8/03/2024



           -Fiesta de travestidos II   (Orlando fragmento)


Lo primero que notó fue que la iluminación era escasa, a pesar de eso

distinguió perfectamente al grupo en el centro, al principio como un revoltillo múltiple y amorfo. El salón era bastante grande y apenas había muebles así que siguió caminando, escuchando el sonido de sus tacones en las losetas antiguas y pulidas, con los que se había habituado un poco a caminar los días anteriores y que ahora dominaba, aunque no sabía por cuanto tiempo. Sobre los tacones le resultaba fácil el movimiento algo bamboleante y sexy, notaba cómo sus prótesis dentro del vestido, se acoplaban a ese caminar sinuoso, que le recordaba a Marilyn Monroe caminando por aquella estación de tren en la película de donde había surgido la idea. De pronto vio que las chicas habían notado que llegaba y vio como el grupo se dividía en figuras individuales que, alineadas una al lado de otra, le miraban. Unos pasos más y empezó a distinguir en sus ojos la sorpresa que les estaba provocando, aún sin reparar en los disfraces elegidos, era capaz de notar en sus miradas una enorme sorpresa, diversión, admiración… y también mucho deseo.

Se quedaron estáticas mientras él avanzaba y llegaba hasta ellas,  entonces fue cuando comenzó a distinguir los distintos disfraces. A la izquierda Lila se distinguía claramente disfrazada de médico como él en El Buen Doctor, supuso que casi no había tenido que encargar nada, la peluca, camisa y corbata y seguramente nada más. Aún así resultaba muy reconocible el parecido con su personaje de la película. A su lado Nibbi se había disfrazado de Balian de El Reino de Los Cielos, una réplica exacta de uno de sus trajes, armadura incluida, espada, escudo y hasta los manchurrones de la batalla por la cara, con todo, la pudo reconocer fácilmente. La siguiente le costó más trabajo, disfrazada de Paris, con el pelo oscuro, ensortijado y con las mismas pinzas  circulares que había llevado en el rodaje sujetando sus pequeños mechones rizados. Los ojos muy maquillados, ligeramente parecidos al maquillaje egipcio, una armadura troyana en una réplica perfecta, que dejaba ver sus largas piernas, le sonrió y pudo descubrir a Hesperia, le devolvió la sonrisa. A continuación seguía una soldado de Black Hawk Derribado, aunque también tenía algo de pintura de camuflaje descubrió a Cawty, abrió los ojos al ver que se había rapado el pelo al uno para resultar más creíble. 

-¡Cawty tú pelo! 

-No pasa nada y además espero sacarle provecho -le contestó mientras le sonreía pícara.

Miró a la siguiente y entonces abrió los ojos mucho más.

-¡No es posible! Esto es turbio, muy turbio, es malvado, perverso y retorcido.. no puedo creerlo…

Una de las chicas se había disfrazado de Thranduil, su padre en El Señor de Los Anillos y El Hobitt. Estaba tan absolutamente impresionante, llevaba una túnica larga de tonos plateados y la bastante grande corona de ramas, no conseguió descubrirla hasta que habló, entonces supo que era Green. 

-Claro, tenías que ser tú. Pero esto es demasiado.

Ella se acercó a él y le dijo.

-Como lideresa de estas ángeles, creo que es un disfraz muy adecuado -dio una carcajada sonora- tenía que elegir uno impactante, como tú. Por cierto, por mi estatus y majestad, voy a ser la primera de esta noche en hacerlo.

Y sin vacilación le tomó por los hombros y le dio un largo beso que las demás silbaron.

Orlando respondió al beso aunque al soltarlo Green, la miró con un ligero reproche.

-¿Ya ha empezado el acoso a mi persona? ¿Tengo que sacar el spray de pimienta? -Todas rieron la ocurrencia pero Lalaith más, que sabía exactamente por qué lo había dicho.

La siguiente era Will de Piratas del Caribe y también le costó un poco de adivinar pero al final los ojos de Amelie, muy bien maquillados, por cierto, la delataron. 

