10/04/2026


                                                        El Método Boollmon (fragmento 10)


Dejó la cámara de fotos y vino a la cama de nuevo. Sentí muchos deseos de hacerle una felación. Sin mirar, registré mentalmente donde estaba el ordenador para colocarme de manera que él me viese perfectamente, tenía la intuición de que eso iba a joderle y mucho. Frank suspiró y respiró hondo, a veces gemía, no iba a ser rápido, igual que le gustaba a Boollmon. En un momento, Frank me paró con suavidad.

-Déjalo, quiero estar dentro de ti cuando me corra.

Se puso el preservativo, me acarició muy suave, sintió que yo estaba más que excitada.


Me olvidé de Boollmon, me sentía feliz, me gustaba sentirle en mi vagina. Se movía despacio. Sentía un placer más sereno, pero igualmente fuerte, él había tenido razón, necesitaba este momento, era maravilloso tener sexo normal con un hombre normal. Poco a poco aceleró los movimientos, bajó un poco el cuerpo y al moverse me rozaba el pubis, no necesitaba mucha más excitación. Empecé a gemir más fuerte y él siguió, notaba como estaba muy cerca ya de correrse, pensé en Boollmon mirándonos y mi vagina se contrajo alrededor de su pene, me produjo un placer muy intenso, Frank empezó a correrse.

Nos quedamos tumbados uno al lado del otro un rato. Frank se levantó y trajo las copas, estuvimos bebiendo.

-¿Sabes Dezh? Tengo que venir más a menudo –reía- tendrían que haber inventado ya la teletransportación.

- Sí, me gustaría.

-¿Y qué tal es?

-¿El qué?

-Boollmon. ¿Qué tal es? ¿Es un cretino? 

-No. No sé qué decirte. Es… normal.

-¿Cómo qué es normal? Eso no es una descripción. ¿Cómo es? Tengo curiosidad. 

-Bueno. Veamos. No es un cretino, es educado y agradable con todo el mundo, escucha lo que le dicen, aún se muestra humilde, aún no tiene neurosis de famoso. Le gusta el cine y su mundo muchísimo y creo que seguirá en esto mucho tiempo.

- Pero no va a ser el nuevo Brando.

- Nadie va a ser el nuevo Brando. Oswald Boollmon es joven, le quedan años para aprender.

- Pensaba que sería un crío endiosado. Dicen que tiene más paginas web que ningún otro actor. Se la hacen quinceañeras.

-Sí, es verdad.

-¿Y es tan guapo de cerca?

-Es un actor y se cuida. No es mi tipo, es demasiado joven. Pero… sí… es bastante guapo.

-Auténtico ídolo de jovencitas. Es raro que no sea muy vanidoso.

-No sé, a mí no me lo parece.

-¿Es gay?

-¿Qué?

-¿Le van los hombres?

-Pues… no lo creo… 

-¿No te ha contado alguna aventurilla? ¿No ha intimado contigo?

-Frank ¿Te vas a dedicar ahora a la prensa rosa?¿Estás intentando sacarme información? No me habla de su vida íntima, pero no es gay.

-Puede ser bisexual.

-¿Es que quieres tener algo con él? ¿Te cambias de acera? Basta de Oswald Boollmon. Sigamos hablando de tu trabajo, dime ¿el reportaje en Guatemala será muy largo?

-Un mes, después me voy a Afganistán.

-¿A Afganistán?¿Por qué? Ahora es muy peligroso.

- Si me hablas como mi madre no te le hago el amor otra vez.

- No bromees. No es tu especialidad, cada día hablan de la guerrilla en las noticias, tienen las carreteras llenas de minas.

- No voy al tiro al blanco, estaremos en una zona medianamente segura. Te mandaré mails si puedo. No pienso hacer el loco.

-Hazlo, escríbeme correos, a ver si esta vez lo haces de verdad.

-Está bien, intentaré que me perdones.

Bajó hasta mi pubis y empezó a lamerlo, Frank me conocía muy bien, sabía qué cosas me gustaban, aunque le había llevado más tiempo que a Boollmon. Mientras seguía, pensé que quizá Oswald Boollmon me lo había hecho ya más veces que él. Siguió un buen rato, Después me puse encima, le coloqué el preservativo y fui penetrándome despacio mientras me miraba.

