El Método Boollmon (fragmento 9)
Durante los días que faltaban lo preparó a fondo, buscó el mejor lugar para situar el ordenador, comprobó el zoom, las luces que se deberían encender. Me aseguró que no grabaría nada, me enseñó cómo funcionaba el equipo, no quería pensar para qué lo utilizaba. En uno de aquellos días me asaltó una idea horrible:
- Sr. Boollmon, ¿no me habrá grabado mientras usted…?
- ¡No!, - su rostro parecía sincero- te juro que no te he grabado. Nunca quise grabar nada de lo que te he hecho. En el futuro, sólo quiero tener recuerdos de este momento aquí –se señaló la cabeza- Eso será más que suficiente.
Frank llegaba por la tarde. Ese día todo resultó un desastre, las previsiones habían dado un día soleado pero a media mañana el cielo se nubló y empezó a soplar el viento muy fuerte. Se tuvo que parar varias veces porque el viento movía tanto la ropa que no se veía a los actores cuando se podía grabar, Boollmon no se sabía dos palabras seguidas de sus frases, improvisó todo el rato. El director empezó a decir tacos y la coordinadora de los asistentes me lanzó varias miradas asesinas. El viento nos hizo parar definitivamente, se dispuso que los actores volvieran al hotel y nos avisarían si cambiaba el tiempo. La coordinadora que era mi jefa directa me llamó.
-¿Qué pasa con Oswald Boollmon? ¿No estudia?
-Sí, quizás hoy estaba distraído.
-Más que distraído, está en otra parte.
-Veré qué puedo hacer.
-Ese es tu trabajo, Dezh, no puede estar así. Estudia con él y repásale las frases. ¿Crees que le ha surgido algún problema?
-No me ha comentado nada.
-Bueno, esperemos que no haya muchos días como este. Tú tienes experiencia, lo dejo en tus manos.
Volvimos al hotel.
-Voy un rato al gimnasio del hotel y a la sauna. -me dijo Boollmon- ¿A qué hora has quedado?
- Le recogeré a las siete en el aeropuerto, no creo que hoy filmemos nada más, si no, le llamaría para quedar más tarde.
-Luego te elegiré la ropa.
Se marchó, no quería pensar en que hacía días que apenas estudiaba, no quería pensar cómo iba a sentirme cuando entrara por aquella puerta con Frank, no quería pensar en nada. Así que me puse a hacer deberes, tomé una copia del guión, y empecé a subrayar todas las frases que había dicho mal, no era difícil de recordar, había sido casi todo, tenía que obligarle a estudiar, obligarle yo a él, eso era una paradoja. Después cogí el cuaderno de notas y estuve planificando la próxima semana. Sentí hambre, pensé en pedir algo, y después pensé en trasgredir una norma, bajaría al restaurante y comería allí, me apetecía mucho salir de la suite.
Bajé, me senté en una mesita algo aislada, cerca de un ventanal y pedí ensalada y un plato de spaghetti con caviar, especialidad del chef. Estaba delicioso. Por algún extraño motivo, me sentí muy relajada, y comí muy tranquila, me tomé un postre, y una copa, cuando terminé no quedaba apenas nadie en el salón. El camarero vino a traerme la cuenta, le dije que si creía que podía cargarlo a la suite del Sr. B., el muchacho sonrió, quizá también él trasgredía una orden, me dijo que por supuesto, que el Sr. B. no iba a notar la diferencia. Y me marché.
Volví a la suite. Boollmon tardó en volver aún. Seguí haciendo cosas hasta que él llegó.
-¿No han llamado?
-No, el tiempo ha empeorado.
Me duché mientras Boollmon elegía la ropa, salí con el albornoz , vino hacia mí, me quitó el albornoz y siguió secándome con otra toalla, me dejó desnuda mientras ponía la ropa sobre la cama. Trajo mi peine, me sentó y empezó a desenredarme el pelo, y lo secó. Después fue vistiéndome, primero el sujetador, una blusa blanca muy bonita que me había comprado y una falda bastante corta. Me pinté y me peiné, ya estaba lista para irme.
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A las siete menos cuarto llegué al aeropuerto, su avión llegaba puntual. Me sentía extraña, quería verle, abrazarle, y al mismo tiempo huir de allí a toda prisa. Frank viajaba por todo el globo, cuando ganaba bastante dinero, lo empleaba en producirse algún reportaje, cuando se le acababa el dinero, buscaba trabajo. En un mes podía haber estado en tres continentes. Hacía años que nos conocíamos, para los dos era fácil mantener nuestra amistad, que un día se hizo íntima. No queríamos ni podíamos comprometernos más, nuestros trabajos se llevaban mal con formar familias, si uno quería seguir cuerdo.