-No vas a creerlo pero he conseguido uno de los trajes originales que llevabas en el rodaje, me ha costado mucho pero tengo buenos contactos. Sólo he tenido que adaptarlo un poco.

Orlando sonreía cabeceando, le tomó las manos y se las besó.

Seguía Lunkel de Legolas, igualmente perfecta, la peluca era prácticamente idéntica, con los ropajes que él llevaba en la asamblea de La Comunidad del Anillo, su arco, sus armas, era alucinante, uno de los personajes a los que tenía más cariño desde luego. Después estaba el músico que había interpretado en Simpathy for Delicius, fue otro reto, la chica le había prácticamente clonado, con los falsos tatuajes idénticos… finalmente descubrió a Romy. 

Llegó a la siguiente y se quedó boquiabierto, aunque era lógico tratándose de Lalaith. Había coincidido con Amelie en el personaje del pirata Will, pero de una de las últimas películas de la franquicia, donde era el capitán del barco maldito, bajo el agua.

Aparte del maquillaje, vestuario y peluca, llevaba pegadas en la cara y en la ropa algas, conchas y pequeños moluscos, con la misma apariencia húmeda, igual como él aparecía en La Venganza de Salazar. 

-Absolutamente impresionante Lalaith, qué bueno también ese rodaje, aunque no me quiero acordar de las horas para maquillarme. 

Seguía una de las chicas disfrazada del chapero de Oscar Wilde, le trajo muy buenos recuerdos de sus primeros pasos en el cine, antes de ser famoso, fue un trabajo hecho con mimo. Mientras miraba todo, el traje victoriano, el bombín, los zapatos… era perfecto, como todos, tocó la tela del traje para comprobar lo que ya sabía, la textura de una calidad increíble.

-¡Me encanta! ¿Eve?

-Claro que sí. Yo apuesto siempre por los menos famosos, este papel tuyo, tan cortito me parecía tan tierno y bonito, y también tenía que ver con la fiesta, así que quise reivindicarlo y pensé no se le ocurriría a nadie más. Por cierto, es increíble que casi no nos hemos repetido. Incluso los dos Will son muy diferentes.

Todas le respondieron con expresiones de confirmación.

Miró a la siguiente chica y se echó a reír, para él también había sido más un disfraz que un personaje de la película, todo el tiempo le acompañó la sensación de estar haciendo el payaso más que de actuar, porque se sentía muy ridículo con aquel atrezzo, desde el tupé a los trajes tan engalanados que le habían confeccionado. Cibercat a la que se reconocía bien, se había disfrazado del duque de Buckingham, su personaje en Los Tres Mosqueteros.

-Después de lo que te has reído de mi, me merezco un besito yo también. -Aprovechó la risa de él para cogerle por la nuca y besarlo con pasión y pudieron comprobar, con más diversión, que las pelucas de ambos se estorbaban un poco en aquel momento lo que siguió provocando la risa general.

Orlando reparó en la última.

-Esto también es muy perverso Chantarel, muy, muy perverso…

Y se quedó mirándola, dudando entre empezar ya a reír a carcajadas o mantener un rostro muy serio para subrayar que no hablaba en broma. Y realmente dudaba entre esas dos posturas, después de Thranduil, a Chantarel se le había ocurrido otra genial idea.

-¡Oh! ¡Vamos! Ya está bien de poner morritos y ven a darle un beso a tu hobbit favorito. Imagino que sabrías cuántos slash nos han dedicado a nosotros dos.

Chantarel era bastante más bajita que Orlando y tenía un fantástico pelo rizado y pelirrojo, algo menos abundante que la peluca del actor, aun así, compusieron una extraña figura mientras el se agachaba para besarla.

-¿Qué rayos es eso del slash?

Chantarel se apresuró a explicárselo.

-Los fanfic son historias de fans con alguien real o personajes de las películas que haya interpretado si es un actor. Dentro de las fanfic hay un género particular entre otros, que solo incluye historias gays, los slash. Pues Frodo, Légolas, Áragorn y Bóromir han dado para muchas, en todos los idiomas.

