaciones y decidí darle una sorpresa y llevarlo a Irak. Había ciertas limitaciones con las personas artificiales pero no pusieron ningún problema ni los países ni la aerolínea. Quería llevarlo a Eridú, que sintiera la tierra bajo sus pies en los montículos que quedaban, donde se habían erigido templos como el dedicado al dios Enki, reconstruido muchas veces y el más importante vestigio casi destruido de aquella ciudad enorme y tan antigua. El había visto a través de su conexión con las redes miles de fotografías de esa zona, quizá era un poco absurdo, porque conocía toda la zona, la orografía, las excavaciones o la historia por completo. 

Pero creí que le gustaría. En muchas zonas no había cobertura para sus circuitos y la aridez del terreno le afectaba, así que tomamos precauciones, la fábrica nos proporcionó un fluido con el que podría hidratarse y siempre llevaba varias baterías externas cargadas para que no se apagara. No pensé hasta más tarde que era su primer viaje y casi sus primeras impresiones del mundo exterior. Desde la fábrica sólo había ido directamente a mi casa y nunca había salido de allí.

La sorpresa no duró mucho tiempo, nada más tomar el avión y saber el destino, lo dedujo. Me tomó la mano y me miró con una expresión de incredulidad. 

Este viaje agotaba mi cuota para volar en los próximos diez años y mereció la pena, totalmente. Podía sentir su felicidad en cada gesto, en cada mirada. Y a mí. me hacía muy feliz verlo y compensarle por todo su trabajo, por su entrega, por su capacidad y por su lealtad. Seguramente él no podría entenderlo pero para mí sí tenía mucho sentido. Se merecía sobradamente ese regalo.

Caminamos y fotografiamos todos los restos de muro que quedaban en pie y todo el entorno, el lugar era mágico, estaba considerada la primera ciudad de Sumer y aquellos eran posiblemente eran los restos del templo para un dios más antiguo de la historia de la humanidad. El calor abrumaba y aturdía, era difícil permanecer allí mucho rato incluso si íbamos al amanecer o al anochecer. Pero a pesar de todo pasamos muchas horas, tomando todas las precauciones, con ropa adecuada y paraguas para el sol. Llevábamos también sillas, aunque Enki prácticamente no usó la suya. Yo sí, me sentaba y le miraba, como Ágatha Christie miraría a su joven marido arqueólogo, protegiéndose con un enorme sombrero en Egipto. Le miraría con una mezcla de admiración y cariño igual que yo.

En ese viaje pensé mucho en que las personas artificiales deberían tener derechos. Llevaba más de un año conviviendo con Enki y en ningún momento le había visto como un objeto, como una máquina. Cumplían una función, era cierto, y generalmente sus dueñas, dado su elevado precio y la satisfacción que les proporcionaba su compañía, los trataban bien, los cuidaban… pero aún así, se merecían tener unos derechos que les protegieran, que alargaran su vida, que hubiera una normativa de trato para los y las propietarias.


Enki después del viaje a Eridú siempre estaba sonriendo, se llevó semanas así. Me pidió permiso para preparar una investigación para ayudar en la próxima excavación allí. Había visto y registrado durante nuestro viaje varios lugares donde creía que podían encontrarse muchos más restos. Había investigado por la red la información fiable, tanto todo lo que se había escrito en la antigüedad y en la época actual sobre la ciudad y el yacimiento, hasta fotos satélite de donde podía inferirse que había depósitos o enterramientos ocultos. 

Cuando lo terminó descubrimos que él no podía enviarlo directamente a las universidades, para que alguna o varias en colaboración realizaran las excavaciones. El no tenía ni siquiera un apellido, no tenía una personalidad. Quizás esa impotencia que sentí me hizo acelerar la propuesta de ley y desarrollarla. Enki me dijo que no le parecía correcto intervenir pero que me ayudaría con la búsqueda de leyes parecidas y la jurisprudencia que estaba vigente sobre tutores y personas tuteladas. No sé si era programación, una limitación o prohibición implantada, lo cierto es que tenía razón.

Envié la investigación a una docena de universidades con mi nombre, explicando cómo se había creado, cómo había surgido la idea de hacerla, y debajo del mío puse el de Enki con mis apellidos. Él me miraba con una expresión de asombro y gratitud inmensa, además de la programación, las diseñadoras habían conseguido que su rostro tuviera múltiples expresiones, pero conseguía llevarlas al máximo, esta fue una de esas ocasiones.


Esa noche Enki estuvo dándome placer por horas, varias veces estuve por decirle que ya bastaba, pero me gustaba demasiado, era… era demasiado adictivo. Hasta que noté cómo parpadeaban sus ojos cerca de que su batería se apagara y le pedí que parara. Y lo repitió más veces.


