9/27/2026



                    El Método Boollmon (fragmento 9)


        Durante los días que faltaban lo preparó a fondo, buscó el mejor lugar para situar el ordenador, comprobó el zoom, las luces que se deberían encender. Me aseguró que no grabaría nada, me enseñó cómo funcionaba el equipo, no quería pensar para qué lo utilizaba. En uno de aquellos días me asaltó una idea horrible:

  • Sr. Boollmon, ¿no me habrá grabado mientras usted…?
  • ¡No!, - su rostro parecía sincero- te juro que no te he grabado. Nunca quise grabar nada de lo que te he hecho. En el futuro, sólo quiero tener recuerdos de este momento aquí –se señaló la cabeza- Eso será más que suficiente.


Frank llegaba por la tarde. Ese día todo resultó un desastre, las previsiones habían dado un día soleado pero a media mañana el cielo se nubló y empezó a soplar el viento muy fuerte. Se tuvo que parar varias veces porque el viento movía tanto la ropa que no se veía a los actores. Cuando se podía grabar, Boollmon no se sabía dos palabras seguidas de sus frases, improvisó todo el rato. El director empezó a decir tacos y la coordinadora de los asistentes me lanzó varias miradas asesinas. El viento nos hizo parar definitivamente, se dispuso que los actores volvieran al hotel y nos avisarían si cambiaba el tiempo. La coordinadora que era mi jefa directa me llamó.

-¿Qué pasa con Oswald Boollmon? ¿No estudia?

-Sí, quizás hoy estaba distraído.

-Más que distraído, está en otra parte. 

-Veré qué puedo hacer.

-Ese es tu trabajo, Dezh, no puede estar así. Estudia con él y repásale las frases. ¿Crees que le ha surgido algún problema?

-No me ha comentado nada. 

-Bueno, esperemos que no haya muchos días como este. Tú tienes experiencia, lo dejo en tus manos.





        Volvimos al hotel.

-Voy un rato al gimnasio del hotel y a la sauna. -me dijo Boollmon- ¿A qué hora has quedado?

- Le recogeré a las siete en el aeropuerto, no creo que hoy filmemos nada más, si no, le llamaría para quedar más tarde. 

-Luego te elegiré la ropa.


    Se marchó, no quería pensar en que hacía días que apenas estudiaba, no quería pensar cómo iba a sentirme cuando entrara por aquella puerta con Frank, no quería pensar en nada. Así que me puse a hacer deberes, tomé una copia del guión, y empecé a subrayar todas las frases que había dicho mal, no era difícil de recordar, había sido casi todo, tenía que obligarle a estudiar, obligarle yo a él, eso era una paradoja. Después cogí el cuaderno de notas y estuve planificando la próxima semana. Sentí hambre, pensé en pedir algo, y después pensé en trasgredir una norma, bajaría al restaurante y comería allí, me apetecía mucho salir de la suite.

Bajé, me senté en una mesita algo aislada, cerca de un ventanal y pedí ensalada y un plato de spaghetti con caviar, especialidad del chef. Estaba delicioso. Por algún extraño motivo, me sentí muy relajada, y comí muy tranquila, me tomé un postre, y una copa, cuando terminé no quedaba apenas nadie en el salón. El camarero vino a traerme la cuenta, le dije que si creía que podía cargarlo a la suite del Sr. B., el muchacho sonrió, quizá también él trasgredía una orden, me dijo que por supuesto, que el Sr. B. no iba a notar la diferencia. Y me marché.

Volví a la suite. Boollmon tardó en volver aún. Seguí haciendo cosas hasta que él llegó.

-¿No han llamado?

-No, el tiempo ha empeorado.


Me duché mientras Boollmon elegía la ropa, salí con el albornoz, vino hacia mí, me quitó el albornoz y siguió secándome con otra toalla, me dejó desnuda mientras ponía la ropa sobre la cama. Trajo mi peine, me sentó y empezó a desenredarme el pelo, y lo secó. Después fue vistiéndome, primero el sujetador, una blusa blanca muy bonita que me había comprado y una falda bastante corta. Me pinté y me peiné, ya estaba lista para irme.