-¡Joder! No creí que el friquismo llegara tan lejos o tuviera tantas ramificaciones. Tendré que leer alguna -dijo mientras reía como las demás.

Hesperia se adelantó y cogió por la cintura a Orlando.

-Bueno querides, parad un poco los besuqueos que voy a sacar a bailar a la hermosa dama. Lunkel por favor, música para la ocasión.

Lunkel se dirigió al equipo de música.

-Ya sabéis mis gustos, aunque pondré una de las más dulces y prometo que habrá mucha música variada. 

Y cómo no, comenzó a sonar Bob Marley, aunque una de sus canciones mas tiernas, lo que permitió a Paris-Hesperia iniciar un lento, mientras dejaba la mano en la cintura del actor y se pegaba a él, algo que la armadura estorbaba un poco. Apareció Lalaith unos minutos más tarde, con su cámara para hacer muchas fotos, Orlando no pudo menos que sonreír y aceptarlo. Y de pronto advirtió que habían llevado un gran espejo que les reflejaba a tamaño completo, tiró de la mano de Hesperia para recrearse bien en la figura de los dos, meneó la cabeza.

-¡Dioosss! Creo que estamos rayando la perfección.

Mientras Hesperia afirmaba con la cabeza y también miraba el reflejo estática, Amelie se acercó y se lo llevó para bailar.

-¡Me toca!


7/27/2024

 




            -Eve y Katmandú.     Orlando (fragmento)


Las alpinistas ya llevaban varios dias en Katmandu, los primeros casi no se habían movido de la cama, habían llegado agotadas y la bajada de altura las había dejado planchadas. Poco a poco la comida y la aclimatación a la capital de Nepal las volvieron a cargar de energía. Y entonces empezaron a contemplar el momento en que llegarían las demás con Orlando, imaginando cada hora cómo sería el encuentro. Y entonces fue cuando empezó el nerviosismo de verdad, la urgencia de que llegara ya el momento. Para poder calmar los nervios, se dedicaron a visitar los lugares que querían enseñar al actor, eligiendo los mejores, lo más queridos para ellas, los restaurantes más auténticos. Dudaron en si ir o no al aeropuerto, estaban deseando verlos pero consideraron mejor esperarlos en el hotel, para no llamar la atención.

Cibercat y Eve habían sabido recientemente que sus amigas Lila y Chantarel por fin habían llegado a la intimidad con él, curiosamente las últimas antes de, como esperaban y sus amigas estaban seguras, ellas mismas. Y conocieron de sus propias bocas las experiencias con bastante detalle, se sentían muy desinhibidas y animadas.

Al llegar el grupo y reunirse en un salón privado para cenar, por unos momentos, se repitió para las dos el shock, el pasmo ante estar viéndolo de forma real delante de ellas, pero pronto dejaron atrás la inmovilidad y Cibercat se adelantó a abrazarlo, después le miró a los ojos y le habló.

-Quizás esto sea muy acelerado Orlando, pero siento ahora un gran deseo de besarte.

Orlando respondió con una sonrisa muy sensual y esperó a que ella le tomara por los hombros y acercara su boca a la de él, 

No se sentía un objeto sexual aunque pudiera parecerlo. Nunca se había sentido así, siempre había sentido un deseo auténtico por cada una de ellas e incluso esperaba con ganas y morbo el encuentro con las alpinistas. Ellas le faltaban para completar el puzzle, el cuadro completo, La rendición de Breda, la completa rendición de Orlando a los ángeles.

Mientras besaba a Cybercat, notó la aspereza a pesar del calor de sus labios, paró un momento a mirarla, el tono de su cara era cercano al marrón, tenía la piel levantada, despellejada, con círculos más claros alrededor de los ojos. De forma instintiva y maternal, le acaricio la cara con ternura. Ella le cubrió la mano con la suya y le dejó ver una intensa mirada de agradecimiento.