La ley era bastante sencilla y nos esforzamos para que el lenguaje jurídico se simplificara lo más posible, de modo que fuera perfectamente comprensible para toda la ciudadanía.

Esta sería una sinopsis de lo que legislamos:

Las personas artificiales tenían derecho a existir, ninguna propietaria podía decidir terminar con ellas, volverían a la fábrica o se habilitaría un lugar donde podrían ser adoptados por otra propietaria y se le realizarían cambios en la programación para adaptarse. Debían tener los apellidos de su propietario, debían tener un documento de identificación, porque, aunque normalmente no salían de sus casas, a veces debían conducir en caso de emergencia, incluso solos y podían ser parados por agentes de seguridad.

Las fábricas de personas artificiales debían ser públicas. Dado el grado de desarrollo de éstas y su utilización en múltiples tareas, no podían estar en manos privadas, que pudieran subir los precios o modificar software sin ningún tipo de control. Se compensaría a accionistas debidamente. De hecho podían continuar con sus acciones si querían, con una ganancia moderada pero sin decisión.

No se podía dañar a una persona artificial ni propietarios ni otras personas, y debían estar capacitados y programados para evitar un daño físico, aunque sin causar heridas graves o irreversibles a un atacante eventual.

Además sus propietarias no podían humillarlos ni obligarles a hacer algo humillante, en este apartado fue realmente complicado establecer qué debería considerarse humillante.

Debían pasar revisiones cuando la fábrica las estableciera y recibir repuestos de partes que empezaran a fallar. También cuando la fábrica desarrollara una mejora tanto en su parte física como en el software. 

Debían tener un margen en la programación para expresarse y sus propietarias debían escucharlos y estudiar si les hacían algunas peticiones. La fábrica establecería un centro de consultas.

Las propietarias debían reconocer su trabajo y verbalizarles cuando su cometido era hecho correctamente, con frases amables y mostrando agradecimiento.

Se estableció un canal para denunciar cualquier posible maltrato hacia ellas y una unidad de policía especialmente formada para intervenir en estos casos.




10/04/2026


                                                        El Método Boollmon (fragmento 10)


Dejó la cámara de fotos y vino a la cama de nuevo. Sentí muchos deseos de hacerle una felación. Sin mirar, registré mentalmente donde estaba el ordenador para colocarme de manera que él me viese perfectamente, tenía la intuición de que eso iba a joderle y mucho. Frank suspiró y respiró hondo, a veces gemía, no iba a ser rápido, igual que le gustaba a Boollmon. En un momento, Frank me paró con suavidad.

-Déjalo, quiero estar dentro de ti cuando me corra.

Se puso el preservativo, me acarició muy suave, sintió que yo estaba más que excitada.


Me olvidé de Boollmon, me sentía feliz, me gustaba sentirle en mi vagina. Se movía despacio. Sentía un placer más sereno, pero igualmente fuerte, él había tenido razón, necesitaba este momento, era maravilloso tener sexo normal con un hombre normal. Poco a poco aceleró los movimientos, bajó un poco el cuerpo y al moverse me rozaba el pubis, no necesitaba mucha más excitación. Empecé a gemir más fuerte y él siguió, notaba como estaba muy cerca ya de correrse, pensé en Boollmon mirándonos y mi vagina se contrajo alrededor de su pene, me produjo un placer muy intenso, Frank empezó a correrse.

Nos quedamos tumbados uno al lado del otro un rato. Frank se levantó y trajo las copas, estuvimos bebiendo.

-¿Sabes Dezh? Tengo que venir más a menudo –reía- tendrían que haber inventado ya la teletransportación.

- Sí, me gustaría.

-¿Y qué tal es?

-¿El qué?

-Boollmon. ¿Qué tal es? ¿Es un cretino? 

-No. No sé qué decirte. Es… normal.

-¿Cómo qué es normal? Eso no es una descripción. ¿Cómo es? Tengo curiosidad. 

-Bueno. Veamos. No es un cretino, es educado y agradable con todo el mundo, escucha lo que le dicen, aún se muestra humilde, aún no tiene neurosis de famoso. Le gusta el cine y su mundo muchísimo y creo que seguirá en esto mucho tiempo.

- Pero no va a ser el nuevo Brando.

- Nadie va a ser el nuevo Brando. Oswald Boollmon es joven, le quedan años para aprender.

- Pensaba que sería un crío endiosado. Dicen que tiene más paginas web que ningún otro actor. Se la hacen quinceañeras.

-Sí, es verdad.

-¿Y es tan guapo de cerca?

-Es un actor y se cuida. No es mi tipo, es demasiado joven. Pero… sí… es bastante guapo.

-Auténtico ídolo de jovencitas. Es raro que no sea muy vanidoso.

-No sé, a mí no me lo parece.

-¿Es gay?

-¿Qué?