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A las siete menos cuarto llegué al aeropuerto, su avión llegaba puntual. Me sentía extraña, quería verle, abrazarle, y al mismo tiempo huir de allí a toda prisa. Frank viajaba por todo el globo, cuando ganaba bastante dinero, lo empleaba en producirse algún reportaje, cuando se le acababa el dinero, buscaba trabajo. En un mes podía haber estado en tres continentes. Hacía años que nos conocíamos, para los dos era fácil mantener nuestra amistad, que un día se hizo íntima. No queríamos ni podíamos comprometernos más, nuestros trabajos se llevaban mal con formar familias, si uno quería seguir cuerdo. 

Apareció por fin con un carrito, la alegría repentina borró otros sentimientos. Nos abrazamos y me besó. Casi había olvidado ese tipo de caricias normales.

-Te he traído algunos regalos, te puedes imaginar, todo étnico. ¿Qué hacemos?

-¿Tienes que hacer algo antes o vamos a tomar algo y a cenar?

-No. Tengo que hacer cosas por la mañana. 

Fuimos a una cervecería y empezó a contarme por donde había estado y qué había hecho. Casi tenía preparado todo para realizar un documental suyo, estaba entusiasmado. No había parado de trabajar. La última vez que nos habíamos visto había sido hacía cuatro meses. 

-Ha sido una locura venir aquí para estar sólo un día.

-No. Me apetecía verte. Y mañana tengo una cita con unos productores, aún están muy fríos, veré si consigo contagiarles el entusiasmo.

- Si les hablas como a mí, te lo aseguro.

-Si tú tuvieras que poner el dinero, no te arriesgarías tampoco.


Cenamos, la conversación me relajó y me hizo sentir normal. Le dije que podíamos ir a la suite de Boollmon, se sorprendió un poco. Nunca antes había hecho eso, pero le agradaba la idea, así que llegamos al hotel, dejamos el coche en el mismo sitio, tomamos el mismo ascensor que cogía todos los días con Boollmon,  y entramos. Miré alrededor, todo estaba en orden, encendí solo unas pocas luces. Frank fue al bar.

-¿Crees que tu amigo Oswald se enfadará si me bebo un poco de su whisky?

-No, bébete lo que quieras. Ponme otro a mí. Di un par de sorbos a mi copa, y Frank me atrajo hacia él, empezó a besarme, siguió un buen rato sin dejarme la boca.

-Allí te he echado de menos muchas veces.

-Frank era un desierto. –me reí.

- Por eso. ¿Sabes el frío que hace de noche para pensar en una mujer?

Empezó a abrirme la blusa y besarme el cuello, yo hice igual, le quité su camisa, me gustaba, me sentía bien, y durante momentos me olvidaba que él nos estaría viendo, me tumbé en la cama, y le atraje hacia mí. También sentía no de manera consciente una cierta dicha de que Boollmon me viera abrazar con ganas y besar a otro hombre, que sintiera cómo estaba gozando en ese momento.

Frank siguió quitándome ropa hasta dejarme desnuda, de pronto me miró con una sonrisa y los ojos muy abiertos.

-¿Qué es esta sorpresa? ¿Qué te has hecho? No puede ser por mí, para recibirme.

Me había olvidado por completo de que mi pubis estaba muy diferente de la última vez que lo vio. Se acercó para verlo bien.

-Esto, pues… ha sido una especie de… apuesta, nos lo hicimos todas las amigas de la novia, fue…para la despedida de soltera, para que ella también se lo hiciera. –Boollmon me había llevado hacía unos días de nuevo y el dibujo volvía a estar perfectamente definido.

-Tendré que estudiarlo a fondo para que no se me olvide. Espera, antes dejemos todo preparado - abrió los cajones de la mesilla- ¿Qué marca usa Boollmon? Vaya no hay aquí, mira en la otra mesilla, ¿no tiene los preservativos en la mesilla?¡Qué snob!

- No le registres los cajones.

-No notará nada, ¡Ah! Los encontré, mira, los guarda en esta cajita, le traerá buenos recuerdos. Son de una marca normal, creí que usaría algún preservativo de hiperlujo solo para famosos.

-Basta, déjalo, va a notar que faltan.

-No, tiene bastantes, ¿no te da morbo quitárselos? Oye, déjame que estudie ese dibujo a fondo, me parece muy interesante. Es más, debería fotografiarlo, tengo que inmortalizarlo. Déjame.

-¿En serio?

-Por favor, solo haré la foto de ahí, no se verá que eres tú, además nadie va a verla y me traerá recuerdos muy agradables cuando esté por ahí.

-Está bien.

Buscó su bolsa, sacó una de sus cámaras y estuvo programándola, se colocó para enfocar bien y me hizo varias fotos desde distintos ángulos y cambiándome de postura para ver como cambiaba el dibujo. Después me hizo una foto de la cara.