-Tienes una expresión lujuriosa, Dezh no sé, pero pareces… te noto diferente.

-¿Qué?

- Algo entre morboso y malvado. Me gusta.

- Si quieres escribir guiones, puedo echarte una mano.

-Vale, guarda tus secretos, pero no pares de moverte.

El segundo también fue delicioso. Poco después nos vestimos y nos fuimos a mi casa. Por la mañana nos levantamos juntos muy temprano, nos duchamos juntos y le llevé al lugar de su cita con tiempo aún para desayunar. Nos abrazamos y nos deseamos buena suerte. Frank tardaría, como siempre, en volver a hacerme el amor. 


Me fui al coche y enfilé la avenida del hotel y me acordé por primera vez esa mañana de Oswald. ¿Cómo estaría? ¿Se habría divertido o le habría molestado? Empecé a sentirme inquieta. Cuando me faltaban unos metros para llegar sonó su móvil.

-Buenos días Sr. Boollmon, estoy llegando al hotel.

-Creí que tardarías más, ya estoy en el estudio. Te esperaré aquí.

Di media vuelta, el suspense duraría bastante más. Fui directamente a mi despacho, estuve imprimiendo algunas hojas que necesitaba y fui a buscarle. Tenía entrenamiento toda la semana, estaba practicando una especie de esgrima, me senté a mirarlo. El preparador ya le había hecho sudar, tenía el pelo húmedo, lo había tenido que dejar crecer para la película. Durante una hora siguió corriendo, girándose y dando golpes con la espada. Por fin le dejaron hacer un descanso. Vino a sentarse a mi lado.

-Esa espada pesa varios kilos, dice que así desarrollo más el músculo. ¡Ah! Me duele todo el lado derecho. ¿Qué? ¿Se marchó?

-Sí

-En fin, volveremos a ser sólo dos. Tengo mucha sed, ¿puedes encontrarme eso que yo bebo? 

-Tengo arriba, en el frigorífico de mi despacho. No tardo. ¿Le apetece algo más?

-No, no tengo hambre. Gracias. ¡Ah! Sí. Tráeme también una toalla por favor y un calmante.

Todo el grupo de actores que intervenía en la lucha de espadas estuvo entrenando varias horas, aunque paraban a ratos para escuchar las explicaciones del entrenador, y el director también les habló varias veces, de cómo iba a rodarse aquella escena, al final de la mañana todos estaban exhaustos, les dejaron irse a sus hoteles a descansar el resto del día.

Localicé a un masajista en el hotel, cuando volvimos nos estaba esperando, Boollmon se fue con él a la zona de gimnasio. Fui a la suite y estuve ordenando un poco mis cosas, me había traído de mi casa algunos objetos y algunos libros. Terminé y me fui a nadar un rato. La piscina del gimnasio era climatizada. El vaho olía bien, no sabía cómo lo hacían pero estaba perfumado. Acudían algunos clientes pero no muchos, además las instalaciones eran enormes. Nadar allí era de las pocas cosas que me compensaban en la cautividad, y lo hacía a menudo, siempre con permiso del sr. Boollmon. Me llamó al móvil y le dije donde estaba. Cinco minutos más tarde apareció y se lanzó al agua. Vino nadando al bordillo donde yo estaba descansando.

-¿Se encuentra mejor?

-Algo mejor. Pero aún noto cargados los músculos. ¿Esto va seguir toda la semana?

-Está programado entrenamiento, depende de él que lo haga de una forma o de otra.

-Este entrenador es el más duro que he conocido.

Me rodeó por la cintura y tiró de mí hacía una zona de la piscina que el agua llegaba al metro y medio, me llevó contra el bordillo y bajo el agua fue recorriendo el contorno de mi cuerpo con sus manos, miré hacia todos lados pero no había nadie. 

-Me gustó mucho todo lo que hiciste para mí. Te has portado muy bien, es posible que haya conseguido convertirte en una niña buena. -Empezó a deslizar un dedo alrededor y sobre mis labios. - Creo que disfruté tanto como él. –metió una mano dentro del bañador y llegó al pubis, empezó a acariciarme.-
¿No podremos repetirlo?

-No lo creo.

-¡Ah! Siento no tener preservativos de hiperlujo, no sé si existen, es posible que aún no sea tan famoso.

-Lo siento, no debí dejarle.

