9/27/2026



                    El Método Boollmon (fragmento 8)


        Durante los días que faltaban lo preparó a fondo, buscó el mejor lugar para situar el ordenador, comprobó el zoom, las luces que se deberían encender. Me aseguró que no grabaría nada, me enseñó cómo funcionaba el equipo, no quería pensar para qué lo utilizaba. En uno de aquellos días me asaltó una idea horrible:

  • Sr. Boollmon, ¿no me habrá grabado mientras usted…?
  • ¡No!, - su rostro parecía sincero- te juro que no te he grabado. Nunca quise grabar nada de lo que te he hecho. En el futuro, sólo quiero tener recuerdos de este momento aquí –se señaló la cabeza- Eso será más que suficiente.


Frank llegaba por la tarde. Ese día todo resultó un desastre, las previsiones habían dado un día soleado pero a media mañana el cielo se nubló y empezó a soplar el viento muy fuerte. Se tuvo que parar varias veces porque el viento movía tanto la ropa que no se veía a los actores. Cuando se podía grabar, Boollmon no se sabía dos palabras seguidas de sus frases, improvisó todo el rato. El director empezó a decir tacos y la coordinadora de los asistentes me lanzó varias miradas asesinas. El viento nos hizo parar definitivamente, se dispuso que los actores volvieran al hotel y nos avisarían si cambiaba el tiempo. La coordinadora que era mi jefa directa me llamó.

-¿Qué pasa con Oswald Boollmon? ¿No estudia?

-Sí, quizás hoy estaba distraído.

-Más que distraído, está en otra parte. 

-Veré qué puedo hacer.

-Ese es tu trabajo, Dezh, no puede estar así. Estudia con él y repásale las frases. ¿Crees que le ha surgido algún problema?

-No me ha comentado nada. 

-Bueno, esperemos que no haya muchos días como este. Tú tienes experiencia, lo dejo en tus manos.





        Volvimos al hotel.

-Voy un rato al gimnasio del hotel y a la sauna. -me dijo Boollmon- ¿A qué hora has quedado?

- Le recogeré a las siete en el aeropuerto, no creo que hoy filmemos nada más, si no, le llamaría para quedar más tarde. 

-Luego te elegiré la ropa.


    Se marchó, no quería pensar en que hacía días que apenas estudiaba, no quería pensar cómo iba a sentirme cuando entrara por aquella puerta con Frank, no quería pensar en nada. Así que me puse a hacer deberes, tomé una copia del guión, y empecé a subrayar todas las frases que había dicho mal, no era difícil de recordar, había sido casi todo, tenía que obligarle a estudiar, obligarle yo a él, eso era una paradoja. Después cogí el cuaderno de notas y estuve planificando la próxima semana. Sentí hambre, pensé en pedir algo, y después pensé en trasgredir una norma, bajaría al restaurante y comería allí, me apetecía mucho salir de la suite.

Bajé, me senté en una mesita algo aislada, cerca de un ventanal y pedí ensalada y un plato de spaghetti con caviar, especialidad del chef. Estaba delicioso. Por algún extraño motivo, me sentí muy relajada, y comí muy tranquila, me tomé un postre, y una copa, cuando terminé no quedaba apenas nadie en el salón. El camarero vino a traerme la cuenta, le dije que si creía que podía cargarlo a la suite del Sr. B., el muchacho sonrió, quizá también él trasgredía una orden, me dijo que por supuesto, que el Sr. B. no iba a notar la diferencia. Y me marché.

Volví a la suite. Boollmon tardó en volver aún. Seguí haciendo cosas hasta que él llegó.

-¿No han llamado?

-No, el tiempo ha empeorado.


Me duché mientras Boollmon elegía la ropa, salí con el albornoz, vino hacia mí, me quitó el albornoz y siguió secándome con otra toalla, me dejó desnuda mientras ponía la ropa sobre la cama. Trajo mi peine, me sentó y empezó a desenredarme el pelo, y lo secó. Después fue vistiéndome, primero el sujetador, una blusa blanca muy bonita que me había comprado y una falda bastante corta. Me pinté y me peiné, ya estaba lista para irme.