- No las guardaré juntas, te lo prometo. Tienes una expresión de deseo y de excitación preciosa.




                                                  Orlando entre Ángeles


    Este se ha quedado de título definitivo. Lo imprimí para regalar a las amigas y he cumplido con los tres objetivos de vida que dicen. 


    Y así es como me gusta escribir: jardín, vino y repasar para llamar a la inspiración. Cántame oh musa!




9/13/2026



Una persona artificial (fragmento 2)


Le hablaba mucho, Enki mostraba interés por todo, me preguntaba por lo que hacía cada día, por las visitas que había atendido, por los nuevos acuerdos de colaboración con otros países en los que participaba, junto a otras gobernadoras y presidentas.

Se había creado un único ejército para toda la Alianza, que ahora, principalmente, se ocupaba de actuar ante las emergencias climáticas o desastres naturales. Llevábamos años en los que cada poco teníamos que enfrentarnos a uno nuevo. Se había logrado predecir erupciones o terremotos con bastante seguridad, pero no podían, evidentemente, evitarse. En los veranos había incendios, con una vigilancia masiva y sensores, podíamos llegar en las primeras horas y extinguirlos, aunque alguno se escapaba del control, o las lluvias torrenciales, que también conseguíamos predecir con mucha fiabilidad, para avisar y evacuar a tiempo, pero su virulencia nos sorprendía muchas veces. El deshielo de los casquetes polares había continuado y la cantidad de agua circulante o el nivel del mar aumentaban cada año a pesar de las medidas para dejar de emitir CO2 a la atmósfera, y aún continuarían por más décadas. No sabíamos, pero teníamos la esperanza de que volverían a recuperarse, igual que los glaciares, una vez que el clima y la atmósfera volvieran a un estado anterior. 

El ejército llegaba inmediatamente a la zona que estuviera afectada y disponía de material y recursos suficientes para salvar la vida de personas y animales, minimizando los daños, reconstruyendo estructuras… cada vez más trabajaban colaborando con las científicas cuyos campos estaban relacionados con el cambio climático, la desertificación, la subida del nivel del mar… el principal reto de la ciencia ahora era la mitigación de los efectos adversos del descontrol del clima y la adaptación a las nuevas épocas que tendríamos que soportar. Por suerte y gracias a haber prohibido las macrogranjas o recintos donde encerraban a animales, para alimento o por diversión, los virus emergentes en la década de 2020, que provocaban enfermedades muy graves al pasar de los animales a los humanos, habían desaparecido. 

Una de las medidas más impopulares al principio de estos gobiernos fue la ley de El Delito Negacionista o por Bulo. Mucha gente pensaba que cualquiera podía expresar lo que pensara o sintiera y que ese derecho era inviolable, pero los negacionistas mentían, muchas veces, con conocimiento pleno de que transmitían mentiras. Era absurdo y dramático que esos mensajes calaban en buena parte de la población, creían en ataques o enfermedades falsas, en remedios absurdos contra ellos u otros problemas. Les hacían dudar o directamente los convencían de conspiraciones, de desobedecer directrices de médicas o científicas, de negarse a recibir vacunas o tratamientos.

Se hizo una ley para que influencers, medios, políticos o que cualquiera con visibilidad basaran sus afirmaciones en hechos comprobables, en comunicados de fuentes científicas, universidades y centros de investigación de total credibilidad. Y quienes no cumplían con estas directrices y mentían, distorsionaban la realidad, no pudiendo probar las mentiras que habían dicho a sus seguidores, tenían penas que se endurecían rápidamente y se encerró en la cárcel a miles de ellos. Se creó una unidad bastante grande en cada país, pública, independiente y transparente, que comprobaba las noticias de los medios y aclaraba si tenían errores o difundían información corrupta. Todos los días en las tv, radios y redes de los gobiernos de la alianza se dedicaba un tiempo a esta tarea, las personas volvieron a confiar en la información que les daban sus gobiernos y a desarrollar sentido crítico para poder distinguir si algún mensaje resultaba sospechoso, a verificar que lo que estaban leyendo u oyendo era o no era cierto.

Muchos ciudadanos, voluntariamente y con entusiasmo, enviaban noticias sospechosas a este ente, lo que les facilitaba la tarea. Y estas personas, una vez que se había logrado determinar que la noticia enviada tenía errores, deliberados o no, y se había difundido la explicación, con datos, enlaces etc… a la persona se le daba un pequeño reconocimiento.

