10/31/2026

 



                       EL MÉTODO BOOLLMON (12 y final)

                                                        Este fue el primer relato explícitamente erótico que escribí, fue un reto, no sabía si sería capaz de poner palabras a esta historia. y fue un auténtico subidón, de hecho me gustó el género y me animé a escribir algo mucho más largo. Y otros más. Tiene veinte años, mucho antes de que se incubara la ley del Sólo Sí Es Sí. En algunos momentos es bastante poco feminista por decir algo. En mi descargo os digo que lo veáis con un relato, es ficción y como un gesto adelantado a su tiempo, en las primeras páginas ya se pide y se obtiene el consentimiento.

                                                    He dejado muy poco sin poner en el blog, pero en algún momento me venció el pudor. Espero que si llegaste hasta aquí lo hayas disfrutado.

                                    





Aquellos últimos días Oswald desarrolló una obsesión por tocarme. Los días tenían dos partes diferenciadas, en el set estaba totalmente concentrado en las escenas, rodaba manteniendo esa calidad magistral y cuando estábamos solos, sus manos buscaban desesperadamente el contacto con mi piel, cuando estudiábamos, cuando comíamos, constantemente, sus manos me recorrían o las dejaba solo extendidas y quietas. Me obligó a dormir con él cada noche. Decía que era como un polo cargado de electricidad, sentía que pasaba a través de sus manos hacía mí, que tenía la sensación de que estallaría si no lo hiciera. 

    El director le pidió repetir algunas escenas rodadas anteriormente, arrastraba a los demás actores, les hacía crecerse. Cuando volvíamos de rodar, me desnudaba con manos nerviosas, me llevaba al sofá, se tumbaba y hundía la cabeza en mi regazo. Así permanecía mucho tiempo, sin hacer ni decir nada. 

Le abrazaba cuando estaba en ese estado, nunca me lo había pedido, pero sentía tanto su inquietud, su desamparo cuando terminaba de rodar, que yo había aceptado mi papel también, en su mente, por algún motivo, Boollmon me había convertido en refugio, en bálsamo. Y yo sólo deseaba su bienestar.




Así llegó el último día, apareció de pronto, no por previsto, dejó de resultar inesperado y extraño. Boollmon se despidió de todos en el estudio, el director le dio un gran abrazo, le aseguró que la película sería magnífica, recibió felicitaciones de todo el mundo, generaba a su alrededor una increíble marea de afecto.

 Llegamos al hotel, cogí sus maletas y le hice el equipaje mientras se duchaba. Salió y se acercó, me rodeó por detrás y empezó a desabotonar la blusa, la deslizó hacia abajo, me mordió en la espalda.

-Voy a dejarte marcas, intentaré que no sean visibles.

El dolor presentido, esperado, deseado, tiene una pureza difícilmente alcanzable por otros placeres. 

Fue descubriendo zonas de piel, poco a poco, avanzaba bajando despacio la ropa, buscaba un lugar y me mordía. Entre gemidos apagados fue cubriéndome de sus marcas. Terminó en los tobillos, me había llevado a la cama, entonces por última vez su lengua volvió a pulsarme. El dolor y el placer de los orgasmos se mezclaban como la trama de una soga, perdí la noción del tiempo, de los números, hasta que en un momento mi mano llegó a su cabello y le supliqué que parara. Había llegado al límite del placer que podía soportar. 






 Era muy tarde cuando salimos del hotel, bajamos en el ascensor por última vez. No hablamos en el trayecto hasta el aeropuerto. Su avión salía de madrugada para Australia, era el mejor horario para evitar el jet-lag. Recorrimos los pasillos interminables y vacíos, apenas se veían viajeros, los pocos que encontramos dormitaban sobre sus equipajes de mano.

Oswald buscó un lugar apartado para despedirnos.

Me abrazó.

-En este momento empiezas a ser libre otra vez. Quiero que recuperes tu vida. Sé que te va a costar, tendrás que hacer un esfuerzo. Tienes que recuperar tus gestos, tu voz, tu orgullo, tus llamaradas.