-¿Le van los hombres?

-Pues… no lo creo… 

-¿No te ha contado alguna aventurilla? ¿No ha intimado contigo?

-Frank ¿Te vas a dedicar ahora a la prensa rosa?¿Estás intentando sacarme información? No me habla de su vida íntima, pero no es gay.

-Puede ser bisexual.

-¿Es que quieres tener algo con él? ¿Te cambias de acera? Basta de Oswald Boollmon. Sigamos hablando de tu trabajo, dime ¿el reportaje en Guatemala será muy largo?

-Un mes, después me voy a Afganistán.

-¿A Afganistán?¿Por qué? Ahora es muy peligroso.

- Si me hablas como mi madre no te le hago el amor otra vez.

- No bromees. No es tu especialidad, cada día hablan de la guerrilla en las noticias, tienen las carreteras llenas de minas.

- No voy al tiro al blanco, estaremos en una zona medianamente segura. Te mandaré mails si puedo. No pienso hacer el loco.

-Hazlo, escríbeme correos, a ver si esta vez lo haces de verdad.

-Está bien, intentaré que me perdones.

Bajó hasta mi pubis y empezó a lamerlo, Frank me conocía muy bien, sabía qué cosas me gustaban, aunque le había llevado más tiempo que a Boollmon. Mientras seguía, pensé que quizá Oswald Boollmon me lo había hecho ya más veces que él. Siguió un buen rato, Después me puse encima, le coloqué el preservativo y fui penetrándome despacio mientras me miraba.

-Tienes una expresión lujuriosa, Dezh no sé, pero pareces… te noto diferente.

-¿Qué?

- Algo entre morboso y malvado. Me gusta.

- Si quieres escribir guiones, puedo echarte una mano.

-Vale, guarda tus secretos, pero no pares de moverte.

El segundo también fue delicioso. Poco después nos vestimos y nos fuimos a mi casa. Por la mañana nos levantamos juntos muy temprano, nos duchamos juntos y le llevé al lugar de su cita con tiempo aún para desayunar. Nos abrazamos y nos deseamos buena suerte. Frank tardaría, como siempre, en volver a hacerme el amor. 


Me fui al coche y enfilé la avenida del hotel y me acordé por primera vez esa mañana de Oswald. ¿Cómo estaría? ¿Se habría divertido o le habría molestado? Empecé a sentirme inquieta. Cuando me faltaban unos metros para llegar sonó su móvil.

-Buenos días Sr. Boollmon, estoy llegando al hotel.

-Creí que tardarías más, ya estoy en el estudio. Te esperaré aquí.

Di media vuelta, el suspense duraría bastante más. Fui directamente a mi despacho, estuve imprimiendo algunas hojas que necesitaba y fui a buscarle. Tenía entrenamiento toda la semana, estaba practicando una especie de esgrima, me senté a mirarlo. El preparador ya le había hecho sudar, tenía el pelo húmedo, lo había tenido que dejar crecer para la película. Durante una hora siguió corriendo, girándose y dando golpes con la espada. Por fin le dejaron hacer un descanso. Vino a sentarse a mi lado.

-Esa espada pesa varios kilos, dice que así desarrollo más el músculo. ¡Ah! Me duele todo el lado derecho. ¿Qué? ¿Se marchó?

-Sí

-En fin, volveremos a ser sólo dos. Tengo mucha sed, ¿puedes encontrarme eso que yo bebo? 

-Tengo arriba, en el frigorífico de mi despacho. No tardo. ¿Le apetece algo más?

-No, no tengo hambre. Gracias. ¡Ah! Sí. Tráeme también una toalla por favor y un calmante.

Todo el grupo de actores que intervenía en la lucha de espadas estuvo entrenando varias horas, aunque paraban a ratos para escuchar las explicaciones del entrenador, y el director también les habló varias veces, de cómo iba a rodarse aquella escena, al final de la mañana todos estaban exhaustos, les dejaron irse a sus hoteles a descansar el resto del día.

Localicé a un masajista en el hotel, cuando volvimos nos estaba esperando, Boollmon se fue con él a la zona de gimnasio. Fui a la suite y estuve ordenando un poco mis cosas, me había traído de mi casa algunos objetos y algunos libros. Terminé y me fui a nadar un rato. La piscina del gimnasio era climatizada. El vaho olía bien, no sabía cómo lo hacían pero estaba perfumado. Acudían algunos clientes pero no muchos, además las instalaciones eran enormes. Nadar allí era de las pocas cosas que me compensaban en la cautividad, y lo hacía a menudo, siempre con permiso del sr. Boollmon. Me llamó al móvil y le dije donde estaba. Cinco minutos más tarde apareció y se lanzó al agua. Vino nadando al bordillo donde yo estaba descansando.

-¿Se encuentra mejor?