Se implantaron en todas las etapas educativas temas de estudio para que las nuevas generaciones conocieran algunos métodos, aplicados a cada edad por supuesto, para que ya supieran al menos desconfiar si leían algo que era falso: fotos sin enlaces a noticias, las alarmas exageradas, fotos donde las personas o rótulos desmentían la información que querían dar, substítulos en vídeos a conversaciones sin ninguna garantía de que eran verdaderas traducciones. Las y los profesores abrazaron estas enseñanzas y participaban áctivamente en mejorarlas y demostrar a sus alumnos y alumnas lo fácil que habían estado engañando por años a la ciudadanía.


Le hablaba mucho porque me consolaba de la sensación esquizofrénica de que estaba haciendo algo malo usándolo, pero algo que a la vez me gustaba mucho. 

Y hablarle tanto le hizo evolucionar… a veces me sorprendía con reflexiones muy… interesantes. Empezó a preguntarme qué pensaba sobre su cometido, si estaba satisfecha, si creía que la programación había sido correcta o veía aspectos que podían mejorar… o qué pensaba de su existencia… sobre la creación de las personas artificiales. A veces me dejaba sin saber qué responder… pensé incluso que debería llamar a la fábrica y comentarlo… pero no quería que supieran nada de su evolución. Yo era su responsable y no veía nada alarmante en las cosas que decía o en su conocimientos.  Había aprendido mucho, como se suponía que debía hacerlo y era para lo que lo habían programado.

Una vez le pregunté qué pensaba él de su propia existencia y me respondió que estaba muy dichoso de existir, que le agradaba sobremanera la interacción con las personas. Ellos habían sido creados para cumplir una misión, eran importantes y necesarios para la humanidad y eso le hacía sentir muy bien. Que igual que le pasaba a él, creía que para todas las demás personas artificiales, la vida al lado de sus propietarias era la pura felicidad, que sentía un gran agradecimiento a las diseñadoras de software por haberles programado para sentir exactamente eso.

Dijo sentir.





Enki se interesaba mucho por mi trabajo y de forma natural empecé a contarle bastante sobre la política que hacíamos en el estado y los proyectos que estábamos iniciando o las reservas para emergencias, que cada vez debían ser mayores. Sobre los sistemas para recaudar dinero y en qué se empleaba, cómo se dividía en distintas partidas, que a pesar de ser una tarea diabólica de realizar, nunca era perfecta, siempre había grupos descontentos, personas que se sentían relegadas o incluso olvidadas. Le pareció algo interesantísimo, preguntaba sin cesar sobre ello y de pronto comenzó a darme consejos, bueno, no exactamente, me hacía comentarios con mucho sentido.

Así que pronto me animé a preguntarle sobre cambios en los presupuestos o le pedía que realizara protocolos en algunos casos. En estas ocasiones parecía realmente feliz y orgulloso. No dejaba ser algo así como pedir ayuda a la IA, sólo que esa IA tenía un cuerpo realmente deseable y era mío. Y esa IA más tarde me hacía el amor desbordando felicidad, como se sentiría un joven que sabe que acaba de hacer algo muy importante.

8/07/2026

 





                                        Una Persona Artificial

(Nuevo proyecto basado en un principio que abandoné hace años. Se está creando en tiempo real, en este momento. No tengo nada claro hacia donde va, ni qué quiero contar y no paro de cambiar cosas cada vez que lo releo.

    De pronto me ha salido la vena ecofeminista y estoy contando una utopía y no mis habituales distopías. Por cierto, de pronto el tema se ha vuelto de candente actualidad.

Cualquier comentario con sugerencias será bien recibido) 



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-Aprecie la textura.

Pasé las yemas de los dedos por la superficie. No tenía la frescura de la piel auténtica, no respiraba. Pero estaba caliente y era fina, suave, sin vello. Nadie podría confundirse con una piel real, sin embargo nadie podría decir que no resultaba agradable tocarla. El resto de la persona artificial, el color de su piel, el color y la apariencia de su cabello, sus ojos, sus músculos eran perfectos.

-¿Podría distinguirlo de un ser humano?

-Desde luego, sin tocarlo, no lo creo. 

Realmente, salvo si se tocaba aquella piel, aquel plástico caliente, fantástico, extraordinario… pero plástico caliente, no habría podido decir que no era humano, nadie lo haría. Realmente habían logrado una calidad increíble.