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A las siete menos cuarto llegué al aeropuerto, su avión llegaba puntual. Me sentía extraña, quería verle, abrazarle, y al mismo tiempo huir de allí a toda prisa. Frank viajaba por todo el globo, cuando ganaba bastante dinero, lo empleaba en producirse algún reportaje, cuando se le acababa el dinero, buscaba trabajo. En un mes podía haber estado en tres continentes. Hacía años que nos conocíamos, para los dos era fácil mantener nuestra amistad, que un día se hizo íntima. No queríamos ni podíamos comprometernos más, nuestros trabajos se llevaban mal con formar familias, si uno quería seguir cuerdo. 

Apareció por fin con un carrito, la alegría repentina borró otros sentimientos. Nos abrazamos y me besó. Casi había olvidado ese tipo de caricias normales.

-Te he traído algunos regalos, te puedes imaginar, todo étnico. ¿Qué hacemos?

-¿Tienes que hacer algo antes o vamos a tomar algo y a cenar?

-No. Tengo que hacer cosas por la mañana. 

Fuimos a una cervecería y empezó a contarme por donde había estado y qué había hecho. Casi tenía preparado todo para realizar un documental suyo, estaba entusiasmado. No había parado de trabajar. La última vez que nos habíamos visto había sido hacía cuatro meses. 

-Ha sido una locura venir aquí para estar sólo un día.

-No. Me apetecía verte. Y mañana tengo una cita con unos productores, aún están muy fríos, veré si consigo contagiarles el entusiasmo.

- Si les hablas como a mí, te lo aseguro.

-Si tú tuvieras que poner el dinero, no te arriesgarías tampoco.


Cenamos, la conversación me relajó y me hizo sentir normal. Le dije que podíamos ir a la suite de Boollmon, se sorprendió un poco. Nunca antes había hecho eso, pero le agradaba la idea, así que llegamos al hotel, dejamos el coche en el mismo sitio, tomamos el mismo ascensor que cogía todos los días con Boollmon,  y entramos. Miré alrededor, todo estaba en orden, encendí solo unas pocas luces. Frank fue al bar.

-¿Crees que tu amigo Oswald se enfadará si me bebo un poco de su whisky?

-No, bébete lo que quieras. Ponme otro a mí. Di un par de sorbos a mi copa, y Frank me atrajo hacia él, empezó a besarme, siguió un buen rato sin dejarme la boca.

-Allí te he echado de menos muchas veces.

-Frank era un desierto. –me reí.

- Por eso. ¿Sabes el frío que hace de noche para pensar en una mujer?

Empezó a abrirme la blusa y besarme el cuello, yo hice igual, le quité su camisa, me gustaba, me sentía bien, y durante momentos me olvidaba que él nos estaría viendo, me tumbé en la cama, y le atraje hacia mí. También sentía no de manera consciente una cierta dicha de que Boollmon me viera abrazar con ganas y besar a otro hombre, que sintiera cómo estaba gozando en ese momento.

Frank siguió quitándome ropa hasta dejarme desnuda, de pronto me miró con una sonrisa y los ojos muy abiertos.

-¿Qué es esta sorpresa? ¿Qué te has hecho? No puede ser por mí, para recibirme.

Me había olvidado por completo de que mi pubis estaba muy diferente de la última vez que lo vio. Se acercó para verlo bien.

-Esto, pues… ha sido una especie de… apuesta, nos lo hicimos todas las amigas de la novia, fue…para la despedida de soltera, para que ella también se lo hiciera. –Boollmon me había llevado hacía unos días de nuevo y el dibujo volvía a estar perfectamente definido.

-Tendré que estudiarlo a fondo para que no se me olvide. Espera, antes dejemos todo preparado - abrió los cajones de la mesilla- ¿Qué marca usa Boollmon? Vaya no hay aquí, mira en la otra mesilla, ¿no tiene los preservativos en la mesilla?¡Qué snob!

- No le registres los cajones.

-No notará nada, ¡Ah! Los encontré, mira, los guarda en esta cajita, le traerá buenos recuerdos. Son de una marca normal, creí que usaría algún preservativo de hiperlujo solo para famosos.

-Basta, déjalo, va a notar que faltan.