Después de ella, Eve, ni siquiera se excusó para abrazarle y darle otro prolongado beso. Las demás esperaron pacientemente, aunque llegó el momento en que empezaron a hacer sonidos y quejarse de hambre para que la otra alpinista finalizara por fin. Orlando las miró, Eve tenía el mismo aspecto que Cibercat, no podían ocultar que hacía poco que habían bajado de la alta montaña. Sus rostros mostraban el color tostado por el reflejo del sol en la nieve, agreste, duro, muy diferente al moreno que se tomaba en una playa. En algunos lados las caras también mostraban grietas minúsculas, de la sequedad, el sol y el frío. Un homenaje y desagradable recuerdo, pensó, a las grietas de los glaciares que habían tenido que cruzar para seguir ascendiendo. La poca piel que quedaba al descubierto con la ropa de alta montaña, mostraba claramente la dureza y el sacrificio. Los labios eran los más maltratados, sin duda, las grietas, la piel levantada, las durezas o pérdida de color, reflejaban que su afición era realmente una proeza en la que tenían que sacrificar partes de su cuerpo, como sabía, entre ellas, algunos dedos de los pies. Desde luego este no era un desafío que le tentara.


Al verlas juntas reparó en cuánto se parecían, además del rostro, que había sufrido las mismas inclemencias, eran muy parecidas en el cuerpo. Aunque se las podía reconocer por el cabello, éste era muy distinto.


Las alpinistas eran veganas estrictas. Por cariño a ellas, toda la cena típicamente nepalí, lo fue igualmente. Tanto Orlando como el resto de las chicas se sentían bastante inclinadas en esa dirección, aunque unas con más seguimiento que otras, aún no habían llegado al compromiso de sus amigas.

Orlando no era ajeno a esta comida por sus retiros budistas. Disfrutó especialmente de la sopa thupka, y el dhal bhat muy picante pero delicioso.


Charlaron, rieron y bebieron hasta bastante entrada la madrugada. Fueron retirándose para dejar un poco solos a Eve y Cibercat con Orlando y que pudieran disfrutar un poco de su invitado de forma más privada. Todos entendieron la maniobra y después de un rato de charla de los tres solos, Eve le dijo.

-Sabemos que estarás muy cansado y que la tensión de estos últimos días ha sido extrema, pero… nos gustaría pedirte… no sé… puedes por su supuesto decir que no… lo entenderíamos… pero nos encantaría dormir esta noche abrazadas a ti. Sólo dormir. -sonrió

Orlando las abrazó, tenía una a cada lado.

-Por supuesto… claro… yo me sentía también conectado a vosotras antes de llegar aquí. Es raro… pero formáis parte de esta comunidad a la que me he unido. Y me apetece mucho la idea, claro que sí.


Después de la larga charla tras la cena se fueron en pijama a la habitación de Orlando que las esperaba ya en la cama, de tamaño suficiente, y se metieron bajo las sabanas y las mantas, pegándose a él, a cada costado, acogidas en sus brazos. Recordó a Aquiles en Troya, vaya, también él, un humilde mortal, no un dios o un semidiós, podía recrear aquella escena. Y no creía que Aquiles hubiera podido sentirse más pleno que él en ese momento.


Le preguntó a Cibercat por el gabinete de adivinación y ella le estuvo contando muchas anécdotas, en general divertidas y algunos trucos tecnológicos con los que había conseguido que los clientes creyeran ciegamente en Chantarel. Habían logrado componer un duo increíble, un engranaje perfecto. Por varios años evolucionaron, como le había contado la adivinadora, pero mantenían los mismos principios para el negocio y para sus vidas, no asfixiaban a los clientes y no se afixiaban ellas tampoco. Se daban pequeños respiros, así Chantarel comenzó a hacer kitesurf en escapadas a las playas mas cercanas, aunque pasaban la mayor parte del día juntas y solas. Hasta la pasión por Orlando había nacido a la vez. Bromeaban las dos a menudo con que fueron gemelas idénticas en una vida pasada.

Luego Eve le estuvo contando la historia, bastante rocambolesca, de cómo consiguió sumarse a una expedición de una televisión francesa al Karakorum, y llevarse a Lila con ella, su amiga se lo había agradecido tanto, le había dicho tantas veces que se sentía como en un pozo, impotente… y de pronto iban las dos en avión, con una resaca de campeonato a su primer trabajo.