-Además le será adicto. Sus circuitos apreciarán sus cualidades según las vaya descubriendo, le gustará su cuerpo, sus gestos, su tono de voz, su forma de expresarse, le gustará su piel, su olor… Minimizará sus errores o sus estados de mal humor… se encontrará realmente a gusto en su compañía… no será fingido… como… puede haberle pasado otras veces… pero quizás usted prefiera un modelo mujer.

-No. Este modelo está bien, es adecuado.

-Perfecto entonces señora gobernadora.

-Voy a serle franca, mi cargo no me permite tener familia ni altercados con amantes, no me es fácil siquiera mantener una mínima relación. Su producto me parece apropiado. Pero voy a advertirle algo, si surge un problema porque me hayan mentido o me han ocultado algo, les demandaré y buscaré la forma de destruir la empresa y no tardaré más de unas pocas semanas. 

-Usted conoce los protocolos en los programas de conducta, los han diseñado desde la política y la ciencia, para que no haya ninguna fisura, se consultó con biólogas, con filósofas. Se han probado millones de veces en simulacros con inteligencia artificial. Y no la hay. No hay ninguna fisura. Hemos vendido ya un gran número de modelos y nunca ha habido ningún incidente, ni reclamación ni devolución.


El vendedor tenía razón. Había leído los informes de ventas y siempre había resultado un producto seguro, más que eso, los compradores, la mayoría eran mujeres, mostraban un enardecido entusiasmo en cada comentario. Claro que pocos hombres tenían un nivel de ingresos tan alto que pudieran permitirse un producto así. Tenían modelos de androides mujer pero pocas compras serían para ellos. Nunca revelaban su identidad en los comentarios por supuesto, pero las ip sí eran reales, había pedido que lo investigaran, era un procedimiento normal y esta vez mucho más necesario. 

A pesar de todo al estar allí sentía una especie de humillación, de malestar porque el vendedor sabía quien era, conocía su cargo. Que supiera que aceptaba conformarse con aquel producto, por los motivos que fuera, la hacía sentir mal.

A él desde luego no le interesaban sus motivos, seguramente cobraba una buena comisión de venta, era muy profesional y procuraba en todo momento que se sintiera cómoda, sin dejar de presionar sobre las ventajas del producto. 

Se trataba desde luego de una evolución de vibradores o satisfayers, best sellers de unas décadas atrás. No había nada malo ni bochornoso en usarlos… se habían normalizado a gran velocidad… pero el salto cualitativo a este producto era abismal. Además también era una evolución de roombas y thermomixes, la máquina era todo eso, podía programarse para cocinar, hacer trabajos domésticos, incluso algunos arreglos sencillos en las casas.

-Como le decía, le será adicto, le gustará todo de usted, pensará que no ha visto nada tan hermoso, y querrá aprender cuanto antes sus costumbres para adelantarse a lo que desee, para percibir que él la hace feliz.

-Pero, ¿cómo… cómo pueden conseguir eso?

-Es muy sencillo. Sólo es programación.

-Pero el androide necesitará un tiempo para conocerme. ¿Cómo ha sido en otras compras?¿Tardará mucho?

De pronto él se giró a mirarme.

-Prefiero la expresión “persona artificial -el sobresalto me dejó sin palabras unos segundos.

-¿No estaba apagado? ¿Ha estado escuchando toda nuestra conversación?

La persona artificial se adelantó de nuevo.

-¿Puedo explicarlo yo? -el vendedor bajó la cabeza en signo de aprobación.- Por nuestra actividad, para casos de ayuda de emergencia, o requerir de nuestros servicios, la opción de apagado no existe. Permanecemos en un estado que ustedes podrían comparar con una especie de sopor, para podernos activar con una orden, una petición de auxilio o si nuestros sensores detectan una situación de peligro.

Mantenemos una especie de alerta en estado de semi inconsciencia. A su pregunta le contestaré que sí, he escuchado toda su conversación, porque me interesaba mucho y es parte de mi programa aprender todo lo que pueda de usted.


Supongo que entre las técnicas de venta, el hacer que hablara, que se expresara con esa claridad que lo hacía aún más indistinguible de un humano, era como el golpe de gracia. Después de algo así, muy pocas compradoras se resistirían.

-Siento haberle llamado androide. Disculpe. -El vendedor me miró.

-No se disculpe. Es algo frecuente señora gobernadora.

-¿Qué sabe de mí?