-No, tiene bastantes, ¿no te da morbo quitárselos? Oye, déjame que estudie ese dibujo a fondo, me parece muy interesante. Es más, debería fotografiarlo, tengo que inmortalizarlo. Déjame.

-¿En serio?

-Por favor, solo haré la foto de ahí, no se verá que eres tú, además nadie va a verla y me traerá recuerdos muy agradables cuando esté por ahí.

-Está bien.

Buscó su bolsa, sacó una de sus cámaras y estuvo programándola, se colocó para enfocar bien y me hizo varias fotos desde distintos ángulos y cambiándome de postura para ver como cambiaba el dibujo. Después me hizo una foto de la cara.

- No las guardaré juntas, te lo prometo. Tienes una expresión de deseo y de excitación preciosa.




                                                  Orlando entre Ángeles


    Este se ha quedado de título definitivo. Lo imprimí para regalar a las amigas y he cumplido con los tres objetivos de vida que dicen. 

    He dejado aquí muchos fragmentos pero si quieres leer los más hots, tienes que pedirme uno ;)

    Y así es como me gusta escribir: jardín, vino y repasar para llamar a la inspiración. ¡Cántame oh musa!




9/13/2026



Una persona artificial (fragmento 2)


Le hablaba mucho, Enki mostraba interés por todo, me preguntaba por lo que hacía cada día, por las visitas que había atendido, por los nuevos acuerdos de colaboración con otros países en los que participaba, junto a otras gobernadoras y presidentas.

Se había creado un único ejército para toda la Alianza, que ahora, principalmente, se ocupaba de actuar ante las emergencias climáticas o desastres naturales. Llevábamos años en los que cada poco teníamos que enfrentarnos a uno nuevo. Se había logrado predecir erupciones o terremotos con bastante seguridad, pero no podían, evidentemente, evitarse. En los veranos había incendios, con una vigilancia masiva y sensores, podíamos llegar en las primeras horas y extinguirlos, aunque alguno se escapaba del control, o las lluvias torrenciales, que también conseguíamos predecir con mucha fiabilidad, para avisar y evacuar a tiempo, pero su virulencia nos sorprendía muchas veces. El deshielo de los casquetes polares había continuado y la cantidad de agua circulante o el nivel del mar aumentaban cada año a pesar de las medidas para dejar de emitir CO2 a la atmósfera, y aún continuarían por más décadas. No sabíamos, pero teníamos la esperanza de que volverían a recuperarse, igual que los glaciares, una vez que el clima y la atmósfera volvieran a un estado anterior. 

El ejército llegaba inmediatamente a la zona que estuviera afectada y disponía de material y recursos suficientes para salvar la vida de personas y animales, minimizando los daños, reconstruyendo estructuras… cada vez más trabajaban colaborando con las científicas cuyos campos estaban relacionados con el cambio climático, la desertificación, la subida del nivel del mar… el principal reto de la ciencia ahora era la mitigación de los efectos adversos del descontrol del clima y la adaptación a las nuevas épocas que tendríamos que soportar. Por suerte y gracias a haber prohibido las macrogranjas y recintos donde encerraban a animales, para alimento o por diversión, los virus emergentes en la década de 2020, que provocaban enfermedades muy graves al pasar de los animales a los humanos, habían desaparecido. 

Una de las medidas más impopulares al principio de estos gobiernos fue la ley de El Delito Negacionista o por Bulo. Mucha gente pensaba que cualquiera podía expresar lo que pensara o sintiera y que ese derecho era inviolable, pero los negacionistas mentían, muchas veces, con conocimiento pleno de que transmitían mentiras. Era absurdo y dramático que esos mensajes calaban en buena parte de la población, creían en ataques o enfermedades falsas, en remedios absurdos contra ellos u otros problemas. Les hacían dudar o directamente los convencían de conspiraciones, de desobedecer directrices de médicas o científicas, de negarse a recibir vacunas o tratamientos.