Comprendía lo que me estaba diciendo, ya no le pertenecía, tendría que marcharme y empezar a desear cosas por mí misma, desear estar con otros. Tenía que volver atrás, al principio, volver a recordar qué cosas me gusta hacer. Le obedecí, empecé a intentar salir del túnel y sentí dolor y pánico.

Me miró a los ojos y comprendió perfectamente lo que yo sentía.

-Sé que duele. También a mí me duele Dezh, pero hay que soltar la cuerda. Estos meses deben ser sólo un recuerdo. Sería muy fácil saltarme el pacto, y llevarte conmigo. Lo he tenido presente todo este tiempo, me he entregado al torbellino de poseerte porque recordaba que la ley que me impuse cuando llegué, me separaría de ti en el momento preciso y no voy pasar por encima de ella. Nos volveríamos locos. Creo que nos volveríamos locos. Mientras te he doblegado, cada vez que cedías, no vencía yo, me has atrapado en una tela de araña, tu sumisión es un nudo corredizo en mi garganta, pero quiero que sepas que han sido los meses más intensos que he vivido. Me has proporcionado tantas y tan complejas sensaciones como si hubiera sido una vida entera. 

- Siento terror a verle marchar.

Volvió a estrecharme con más fuerza. Eran los últimos momentos en que sentiría su cobijo, después de un tiempo separé la cabeza lentamente y le miré dentro de sus ojos negros

-Tiene razón Sr. Boollmon, haré como me ha dicho. Recuperaré mi vida. 

-Una película nos ha atrapado a los dos estos meses. Hemos vivido una realidad irreal o una irrealidad de forma real. No todo lo que ha ocurrido lo planeé, no todo fue premeditado, te lo dije, hubo un momento en que yo también sucumbí. Ahora haremos lo que debemos hacer, los dos soltaremos la cuerda. 

-Le obedeceré por última vez.

-Volveré a rodar aquí. Sería muy difícil evitarlo.

-Lo sé.

-Cuando vuelva a este estudio intentaré seducirte.

 


Lentamente fue aflojando el abrazo y separándose de mí, me besó en la frente y se marchó, no tardó en pasar por la puerta de embarque y ya no lo vi. Me quedé allí, mirando a la puerta con expresión ausente, no podía moverme. Pasó un tiempo que no sé calcular, hasta que pude darme la vuelta y caminar hacia los aparcamientos. Al salir fuera del recinto, el aire frío consiguió despertarme como de un letargo.   






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Ha pasado un año, aún no ha coincidido que venga a rodar de nuevo a este estudio. Más o menos he conseguido volver a una vida normal, salgo con amigos, voy a cenar, a bailar, nadie me dijo que estuve extraña, es curioso. He tenido alguna aventura en los nuevos rodajes. Frank volvió de Afganistán y paso una semana entera en mi casa, este año ha venido varias veces, ahora vuelve a estar en Sudamérica. 

    Vuelvo a sentirme tan cómoda en mi trabajo, tan plena. Poco a poco, el tiempo ha ido alejando aquellos días, ahora es difícil creer que sucedió, a veces ya no estoy segura.  Voy a ver sus películas, ha estrenado tres en este tiempo, sigue rodando a un ritmo vertiginoso. Llego al cine y me siento, se apaga la luz, y entonces sólo espero, lo que hace en algunos momentos, que mire hacia la pantalla y me clave sus ojos, sé que lo hace para mí.

Salgo del cine y vuelvo a pensar si fue real, puede que fuera un ensueño, que todo lo que recuerdo sea una parte de irrealidad que soñé cuando Oswald estuvo aquí. Yo trabajo para fabricar ensueños, vivo dentro de las películas, a veces creo que puedo perder pie, trastornarme, que algún día me quedaré para siempre en el otro mundo, en la irrealidad, que cuando entre ya nunca podré distinguir qué es real. Todos tenemos recuerdos que nos parecen ajenos y recuerdos que hemos inventado aunque parecen más reales que los de verdad, o quizá fueron sueños que hemos almacenado en la memoria con los recuerdos verdaderos. 


   




                    No puede ser un sueño, tuvo que ser real, no es posible que lo sienta tan vívido, que recuerde todos los detalles, todas las sensaciones y no sucediera, tuvo que ser real. Tuvo que ser real.

                                                                                            Hesperia         2006


 

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