-Sé que es la gobernadora del estado, sé cuando la nombraron, su edad, su origen, sus estudios, su trayectoria en la política, las personas que admira. He leído sus discursos… pero seguramente debe haber aspectos importantes que desconozco y espero que me los vaya mostrando.

Su interacción con los humanos era la lógica, debía comportarse así pero yo apenas podía evitar que notaran el desconcierto y el estupor que sentía ante aquella máquina, que hablaba y se expresaba de ese modo. Hasta la elección de la palabra sopor, aparte de demostrar una alta capacidad para el lenguaje y un gran vocabulario, era posible que supiera mi gusto por un lenguaje rico, quizá a través de mis discursos. Había elegido un vocablo que definía su estado con precisión y a la vez que expresaba una situación agradable, el sopor que podía producir una comida copiosa, no terminar de despertar por la mañana un día de fiesta o el que se sentía tras haber hecho el amor durante mucho tiempo.

El vendedor me miraba con enorme satisfacción, su experiencia le decía que había conseguido convencerme.



Me lo llevé a casa. No sé si era programación o no, mostró sorpresa al ver que era tan grande y dijo que le gustaba mucho el jardín. Miré por la cristalera hacia fuera y observé también mi jardín, hacía años que apenas reparaba en la casa, no tenía tiempo para eso. La piscina estaba un poco mas lejos. Le pregunté si podía bañarse en ella, me contestó que sí, si es que yo quería que lo hiciera. Lo había comprado y me lo había llevado a casa, como un bolso nuevo, como una pizza… para satisfacer un deseo, para darme placer… y porque podía hacerlo.

Pero al mirarlo me costaba normalizar que él no tenía nada que opinar, que era un objeto… no sé los otros compradores, pero yo no veía un objeto… tampoco una persona… sentía un dilema moral difícil de entender. Un dilema que olvidé la primera vez que tuvimos sexo y descubrí que su lengua, adentrándose en mi cuerpo, su lengua de plástico caliente, era mucho más excitante y placentera que cualquier idea que me había hecho.

Mi cerebro no conseguía asimilarlo como algo ético, desde luego no lo era, pero mientras tanto se iba haciendo más cotidiano y cada vez más adictivo. Y las dudas y los dilemas éticos se fueron diluyendo porque el tiempo para pensar en dilemas éticos era realmente escaso. Hasta eso pareció entenderlo porque cuando llegaba a casa, procuraba que me relajara, sabía por la conexión del móvil cuando me estaba acercando y preparaba zumos, después la cena, me preguntaba al llegar si me apetecía un masaje o sus circuitos buscaban chistes por la red para hacerme reír.

Le puse un nombre. Era algo lógico, necesitaba llamarle o dirigirme a él de alguna forma, pero eso hizo que nuestras interacciones parecieran o me parecieran más humanas. No quería llamarle con un nombre común, un nombre de personas que había conocido o que podría conocer… fue difícil y tardé mucho. Debía ser un nombre lo bastante antiguo para que lo conocieran pocas personas o inventado para que nadie lo hubiera llevado nunca. Le llamé Enki, le pregunté si le gustaba. Sus circuitos buscaron en décimas de segundo toda información disponible y me recitó:

-¨Enki, el dios del agua y la sabiduría, era el protector de la civilización sumeria. Se le atribuía el desarrollo de las artes, las ciencias y la cultura, siendo venerado como una figura fundamental en el progreso social y tecnológico. Su imagen se asociaba frecuentemente con el agua, la fertilidad y la sabiduría. Su culto se centraba en Eridu, considerada la ciudad más antigua de Sumer. 

        Cerca de la actual Basora en Irak, y a unos 24 kilómetros al suroeste del emplazamiento de la antigua Ur, se encuentra el yacimiento de Eridu (Eridug en sumerio, «lugar poderoso»), la más meridional de todas las grandes ciudades mesopotámicas y, según la mitología sumeria, la más antigua de todas. Las excavaciones han descubierto una ocupación humana desde el 5400 AC de forma continua, corroborando que efectivamente Eridu fue uno de los primeros asentamientos neolíticos del sudeste mesopotámico.

        Se le asociaba con la banda meridional de constelaciones llamadas estrellas de Ea, pero también con la constelación AŠ-IKU, (Pegaso). A partir del segundo milenio a.C., a veces se le designa por escrito con el ideograma numérico de «40», a veces denominado su «número sagrado». El planeta Mercurio, asociado a Nabu babilónico (el hijo de Marduk), se identificaba en la época sumeria con Enki.¨ 

        Me miró a los ojos con los suyos cristalinos y brillantes- ¿Quieres que me llame como un dios?