-No me importa, me gustó que usaras los míos.  Háblame de lo que sentiste.

-¿Qué?

-Quiero que hables de lo que sentías, de lo que pensabas mientras estabas allí con Frank. –siguió acariciándome muy suave, aunque bajo el agua el contacto se percibía menos

-¿Quiere que le hable de lo que siento cuando hago el amor?

-Quiero que me hables de lo que sentías ayer.

-No hay nada que contar.

Empezó a quitarme el bañador, le detuve.

-No puede hacer esto aquí.

-Tienes razón, vamos a ir a otro sitio.

Subimos los escalones, me llevó de la mano a una de las duchas y dejó caer el agua abundantemente sobre los dos. Me puso mi albornoz y se puso el suyo .

-Ven por aquí.

Me llevó a la zona donde estaban las cabinas de masajes, no había absolutamente nadie, entró en una.

-El chico del masaje me ha dicho que no tenía más servicios, se iba a su casa a comer- cerró la puerta por dentro.- ¿Has estado aquí con algún otro actor?

-¿Me ha traído para interrogarme?

-Exacto. Este es un buen calabozo, tiene una temperatura perfecta, aromas, música y hasta potro de torturas. ¿Has estado con otro actor aquí?

-No. Creo que sólo les he enseñado a llegar al gimnasio o a la piscina. 

Me quitó el albornoz y empezó a bajarme las tirantas del bañador, fue deslizándolo despacio hacia abajo y lo sacó. Me subió a la camilla, me dejó sentada en un extremo, cogió una toalla. Despacio, como le gustaba hacer todo, y muy suave, terminó de secarme. Sonreía, Boollmon siempre sonreía. Buscó entre los distintos tarros, cogió uno y puso música. 

-Sí, es la misma música, es muy relajante e hipnótica, así conseguiré que me cuentes mucho más. –Me tumbó con cuidado hacia atrás. Tomó un poco de crema y empezó a extenderla  desde el cuello, bajó a los hombros y por supuesto estuvo un buen rato extendiéndola en los senos, más que masaje, lo que hacía era pasar sus manos por toda la piel hasta que se absorbía. Olía bien, creo que eran hierbas aromáticas.

-Sólo es hidratante pero el olor me encanta, siento no saber dar masajes mejor, pero ya sabes que yo tengo otra especialidad. 

Acercó la banqueta del masajista y se colocó perfectamente centrado entre mis piernas. Algo no estaba a su gusto, se levantó y trajo unas toallas para colocarlas debajo de mí.

-Ahora sí, ahora estás a la altura adecuada. Vamos a seguir donde estábamos, quiero saber qué sentiste durante todo el tiempo, desde que entraste en la suite.

-No sentí nada.

-Es inútil que te resistas, sólo nos llevará más tiempo, a veces creo que lo haces a posta, para que yo te hagas más cosas. 

-No voy a hablarle de mi intimidad. Lo que sienta pertenece a mi vida privada.

-Dezh. ¿Por qué estás aquí?

Sabía lo que quería que contestara pero me tomé mi tiempo.

-Porque usted me obliga.

-¿Por qué te obligo?

-Porque… tiene poder sobre mí.

-Exacto. Y tú obedeces mis órdenes. Esto también es una orden. Quiero que empieces desde que llegaste a la suite, ¿qué sentías?

Suspiré, no iba a dejarme escapar, tendría que hablarle y no podía mentirle mucho o lo notaría.

-Estaba muy nerviosa, tenía miedo que Frank notara algo raro, y me aterrorizaba la idea de que descubriera todo.

-¿En qué momentos pensaste que yo te estaba mirando?

-No lo sé, lo pensaba a veces, otras veces no lo tenía presente.

-¿Te excitaba pensar que yo te veía?

-No.

-Mientes.




9/27/2026



                    El Método Boollmon (fragmento 9)


        Durante los días que faltaban lo preparó a fondo, buscó el mejor lugar para situar el ordenador, comprobó el zoom, las luces que se deberían encender. Me aseguró que no grabaría nada, me enseñó cómo funcionaba el equipo, no quería pensar para qué lo utilizaba. En uno de aquellos días me asaltó una idea horrible:

  • Sr. Boollmon, ¿no me habrá grabado mientras usted…?
  • ¡No!, - su rostro parecía sincero- te juro que no te he grabado. Nunca quise grabar nada de lo que te he hecho. En el futuro, sólo quiero tener recuerdos de este momento aquí –se señaló la cabeza- Eso será más que suficiente.