Era curioso escucharlas, escuchar esas historias desde otro punto de vista, parecidas pero no iguales. Y era tremendamente curioso confrontar la imagen que subsconsciente e involuntariamente había creado de estas dos mujeres con la realidad, la diferencia entre la imaginación y tenerlas allí abrazadas, añadir el sonido de sus voces a los demás ya registrados, sus risas, detalles de cada una, formando una fusión que aumentaba la ternura que ya sentía.








38.-

Al día siguiente ya salieron por la ciudad y visitaron varios templos. El de Pashupatinath fue el que más le impactó al actor. Pudieron observar una cremación al otro lado del río, era como una realidad paralela, de varios siglos atrás. En el silencio mas absoluto, con una devoción que les arrastró también a ellos, unos familiares cumplían con el rito para su ser querido.

En la parte del río donde estaban había cientos de pequeños templetes con lingams, hechos en piedra, y alineados, de forma que podían verse muchos en linea recta desde donde uno mirase. La zona era muy sagrada y había muchos y muchas sadhus que oraban o simplemente, descansaban al lado de algún templete o escalera. Pashupatinath era inabarcable a la vista y aunque era hindú y no budista, se sintió extrañamente impelido a sentir devoción y respeto por aquel lugar, sus fieles y sus ritos.

Visitaron después la plaza Durbar y recorrieron un gran número de calles cercanas, mezclándose con la gran multitud compuesta de habitantes, turistas y fieles. Cientos de puestecillos que vendían comida, bebidas, recuerdos, a veces cosas extrañas que no eran capaces de adivinar, se apiñaban en las calles, dificultando el paso a la gente, pero haciendo del caminar una experiencia lenta, exótica y fascinante. 


A pesar de ello y del agotamiento, después de cenar aumentaba su deseo en paralelo al esfuerzo que había dedicado al día y concertaba con alguna de las chicas una noche también intensa. Por supuesto las primeras fueron las alpinistas que tanto habían soñado en las alturas, con poco oxígeno y mucha excitación, cómo serían sus encuentros con el actor. 


Eve fue la agraciada a la siguiente noche, no le parecía bien elegir él a una, así que hizo un juego mental que luego les contó. Decidió que la primera de las dos, que le hablara aquel día sería la compañera de lecho y así fue. 


        Ella apareció sin rastro del cansancio del día, con una sonrisa tan amplia, difícil de mantener en sus labios agrietados y un cuenco en las manos, misterioso, tapado pero que dejaba un rastro de olor inconfundible.

Ella le desnudó primero, y le besó.

-No puedes imaginarte qué erótico es para mí besarte y tocarte…

Era bastante alta para besarlo cómodamente pero prefirió tumbarlo en la cama y entonces acercó el cuenco mientras él la miraba con una expectante curiosidad.

-Es chocolate con rakshi, el licor típico de Nepal, le he puesto poco porque es muy fuerte. Y un toque de cúrcuma que me encanta.

Cogió una cuchara de la habitación del actor y se sentó a su lado en la cama, aunque para estar más cómoda, cambió al poco y se sentó a horcajadas encima. Hasta ese momento él pensaba que se lo iban a beber o a tomar con la cuchara pero lo que hizo a continuación fue una auténtica sorpresa.

Comenzó a extender un poco en el cuello de Orlando, él notó el calor, algo más que templado y el aroma que se diseminaba a su alrededor. Incluso así ya era un placer exquisito sentirlo, cuando la lengua de ella empezó a recorrer los mismos lugares. La tibieza de su lengua, con un calor distinto, y las cosquillas lo colmaban. 

La acercó para besarla y notar dentro de su boca el sabor delicioso. Se apreciaba claramente el licor porque se quedaba en la lengua algo más que el chocolate negro y el ligero picor de la cúrcuma.