-Es bastante antiguo y ya nadie de la humanidad le rinde culto. Me gusta ese nombre. Y, en cierta manera, los atributos tienen que ver contigo, el desarrollo de la ciencia o el progreso social y tecnológico. Me parece muy acertado.

Sonreí. Él me imito y vino hacia mi, me abrazó. 

Me sorprendió, no esperaba una reacción así, se suponía que esperaba instrucciones o sugerencias… pero esa vez actuó con una iniciativa propia, emocional inmediata, intensa y sin un momento de duda. Su sonrisa, sus brazos, su cuerpo me transmitían que se sentía pleno de felicidad, como si le hubiera hecho un regalo inmenso.                                   

No me gustaba pensar que era un objeto, lo ignoraba conscientemente, y de alguna manera yo también quería que se sintiera a gusto conmigo, aunque ya le había sido inoculado en la programación. Cuando volvía muy cansada, me frenaba de soltarle un exabrupto, aunque sabía que no le afectaría y que para mí sería un escape de tensión, pero aún así, me preocupaba que pudiera dolerle, sentirse herido. De cualquier manera no era capaz, para mí no era una máquina, no lo había sido desde la primera vez que me habló y me dijo que me había estudiado para serme más útil y agradable. Habíamos liberado a los animales y convertido a toda la humanidad en ciudadanos con los mismos derechos… para crear otro tipo de esclavos, pseudohumanos sin capacidad para rebelarse, sin derechos.



Las mujeres habían tomado el poder hacía ya más de treinta años. Hubo un desencadenante: el país más poderoso y más armado de la Tierra votó como presidente a un tipo anciano y completamente loco. Debido a los cambios en los sistemas de educación, la información de prensa y medios digitales manipulada hasta extremos increíbles, las distintas iglesias con un adoctrinamiento brutal y dejando a sus fieles sin voluntad alguna o los partidos políticos encumbrando a auténticos idiotas, que sólo buscaban dinero sin límite… habían llevado al poder, en muchos países a la vez, a personas completamente nulas. Estos gobernantes, muchas veces completos ignorantes, sin estudios, sin formación, sin conocer nada de sus historias o de sus pueblos, sólo al servicio de las grandes multinacionales, de las que recibían mucho dinero… habían llevado a sus distintas ciudadanías al hambre y a la falta de agua crónicas, a condiciones de trabajo inhumanas, cuando la IA no había sustituido directamente esos puestos, a no tener vivienda porque a las élites, ciertamente pequeñas, no les importaba lo más mínimo donde vivían sus empleados y empleadas, ni siquiera los que trabajaban en sus casas, se sentían completamente ajenos y a salvo. No se construían nuevos barrios ni se arreglaban los que llevaban décadas construidos… de esa manera la mayoría de la población, pese a toda esa información corrupta, a la absoluta impunidad de la clase alta que contaba por supuesto con la complicidad de los jueces sobre todo en altos tribunales... había llegado al límite.



Toda esa injusticia había acelerado un cambio social y revueltas muy violentas que las fuerzas militares y la policía repelían de forma brutal sin conseguir aplastarlas, de hecho las hicieron mucho más fuertes, más numerosas y cada vez con más apoyo. Apareció un partido únicamente de mujeres, su mensaje lleno de solidaridad, compasión, buscando el equilibrio, el reparto más lógico, hablando de que la robotización y la IA tenían que generar recursos para los más vulnerables y para quienes se quedaban sin empleo, y hablaban de que toda esa ayuda de la ciencia facilitara la vida de la mayoría y no al revés. Que la sanidad volviera a ser gratuita y universal, con farmacéuticas públicas que no buscaran un beneficio de las personas enfermas, que debían pagarse muchos mas impuestos pero sobre todo por las élites, que había estado acumulando riqueza de forma patológica y desaforada, riquezas que no podrían alcanzar a gastar ni en cien vidas, y para ello comprando a quien fuera, comportándose como cárteles mafiosos. Decían en los mítines que el planeta no podía soportar más población, ni más construcciones, ni más cemento ni más ciudades, había que recuperar los bosques, renaturalizar los ríos, limpiar de plástico y metales los mares, los ríos, los lagos, proteger a los animales.