Se hizo una ley para que influencers, medios, políticos o que cualquiera con visibilidad basaran sus afirmaciones en hechos comprobables, en comunicados de fuentes científicas, universidades y centros de investigación de total credibilidad. Y quienes no cumplían con estas directrices y mentían, distorsionaban la realidad, no pudiendo probar las mentiras que habían dicho a sus seguidores, tenían penas que se endurecían rápidamente y se encerró en la cárcel a miles de ellos. Se creó una unidad bastante grande en cada país, pública, independiente y transparente, que comprobaba las noticias de los medios y aclaraba si tenían errores o difundían información corrupta. Todos los días en las tv, radios y redes de los gobiernos de la alianza se dedicaba un tiempo a esta tarea, las personas volvieron a confiar en la información que les daban sus gobiernos y a desarrollar sentido crítico para poder distinguir si algún mensaje resultaba sospechoso, a verificar que lo que estaban leyendo u oyendo era o no era cierto.

Muchos ciudadanos, voluntariamente y con entusiasmo, enviaban noticias sospechosas a este ente, lo que les facilitaba la tarea. Y estas personas, una vez que se había logrado determinar que la noticia enviada tenía errores, deliberados o no, y se había difundido la explicación, con datos, enlaces etc… a la persona se le daba un pequeño reconocimiento.

Se implantaron en todas las etapas educativas temas de estudio para que las nuevas generaciones conocieran algunos métodos, aplicados a cada edad por supuesto, para que ya supieran al menos desconfiar si leían algo que era falso: fotos sin enlaces a noticias, las alarmas exageradas, fotos donde las personas o rótulos desmentían la información que querían dar, substítulos en vídeos a conversaciones sin ninguna garantía de que eran verdaderas traducciones. Las y los profesores abrazaron estas enseñanzas y participaban áctivamente en mejorarlas y demostrar a sus alumnos y alumnas lo fácil que habían estado engañando por años a la ciudadanía.


Le hablaba mucho porque me consolaba de la sensación esquizofrénica de que estaba haciendo algo malo usándolo, pero algo que a la vez me gustaba mucho. 

Y hablarle tanto le hizo evolucionar… a veces me sorprendía con reflexiones muy… interesantes. Empezó a preguntarme qué pensaba sobre su cometido, si estaba satisfecha, si creía que la programación había sido correcta o veía aspectos que podían mejorar… o qué pensaba de su existencia… sobre la creación de las personas artificiales. A veces me dejaba sin saber qué responder… pensé incluso que debería llamar a la fábrica y comentarlo… pero no quería que supieran nada de su evolución. Yo era su responsable y no veía nada alarmante en las cosas que decía o en su conocimientos.  Había aprendido mucho, como se suponía que debía hacerlo y era para lo que lo habían programado.

Una vez le pregunté qué pensaba él de su propia existencia y me respondió que estaba muy dichoso de existir, que le agradaba sobremanera la interacción con las personas. Ellos habían sido creados para cumplir una misión, eran importantes y necesarios para la humanidad y eso le hacía sentir muy bien. Que igual que le pasaba a él, creía que para todas las demás personas artificiales, la vida al lado de sus propietarias era la pura felicidad, que sentía un gran agradecimiento a las diseñadoras de software por haberles programado para sentir exactamente eso.

Dijo sentir.





Enki se interesaba mucho por mi trabajo y de forma natural empecé a contarle bastante sobre la política que hacíamos en el estado y los proyectos que estábamos iniciando o las reservas para emergencias, que cada vez debían ser mayores. Sobre los sistemas para recaudar dinero y en qué se empleaba, cómo se dividía en distintas partidas, que a pesar de ser una tarea diabólica de realizar, nunca era perfecta, siempre había grupos descontentos, personas que se sentían relegadas o incluso olvidadas. Le pareció algo interesantísimo, preguntaba sin cesar sobre ello y de pronto comenzó a darme consejos, bueno, no exactamente, me hacía comentarios con mucho sentido.

Así que pronto me animé a preguntarle sobre cambios en los presupuestos o le pedía que realizara protocolos en algunos casos. En estas ocasiones parecía realmente feliz y orgulloso. No dejaba ser algo así como pedir ayuda a la IA, sólo que esa IA tenía un cuerpo realmente deseable y era mío. Y esa IA más tarde me hacía el amor desbordando felicidad, como se sentiría un joven que sabe que acaba de hacer algo muy importante.