Ella siguió repitiéndolo en otras zonas, cada vez lo sentía de forma distinta pero con un placer paralelo. Llegó al pene y con mucho cuidado lo puso lejos del glande. Y cuando empezó a lamerlo, igualmente, se aseguró de que no quedara rastro de licor en su lengua para que no se irritara o sintiera quemazón.


Antes de que se acabara, él quiso probar también y extendió una capa por los pechos y pezones de ella, empezó con lentitud a lamerlo, pero cada vez el chocolate iba desapareciendo mas rápidamente. Eve le había advertido que no  lo pusiera sobre sus cara o sus labios, pero cualquier otro lugar sería bien acogido tanto el chocolate como su lengua. Aunque se sorprendió porque él bajó a sus pies y le estuvo lamiendo los dedos, incluso los amputados, con una delicadeza y ternura que le hicieron saltar las lágrimas.

El resto lo dejó para el vientre y el monte de Venus, como había hecho ella, pensaba que el licor podría irritarle la vulva, aunque después Eve le pidió probar y él le pasó la lengua levemente recubierta de la crema por los labios con mucha suavidad. Al principio sólo notó la textura, algo que se depositaba en su zona íntima pero al poco sí empezó a notar. Le dijo a Orlando que no era desagradable, notaba un calor afilado e intenso, que subía y bajaba de gradación en instantes, y, desde luego, acompañado de su lengua, era delicioso. Cuando no quedó ningún rastro del chocolate hicieron el amor con una compenetración impropia para la primera vez, disfrutando un placer maduro, sereno, en momentos completo, abrumador, deliciosamente envueltos hasta el final, que se prolongó mucho, en el aura odorífera que, a los dos les estimulaba y calmaba de forma alquímica, y por fin, en la nube de olor a chocolate especiado, el cansancio acumulado del día les invadió y se durmieron abrazados.

7/05/2024





            -Cawty II.  Tatuajes  (Orlando, fragmento)




-Casi parece un sacrilegio tocarte. –Cawty sonrió, él la imitó- Pero…  me declaro sacrílego… -la rodeó con el brazo izquierdo mientras la mano derecha seguía acariciando y apretando alternativamente el seno, la guinda se abrió exhalando el aire, justo antes de que fuera engullida. 

Cawty sintió con gusto la falta de aire, distinto método de “El Imperio de los Sentidos” pero eficaz para sentirse mareada, quería perder un poco la conciencia y sentirse flotar. Había sido una buena idea vestir el kimono, ¿qué mejor ocasión que aquella para estrenarlo?, la llenó de gozo comprobar que lo había sorprendido, lo había visto en sus ojos. Orlando no podía imaginar cómo le deseaban, qué largos se hacían los días para las chicas a las que no había tocado, esas que no se atrevían ni siquiera a confesarse cómo esperaban aquel momento, ni mucho menos a concebir que él pudiera pasar de largo. No, no… no debía hacer eso… tendría que… apurar… el tiempo, aunque… ahora… ya no podía pensar más… ya no podía pensar en nada más que…   

Orlando liberó los labios lo que aprovechó Cawty para respirar hondamente. El la tomó en brazos y la llevó a la cama. Rodeada por la estructura negra, la colcha mullida, una pieza de raso carmesí, parecía un cuadro enmarcado. La dejó allí con cuidado.

-No eres muy amante de los colores relajantes. –le dijo sonriendo. Cawty lo acercó a ella.

-Lo último que querría ahora sería relajarme. Ven.

El segundo beso dejó atrás la ternura y la delicadeza. El ansia y la urgencia había ocupado su lugar, rodaron, alternativamente uno sobre el otro, se buscaron con avidez. Las bocas apenas conseguían separarse un segundo cuando de nuevo se cerraban una sobre la otra. El carmín quedó extendido sobre el blanco como prueba de los intentos de ambos de devorarse, Orlando paró un momento mientras jadeaba, la miró. La pasión había mezclado los colores en la cara de Cawty de forma curiosa, ahora parecía la modelo de un pintor abstracto. 