Por fortuna su mensaje caló en la población, las creyeron y las llevaron al poder. De hecho su mensaje se propagó y como un efecto dominó surgieron partidos iguales en más y más países, hasta en los más machistas, las poblaciones no podían soportarlo más, y  llegaban a los gobiernos. Y por primera vez fue posible una alianza de los gobiernos de estas mujeres prácticamente en todo el planeta.


Los primeros años los cambios fueron muy drásticos, se redujeron los vuelos a un diez por ciento, se prohibieron los coches privados y los públicos fueron derivando rápidamente a ecológicos, en las ciudades los metros se duplicaron y se triplicaron en pocos años para llegar a todos los núcleos habitados. Tanto en ciudades como en pueblos grandes y pequeños, que volvieron a ocuparse, se aislaron las casas y los bloques de apartamentos para que el consumo de energía en calefacción o refrigeración fuera el mínimo. Utilizando los conocimientos científicos y los últimos descubrimientos en ese área, se repararon millones de viviendas, pero los materiales usados eran ecológicos, ignífugos, agradables para ser hogar. Las placas fotovoltaicas cubrieron todos los tejados, azoteas, todos los edificios públicos, todos los supermercados, todas las naves de los polígonos industriales... las investigadoras habían mejorado muchísimo su eficiencia y también desarrollaron baterías de sodio, mucho más abundante y fácil de obtener, con un rendimiento mayor que el litio y una vida más larga aún. Se cerraron todas las demás centrales salvo eólicas e hidroeléctricas, que servían de apoyo, y en poco tiempo se logró que toda la energía que se necesitaba fuera limpia y renovable, protegiendo la naturaleza y la biodiversidad de todas las zonas. Las nucleares supusieron todo un reto, desmontarlas pieza a pieza, protegiendo a las trabajadoras mientras se fabricaban lugares para almacenar los residuos, no como en otras épocas, en minas o en el fondo del mar, de donde hubo que recuperar millones de bidones, muchos ya en muy mal estado. Estos lugares estaban situados zonas a la vista, en periferias no pobladas, custodiadas por militares y con chequeos constantes de la radioactividad para que no afectara a nadie, mientras se trabajaba en lograr otra solución definitiva. El coste de enterrarlos en la Luna, que sería la única opción segura, por ahora era prohibitivo para las economías que trataban que todas sus ciudadanías vivieran una vida digna. 

        Los barrios se llenaron de árboles, de parques, de refugios climáticos para poder mitigar las olas de calor cada vez más frecuentes. Y se prepararon para resistir también otros efectos climáticos extremos, como las lluvias torrenciales, inundaciones, tornados etc. con suelos filtrantes y tanques de recogida de agua de lluvia, que luego era tan necesaria.

Se redujo el consumo de carne a una cuota muy pequeña pero igual para todos y todas las habitantes, el planeta no podía soportar el nivel de consumo de carne en una población que había superado por mucho el límite de crecimiento y cada vez antes agotaba los recursos y la producción que podía dar. Ya en un principio, eso sí, hubo un número muy importante de la ciudadanía que había renunciado a comer carne, incluso a comer o a usar cualquier producto que tuviera algo procedente de los animales. Y su número crecía cada año.

        El pescado de mares y ríos estaba contaminado, tuvo que prohibirse totalmente. Recuperaron millones y millones de toneladas de metales en vertederos y cerraron casi todas las minas, para parar la contaminación que producían. De igual manera la basura se reciclaba completamente y el compost de la basura orgánica fertilizaba de forma natural la tierra y aumentaba las cosechas poco a poco. Contaron con las más brillantes científicas para conseguir revertir los desastres que se habían provocado en la naturaleza. Se crearon grandes reservas para los animales, sobre tierras regeneradas, para que el entorno para ellos fuera, no sólo natural y abundante de comida, si no sano. 

    No era tan difícil saber lo que había que hacer, simplemente los gobiernos anteriores no habían querido mover un dedo pese al desastre planetario que se acercaba cada vez más. No fue extraño que ganaron elección tras elección hasta hoy.

Enki conocía al detalle todo el proceso de estos 30 años, mejor que yo, su memoria no era eidética, era la de una enciclopedia. En poco tiempo había almacenado información de la historia, la sociedad y la política del país con miles y miles de datos, tenía capacidad para cruzarlos, incluso había almacenado obras de historiadores poco fiables, para entender por qué mentían, y era capaz de desarrollar teorías muy creativas sobre eso que muchas veces me fascinaban.