Frank llegaba por la tarde. Ese día todo resultó un desastre, las previsiones habían dado un día soleado pero a media mañana el cielo se nubló y empezó a soplar el viento muy fuerte. Se tuvo que parar varias veces porque el viento movía tanto la ropa que no se veía a los actores. Cuando se podía grabar, Boollmon no se sabía dos palabras seguidas de sus frases, improvisó todo el rato. El director empezó a decir tacos y la coordinadora de los asistentes me lanzó varias miradas asesinas. El viento nos hizo parar definitivamente, se dispuso que los actores volvieran al hotel y nos avisarían si cambiaba el tiempo. La coordinadora que era mi jefa directa me llamó.

-¿Qué pasa con Oswald Boollmon? ¿No estudia?

-Sí, quizás hoy estaba distraído.

-Más que distraído, está en otra parte. 

-Veré qué puedo hacer.

-Ese es tu trabajo, Dezh, no puede estar así. Estudia con él y repásale las frases. ¿Crees que le ha surgido algún problema?

-No me ha comentado nada. 

-Bueno, esperemos que no haya muchos días como este. Tú tienes experiencia, lo dejo en tus manos.





        Volvimos al hotel.

-Voy un rato al gimnasio del hotel y a la sauna. -me dijo Boollmon- ¿A qué hora has quedado?

- Le recogeré a las siete en el aeropuerto, no creo que hoy filmemos nada más, si no, le llamaría para quedar más tarde. 

-Luego te elegiré la ropa.


    Se marchó, no quería pensar en que hacía días que apenas estudiaba, no quería pensar cómo iba a sentirme cuando entrara por aquella puerta con Frank, no quería pensar en nada. Así que me puse a hacer deberes, tomé una copia del guión, y empecé a subrayar todas las frases que había dicho mal, no era difícil de recordar, había sido casi todo, tenía que obligarle a estudiar, obligarle yo a él, eso era una paradoja. Después cogí el cuaderno de notas y estuve planificando la próxima semana. Sentí hambre, pensé en pedir algo, y después pensé en trasgredir una norma, bajaría al restaurante y comería allí, me apetecía mucho salir de la suite.

Bajé, me senté en una mesita algo aislada, cerca de un ventanal y pedí ensalada y un plato de spaghetti con caviar, especialidad del chef. Estaba delicioso. Por algún extraño motivo, me sentí muy relajada, y comí muy tranquila, me tomé un postre, y una copa, cuando terminé no quedaba apenas nadie en el salón. El camarero vino a traerme la cuenta, le dije que si creía que podía cargarlo a la suite del Sr. B., el muchacho sonrió, quizá también él trasgredía una orden, me dijo que por supuesto, que el Sr. B. no iba a notar la diferencia. Y me marché.

Volví a la suite. Boollmon tardó en volver aún. Seguí haciendo cosas hasta que él llegó.

-¿No han llamado?

-No, el tiempo ha empeorado.


Me duché mientras Boollmon elegía la ropa, salí con el albornoz, vino hacia mí, me quitó el albornoz y siguió secándome con otra toalla, me dejó desnuda mientras ponía la ropa sobre la cama. Trajo mi peine, me sentó y empezó a desenredarme el pelo, y lo secó. Después fue vistiéndome, primero el sujetador, una blusa blanca muy bonita que me había comprado y una falda bastante corta. Me pinté y me peiné, ya estaba lista para irme.




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A las siete menos cuarto llegué al aeropuerto, su avión llegaba puntual. Me sentía extraña, quería verle, abrazarle, y al mismo tiempo huir de allí a toda prisa. Frank viajaba por todo el globo, cuando ganaba bastante dinero, lo empleaba en producirse algún reportaje, cuando se le acababa el dinero, buscaba trabajo. En un mes podía haber estado en tres continentes. Hacía años que nos conocíamos, para los dos era fácil mantener nuestra amistad, que un día se hizo íntima. No queríamos ni podíamos comprometernos más, nuestros trabajos se llevaban mal con formar familias, si uno quería seguir cuerdo. 