-Qué hermosa estás así… 


Se deslizó un poco hacia atrás hasta colocarse a los pies, de rodillas tomó el pie de ella y comenzó a lamer la serpiente yakuza. 

Sólo un instante de contrariedad, un repentino vacío en los brazos, abstinencia. Sólo un segundo, las sensaciones volvieron a llenarla, las caricias de sus dedos y de su boca marcaron un segundo tiempo, qué dulces eran sus labios recorriendo la piel, apretando, mordisqueando. Paró.

-¿Y éste que significa?

Sobre el muslo tenía tatuada la cabeza de un búho con los ojos cerrados.

-¿El búho? –le miró sonriendo, serenándose un poco- Es un símbolo de buena suerte. –suspiró exhalando el aire- Los tatuajes dan buena suerte en general, se consideran una protección, mis antiguos colegas los usan mucho. ¿Sabes? Un japonés nunca se tatuaría un nueve como llevas tú, es mala suerte.

-¿Sí?

-El cuatro y el nueve no se nombran, no se escriben si se puede evitar. Nueve se pronuncia “ku” igual que sufrimiento. Igual que las palabras cuatro y muerte, se pronuncian igual. No hay habitación cuatro en los hoteles… como aquí el trece.

Orlando sonrió, dejó un beso muy tierno al lado del búho.

-No lo sabía… -tomó el cinturón para ir deslizándolo hasta quitarlo, abrió el kimono para contemplarla desnuda. 

Esta vez se quedó completamente paralizado, sus ojos se abrieron sin poder comprender qué era aquello.

Desde el pubis de Cawty, un dragón de un realismo desconcertante le clavaba la mirada. Tenía las fauces abiertas encima de la vulva, con una expresión de lascivia y voracidad, con unos ojos demoníacos, parecía advertir a cualquier eventual espectador que no osase ni siquiera acercarse a su guarida.

Tardó algunos segundos en comprender que era sólo otro tatuaje. Aún atónito, escuchó la voz de Cawty y la miró con la boca abierta.

-Lo siento –dijo ella- quizás debería haberte dicho algo, no imaginé que te impactaría tanto.

-Joder, no he visto nada igual en mi vida. Dudaría de que puede hacerse un tatuaje tan real si no lo tuviera delante.

-Vi un grabado de este artesano, y le convencí para hacerlo… 

-Es… es…

-Sé que es complicado encontrar palabras. –le sonrió- Me gustó hacerlo… mucho, y me gusta llevarlo.

-Dolería…

Las pupilas se reflejaron en las otras unos segundos.

-El dolor es parte del tatuaje, tú lo sabes. Parte de su historia. El recuerdo del dolor permanece unido al dibujo, así que sabes cuánto costó pero también conoces qué nivel de dolor puedes soportar… y sabes que puedes llegar aún más lejos. También comprendes que el dolor no te vence, es parte del entrenamiento…

Orlando se había fijado en algo más.

-No tienes…

Cawty negó con la cabeza.

-Primero fue el láser, había que dejar el lugar despejado al pintor. Parece que empiezas a recuperarte. –rió- Tampoco el dibujo lo elegí al azar, significa que sólo pertenezco al dragón, que soy… que era una yakuza libre, si alguien podía verlo sabía que estaba en ese lugar sólo como invitado. Lo cierto es que quise que resultara brutal… -volvió a reír- y me tomé mucho trabajo para conseguirlo.

Orlando volvió a mirarlo y a admirarse de nuevo de sus detalles y de la maestría con la que lo habían hecho.

-¡Por San Jorge! Te desafío demonio, puedes seguir mirándome de esa manera pero no lo evitarás, voy a apoderarme de ella. Hoy esta mujer es mía.

Entre sus piernas, alcanzó la cueva del dragón y dejó que la lengua recorriera sus oquedades, contornos y fisuras lenta y meticulosamente. El dragón tembló, no como un espejismo, supo que no era el vientre de ella acusando el placer, parecía realmente convulso de ira. Sonrió y prosiguió ahondando en los pliegues, y dejando que la dueña vibrara y fuera perdiendo a cada nueva riada las defensas y la conciencia.