Una persona artificial (fragmento 2)
Le hablaba mucho, Enki mostraba interés por todo, me preguntaba por lo que hacía cada día, por las visitas que había atendido, por los nuevos acuerdos de colaboración con otros países en los que participaba, junto a otras gobernadoras y presidentas.
Se había creado un único ejército para toda la alianza, que ahora, principalmente, se ocupaba de actuar ante las emergencias climáticas o desastres naturales. Llevábamos años en los que cada poco teníamos que enfrentarnos a uno nuevo. Se había logrado predecir erupciones o terremotos con bastante seguridad, pero no podían, evidentemente, evitarse. En los veranos había incendios, con una vigilancia masiva y sensores, podíamos llegar en las primeras horas y extinguirlos, aunque alguno se escapaba del control, o las lluvias torrenciales, que también conseguíamos predecir con mucha fiabilidad, pero su virulencia nos sorprendía muchas veces. El deshielo de los casquetes polares había continuado y la cantidad de agua circulante o el nivel del mar aumentaban cada año a pesar de las medidas para dejar de emitir CO2 a la atmósfera, y aún continuaría por más décadas, no sabíamos, pero teníamos la esperanza de que volverían a recuperarse, igual que los glaciares, una vez que el clima y la atmósfera volvieran a un estado anterior.
El ejército llegaba inmediatamente a la zona que estuviera afectada y disponía de material y recursos suficientes para salvar la vida de personas y animales, minimizando los daños, reconstruyendo estructuras… cada vez más trabajaban colaborando con las científicas cuyos campos eran el cambio climático, la desertificación, la subida del nivel del mar… el principal reto de la ciencia ahora era la mitigación de los efectos adversos del descontrol del clima y la adaptación a las nuevas épocas que tendríamos que soportar. Por suerte y gracias a haber prohibido las macrogranjas o recintos donde encerraban a animales, para alimento o por diversión, los virus emergentes en la década de 2020, que provocaban enfermedades muy graves al pasar de los animales a los humanos, habían desaparecido.
Una de las medidas más impopulares al principio de estos gobiernos fue la ley de El Delito Negacionista. Mucha gente pensaba que cualquiera podía expresar lo que pensara o sintiera y que ese derecho era inviolable, pero los negacionistas mentían, muchas veces, con conocimiento pleno de que transmitían mentiras. Era absurdo y dramático que esos mensajes calaban en buena parte de la población, creían en ataques o enfermedades falsas, en remedios absurdos contra ellos u otros problemas. Les hacían dudar o directamente los convencían de conspiraciones, de desobedecer directrices de médicas o científicas, de negarse a recibir vacunas o tratamientos.
Se hizo una ley para que influencers, medios, políticos o que cualquiera con visibilidad basaran sus afirmaciones en hechos comprobables, en comunicados de fuentes científicas, universidades y centros de investigación de total credibilidad. Y quienes no cumplían con estas directrices y mentían, distorsionaban la realidad, no pudiendo probar las mentiras que habían dicho a sus seguidores, tenían penas que se endurecían rápidamente y se encerró en la cárcel a miles de ellos. Se creó una unidad bastante grande en cada país, pública, independiente y transparente, que comprobaba las noticias de los medios y aclaraba si tenían errores o difundían información corrupta, todos los días en las tv, radios y redes de los gobiernos de la alianza se dedicaba un tiempo a esta tarea, las personas volvieron a confiar en la información que les daban sus gobiernos y a desarrollar sentido crítico para poder distinguir si algún mensaje resultaba sospechoso, a verificar que lo que estaban leyendo u oyendo era o no era cierto.
Muchos ciudadanos, voluntariamente, enviaban noticias sospechosas a este ente, lo que les facilitaba la tarea. Y estas personas, una vez que se había logrado determinar que la noticia enviada tenía errores, deliberados o no, y se había difundido la explicación, con datos, enlaces etc… a la persona se le daba un pequeño reconocimiento.
Se implantaron en todas las etapas educativas temas de estudio para que las nuevas generaciones conocieran algunos métodos, aplicados a cada edad por supuesto, para que ya supieran al menos desconfiar si leían algo que era falso: fotos sin enlaces a noticias, las alarmas exageradas, fotos donde las personas o rótulos desmentían la información que querían dar, substítulos en vídeos a conversaciones sin ninguna garantía de que eran verdaderas traducciones. Las y los profesores abrazaron estas enseñanzas y participaban áctivamente en mejorarlas y demostrar a sus alumnos y alumnas lo fácil que habían estado por años engañando a la ciudadanía.
Le hablaba mucho porque me consolaba de la sensación esquizofrénica de que estaba haciendo algo malo usándolo, pero algo que a la vez me gustaba mucho.
Y hablarle tanto le hizo evolucionar… a veces me sorprendía con reflexiones muy… interesantes. Empezó a preguntarme qué pensaba sobre su cometido, si estaba satisfecha, si creía que la programación había sido correcta o veía aspectos que podían mejorar… o qué pensaba de su existencia… sobre la creación de las personas artificiales. A veces me dejaba sin saber qué responder… pensé incluso que debería llamar a la fábrica y comentarlo… pero no quería que supieran nada de su evolución. Yo era su responsable y no veía nada alarmante en las cosas que decía o en su conocimientos. Había aprendido mucho, como se suponía que debía hacerlo y era para lo que lo habían programado.
Una vez le pregunté qué pensaba él de su propia existencia y me respondió que estaba muy dichoso de existir, que le agradaba sobremanera la interacción con las personas. Ellos habían sido creados para cumplir una misión, eran importantes y necesarios para la humanidad y eso le hacía sentir muy bien. Que igual que le pasaba a él, creía que para todas las demás personas artificiales, la vida al lado de sus propietarias era la pura felicidad, que sentía un gran agradecimiento a las diseñadoras de software por haberles programado para sentir exactamente eso.
Dijo sentir.
Enki se interesaba mucho por mi trabajo y de forma natural empecé a contarle bastante sobre la política que hacíamos en el estado y los proyectos que estábamos iniciando o las reservas para emergencias, que cada vez debían ser mayores. Sobre los sistemas para recaudar dinero y en qué se empleaba, cómo se dividía en distintas partidas, que a pesar de ser una tarea diabólica de realizar, nunca era perfecta, siempre había grupos descontentos, personas que se sentían relegadas o incluso olvidadas. Le pareció algo interesantísimo, preguntaba sin cesar sobre ello y de pronto comenzó a darme consejos, bueno, no exactamente, me hacía comentarios con mucho sentido.
Así que pronto me animé a preguntarle sobre cambios en los presupuestos o le pedía que realizara protocolos en algunos casos. En estas ocasiones parecía realmente feliz y orgulloso. No dejaba ser algo así como pedir ayuda a la IA, sólo que esa IA tenía un cuerpo realmente deseable y era mío. Y esa IA más tarde me hacía el amor desbordando felicidad, como se sentiría un joven que sabe que acaba de hacer algo muy importante.