Apareció por fin con un carrito, la alegría repentina borró otros sentimientos. Nos abrazamos y me besó. Casi había olvidado ese tipo de caricias normales.
-Te he traído algunos regalos, te puedes imaginar, todo étnico. ¿Qué hacemos?
-¿Tienes que hacer algo antes o vamos a tomar algo y a cenar?
-No. Tengo que hacer cosas por la mañana.
Fuimos a una cervecería y empezó a contarme por donde había estado y qué había hecho. Casi tenía preparado todo para realizar un documental suyo, estaba entusiasmado. No había parado de trabajar. La última vez que nos habíamos visto había sido hacía cuatro meses.
-Ha sido una locura venir aquí para estar solo un día.
-No. Me apetecía verte. Y mañana tengo una cita con unos productores, aún están muy fríos, veré si consigo contagiarles el entusiasmo.
- Si les hablas como a mí, te lo aseguro.
-Si tú tuvieras que poner el dinero, no te arriesgarías tampoco.
Cenamos, la conversación me relajó y me hizo sentir normal. Le dije que podíamos ir a la suite de Boollmon, se sorprendió un poco. Nunca antes había hecho eso, pero le agradaba la idea, así que llegamos al hotel, dejamos el coche en el mismo sitio, tomamos el mismo ascensor que cogía todos los días con Boollmon, y entramos. Miré alrededor, todo estaba en orden, encendí solo unas pocas luces. Frank fue al bar.
-¿Crees que tu amigo Oswald se enfadará si me bebo un poco de su whisky?
-No, bébete lo que quieras. Ponme otro a mí. Di un par de sorbos a mi copa, y Frank me atrajo hacia él, empezó a besarme, siguió un buen rato sin dejarme la boca.
-Allí te he echado de menos muchas veces.
-Frank era un desierto. –me reí.
- Por eso. ¿Sabes el frío que hace de noche para pensar en una mujer?
Empezó a abrirme la blusa y besarme el cuello, yo hice igual, le quité su camisa, me gustaba, me sentía bien, y durante momentos me olvidaba que él nos estaría viendo, me tumbé en la cama, y le atraje hacia mí. También sentía no de manera consciente una cierta dicha de que Boollmon me viera abrazar con ganas y besar a otro hombre, que sintiera cómo estaba gozando en ese momento.
Frank siguió quitándome ropa hasta dejarme desnuda, de pronto me miró con una sonrisa y los ojos muy abiertos.
-¿Qué es esta sorpresa? ¿Qué te has hecho? No puede ser por mí, para recibirme.
Me había olvidado por completo de que mi pubis estaba muy diferente de la última vez que lo vio. Se acercó para verlo bien.
-Esto, pues… ha sido una especie de… apuesta, nos lo hicimos todas las amigas de la novia, fue…para la despedida de soltera, para que ella también se lo hiciera. –Boollmon me había llevado hacía unos días de nuevo y el dibujo volvía a estar perfectamente definido.
-Tendré que estudiarlo a fondo para que no se me olvide. Espera, antes dejemos todo preparado - abrió los cajones de la mesilla- ¿Qué marca usa Boollmon? Vaya no hay aquí, mira en la otra mesilla, ¿no tiene los preservativos en la mesilla?¡Qué snob!
- No le registres los cajones.
-No notará nada, ¡Ah! Los encontré, mira, los guarda en esta cajita, le traerá buenos recuerdos. Son de una marca normal, creí que usaría algún preservativo de hiperlujo solo para famosos.
-Basta, déjalo, va a notar que faltan.
-No, tiene bastantes, ¿no te da morbo quitárselos? Oye, déjame que estudie ese dibujo a fondo, me parece muy interesante. Es más, debería fotografiarlo, tengo que inmortalizarlo. Déjame.
-¿En serio?
-Por favor, solo haré la foto de ahí, no se verá que eres tú, además nadie va a verla y me traerá recuerdos muy agradables cuando esté por ahí.
-Está bien.
Buscó su bolsa, sacó una de sus cámaras y estuvo programándola, se colocó para enfocar bien y me hizo varias fotos desde distintos ángulos y cambiándome de postura para ver como cambiaba el dibujo. Después me hizo una foto de la cara.
- No las guardaré juntas, te lo prometo. Tienes una expresión de deseo y de excitación preciosa.
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