5/25/2026

 


    

                                            El Método Boollmon (fragmento 7)





Me acosté y me encogí cuanto pude, no podía creerlo, ese hombre al que acababa de decir que me asqueaba su contacto me había oído gritar, había visto claramente como temblaba y me retorcía en un orgasmo más que largo. ¿Qué podría decirle ahora?¿Como iba a decirle que me dejara, que no quería que me tocara? Me sentía terriblemente avergonzada, pero las ganas de llorar se habían evaporado, quizá si hubiera llorado, él habría hecho algo distinto, pero yo no lloro, no soy de las mujeres que llora para desahogarse. Es posible que Boollmon lo supiera también. Me dormí. Por la mañana vino a despertarme, me había quedado dormida. Salimos para el set. 

Aquel día sí tenía que hacer un esfuerzo para trabajar, no conseguía concentrarme, se me olvidaban las cosas, miraba la agenda una y otra vez y no conseguía memorizar lo que iba a continuación. Boollmon me miró muchas veces, sentía que su mirada me penetraba, bajaba los ojos pero seguía sintiéndola pesando sobre mí. No quería pensar en lo que había pasado el día anterior, ni en lo que vendría después. Una de las veces que subí a mi despacho, se acercó sin que lo notara y entró detrás mía en el ascensor. Me sujetó pasando los brazos a mi alrededor, sus manos recubrieron mis pechos y me apretó contra él. No me asusté, sabía que era Boollmon.

- Me gusta demasiado tocarte, no puedo esperar tanto.

Hice un esfuerzo para que no me sintiera temblar.

- No debería hacerlo aquí. Puede haber cámaras.

- No creo que el guarda de seguridad me haga chantaje. 

- Aquí, en mi trabajo, me dijo que no haría nada.

- Te dije que no haría nada que te perjudicara. ¿Te encuentras bien?

-¿Qué significa eso? ¿Usted qué cree? ¿Que me siento de maravilla?

-  Perfecta. –me apretó aún más, eché la cabeza un poco hacia delante y aprovechó para morderme en la nuca.- Estas perfecta, igual que un perro rabioso. Ya veo que estas bien, me habías preocupado un poco.

El ascensor se paró, Boollmon se apartó y se recostó sobre una de las paredes. 

-Si preguntan por mí, he ido a por un café, no tardaré.


Pasó el día y volvimos al hotel, Boollmon volvía siempre en mi coche, no era algo inusual, yo solía llevarlos al hotel a menos que los actores quisieran una limusina o se traían sus ferraris.  No solíamos hablar, pero ese día el silencio se podía cortar. En el coche Oswald Boollmon sólo me hablaba para despertar mi ira, aquel día no era necesario. Aparqué en la zona vip como siempre, al lado de un ascensor. 

  • ¿Hoy no quieres saber qué hay en la agenda?
  • No
  • Quiero que me lo preguntes
  • ¿Qué hay en la agenda?
  • Hazme la pregunta correctamente y con mi nombre por favor.
  • Sr. Boollmon, ¿podría decirme que hay en la agenda? 
  • Lo que hay no te va a gustar.

Le miré, vio lo que quería, las llamaradas, como le gustaba llamarlas. No conseguía dominarlas, sabía cómo le gustaba provocarme, y a pesar de eso no podía evitarlo. Boollmon sonreía mirando a una pared del ascensor.


Entramos, como siempre, dejé el ordenador sobre la mesa. Vino de nuevo igual que en el ascensor del estudio, me rodeo igual, volvió a apretarme y me susurró en el oído.

  • Me va a acabar enloqueciendo la forma en que aprietas los labios. – me apretó más- Dímelo otra vez, “Sr. Boollmon…
  • Sr. Boollmon ¿Qué hay en la agenda?                        



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