Apareció por fin con un carrito, la alegría repentina borró otros sentimientos. Nos abrazamos y me besó. Casi había olvidado ese tipo de caricias normales.

-Te he traído algunos regalos, te puedes imaginar, todo étnico. ¿Qué hacemos?

-¿Tienes que hacer algo antes o vamos a tomar algo y a cenar?

-No. Tengo que hacer cosas por la mañana. 

Fuimos a una cervecería y empezó a contarme por donde había estado y qué había hecho. Casi tenía preparado todo para realizar un documental suyo, estaba entusiasmado. No había parado de trabajar. La última vez que nos habíamos visto había sido hacía cuatro meses. 

-Ha sido una locura venir aquí para estar sólo un día.

-No. Me apetecía verte. Y mañana tengo una cita con unos productores, aún están muy fríos, veré si consigo contagiarles el entusiasmo.

- Si les hablas como a mí, te lo aseguro.

-Si tú tuvieras que poner el dinero, no te arriesgarías tampoco.


Cenamos, la conversación me relajó y me hizo sentir normal. Le dije que podíamos ir a la suite de Boollmon, se sorprendió un poco. Nunca antes había hecho eso, pero le agradaba la idea, así que llegamos al hotel, dejamos el coche en el mismo sitio, tomamos el mismo ascensor que cogía todos los días con Boollmon,  y entramos. Miré alrededor, todo estaba en orden, encendí solo unas pocas luces. Frank fue al bar.

-¿Crees que tu amigo Oswald se enfadará si me bebo un poco de su whisky?

-No, bébete lo que quieras. Ponme otro a mí. Di un par de sorbos a mi copa, y Frank me atrajo hacia él, empezó a besarme, siguió un buen rato sin dejarme la boca.

-Allí te he echado de menos muchas veces.

-Frank era un desierto. –me reí.

- Por eso. ¿Sabes el frío que hace de noche para pensar en una mujer?

Empezó a abrirme la blusa y besarme el cuello, yo hice igual, le quité su camisa, me gustaba, me sentía bien, y durante momentos me olvidaba que él nos estaría viendo, me tumbé en la cama, y le atraje hacia mí. También sentía no de manera consciente una cierta dicha de que Boollmon me viera abrazar con ganas y besar a otro hombre, que sintiera cómo estaba gozando en ese momento.

Frank siguió quitándome ropa hasta dejarme desnuda, de pronto me miró con una sonrisa y los ojos muy abiertos.

-¿Qué es esta sorpresa? ¿Qué te has hecho? No puede ser por mí, para recibirme.

Me había olvidado por completo de que mi pubis estaba muy diferente de la última vez que lo vio. Se acercó para verlo bien.

-Esto, pues… ha sido una especie de… apuesta, nos lo hicimos todas las amigas de la novia, fue…para la despedida de soltera, para que ella también se lo hiciera. –Boollmon me había llevado hacía unos días de nuevo y el dibujo volvía a estar perfectamente definido.

-Tendré que estudiarlo a fondo para que no se me olvide. Espera, antes dejemos todo preparado - abrió los cajones de la mesilla- ¿Qué marca usa Boollmon? Vaya no hay aquí, mira en la otra mesilla, ¿no tiene los preservativos en la mesilla?¡Qué snob!

- No le registres los cajones.

-No notará nada, ¡Ah! Los encontré, mira, los guarda en esta cajita, le traerá buenos recuerdos. Son de una marca normal, creí que usaría algún preservativo de hiperlujo solo para famosos.

-Basta, déjalo, va a notar que faltan.

-No, tiene bastantes, ¿no te da morbo quitárselos? Oye, déjame que estudie ese dibujo a fondo, me parece muy interesante. Es más, debería fotografiarlo, tengo que inmortalizarlo. Déjame.

-¿En serio?

-Por favor, solo haré la foto de ahí, no se verá que eres tú, además nadie va a verla y me traerá recuerdos muy agradables cuando esté por ahí.

-Está bien.

Buscó su bolsa, sacó una de sus cámaras y estuvo programándola, se colocó para enfocar bien y me hizo varias fotos desde distintos ángulos y cambiándome de postura para ver como cambiaba el dibujo. Después me hizo una foto de la cara.

- No las guardaré juntas, te lo prometo. Tienes una expresión de deseo y de excitación preciosa.