-Algo mejor. Pero aún noto cargados los músculos. ¿Esto va seguir toda la semana?

-Está programado entrenamiento, depende de él que lo haga de una forma o de otra.

-Este entrenador es el más duro que he conocido.

Me rodeó por la cintura y tiró de mí hacía una zona de la piscina que el agua llegaba al metro y medio, me llevó contra el bordillo y bajo el agua fue recorriendo el contorno de mi cuerpo con sus manos, miré hacia todos lados pero no había nadie. 

-Me gustó mucho todo lo que hiciste para mí. Te has portado muy bien, es posible que haya conseguido convertirte en una niña buena. -Empezó a deslizar un dedo alrededor y sobre mis labios. - Creo que disfruté tanto como él. –metió una mano dentro del bañador y llegó al pubis, empezó a acariciarme.-
¿No podremos repetirlo?

-No lo creo.

-¡Ah! Siento no tener preservativos de hiperlujo, no sé si existen, es posible que aún no sea tan famoso.

-Lo siento, no debí dejarle.

-No me importa, me gustó que usaras los míos.  Háblame de lo que sentiste.

-¿Qué?

-Quiero que hables de lo que sentías, de lo que pensabas mientras estabas allí con Frank. –siguió acariciándome muy suave, aunque bajo el agua el contacto se percibía menos

-¿Quiere que le hable de lo que siento cuando hago el amor?

-Quiero que me hables de lo que sentías ayer.

-No hay nada que contar.

Empezó a quitarme el bañador, le detuve.

-No puede hacer esto aquí.

-Tienes razón, vamos a ir a otro sitio.

Subimos los escalones, me llevó de la mano a una de las duchas y dejó caer el agua abundantemente sobre los dos. Me puso mi albornoz y se puso el suyo .

-Ven por aquí.

Me llevó a la zona donde estaban las cabinas de masajes, no había absolutamente nadie, entró en una.

-El chico del masaje me ha dicho que no tenía más servicios, se iba a su casa a comer- cerró la puerta por dentro.- ¿Has estado aquí con algún otro actor?

-¿Me ha traído para interrogarme?

-Exacto. Este es un buen calabozo, tiene una temperatura perfecta, aromas, música y hasta potro de torturas. ¿Has estado con otro actor aquí?

-No. Creo que sólo les he enseñado a llegar al gimnasio o a la piscina. 

Me quitó el albornoz y empezó a bajarme las tirantas del bañador, fue deslizándolo despacio hacia abajo y lo sacó. Me subió a la camilla, me dejó sentada en un extremo, cogió una toalla. Despacio, como le gustaba hacer todo, y muy suave, terminó de secarme. Sonreía, Boollmon siempre sonreía. Buscó entre los distintos tarros, cogió uno y puso música. 

-Sí, es la misma música, es muy relajante e hipnótica, así conseguiré que me cuentes mucho más. –Me tumbó con cuidado hacia atrás. Tomó un poco de crema y empezó a extenderla  desde el cuello, bajó a los hombros y por supuesto estuvo un buen rato extendiéndola en los senos, más que masaje, lo que hacía era pasar sus manos por toda la piel hasta que se absorbía. Olía bien, creo que eran hierbas aromáticas.

-Sólo es hidratante pero el olor me encanta, siento no saber dar masajes mejor, pero ya sabes que yo tengo otra especialidad. 

Acercó la banqueta del masajista y se colocó perfectamente centrado entre mis piernas. Algo no estaba a su gusto, se levantó y trajo unas toallas para colocarlas debajo de mí.

-Ahora sí, ahora estás a la altura adecuada. Vamos a seguir donde estábamos, quiero saber qué sentiste durante todo el tiempo, desde que entraste en la suite.

-No sentí nada.

-Es inútil que te resistas, sólo nos llevará más tiempo, a veces creo que lo haces a posta, para que yo te hagas más cosas. 

-No voy a hablarle de mi intimidad. Lo que sienta pertenece a mi vida privada.

-Dezh. ¿Por qué estás aquí?

Sabía lo que quería que contestara pero me tomé mi tiempo.

-Porque usted me obliga.

-¿Por qué te obligo?

-Porque… tiene poder sobre mí.

-Exacto. Y tú obedeces mis órdenes. Esto también es una orden. Quiero que empieces desde que llegaste a la suite, ¿qué sentías?

Suspiré, no iba a dejarme escapar, tendría que hablarle y no podía mentirle mucho o lo notaría.

-Estaba muy nerviosa, tenía miedo que Frank notara algo raro, y me aterrorizaba la idea de que descubriera todo.

-¿En qué momentos pensaste que yo te estaba mirando?

-No lo sé, lo pensaba a veces, otras veces no lo tenía presente.

-¿Te excitaba pensar que yo te veía?

-No.

-Mientes.