4/19/2026






                    EL MÉTODO BOLLMOON (fragmento 5) 

                                    Creo que este lo voy a publicar entero por entregas ;)


La cena con los compañeros del estudio fue parecida a la de la noche anterior, esta noche nos sirvieron todo italiano. Recuerdo que no tenía mucha hambre pero la ira que sentía se apagaba un poco con el chianti, así que bebí bastante. No tanto como para emborracharme pero lo suficiente para sentirme más liviana. De nuevo miraba a Oswald Boollmon como a un extraño, era otro cuando estaba con ellos, parecía mucho más joven, curiosamente me trajo recuerdos del muchacho que llegó al estudio hace tres años. No era demasiado tiempo pero él si había cambiado bastante. Volví a pensar en todo lo que había ocurrido hoy, era demasiado para asimilarlo. Estos dos días habían sido un delirio surrealista, necesitaba tiempo pero no lo tenía, seguro que él ya tenía pensado lo que iba a hacerme cuando volviéramos y al día siguiente, pensar en ello me hacía sentir vértigo. El grupo de asistentes vino a rodearme y estuvieron un rato comentando de la ropa y el nuevo peinado, pensaban que yo quería darme un buen cambio, me dijeron entre risas que estaba muy guapa, que no me serviría para encontrar novio, porque nuestro trabajo era incompatible pero que podía hincarle el diente a alguno de los nuevos de este rodaje. Cuando terminaron con las bromas y las risas y fueron dispersándose en otras conversaciones busqué con la mirada a Oswald, no estaba muy lejos, me miraba y sonreía de nuevo con la misma expresión de la tarde. 


En el ascensor que subía hasta la suite me animé a preguntarle.

-Puede decirme qué toca ahora. ¿Qué plan hay esta noche?

Me miró con la expresión seria –Mm... Creo que te pondré algo más de crema. Después te dejaré dormir en paz

El chianti me ayudaba a controlar la ira, ¿Quería ponerme crema otra vez? Que lo hiciera, era un día menos, que se hartara de ponerme crema. No pensaba decirle ni una palabra.

Terminé en el baño. Como me había dicho me tumbé en la cama, no pensaba hacer nada más, que lo hiciera él. Oswald llegó al cabo de un momento, se sentó en la cama, me subió el vestido hasta la cintura y me quitó las braguitas.

Bueno, estaba segura que iba a ponerla de todas formas. Igual que antes, empezó arriba, y con mucha delicadeza, lo cierto es la crema me calmaba, aunque no hubiera dicho que la necesitaba, me gustaba la sensación fresca.  Siguió y siguió, creo que duró aún más que antes, el contacto de su dedo me hacía poner enferma, tenía tan tensas las piernas que durante la noche sentí las agujetas. Es cierto que me dejó dormir.


Durante varios días siguió así, no faltó a su palabra y sólo hizo como me había dicho, le había gustado el ritual de la crema, lo repitió cada noche. Empezaron sus citas, algunas entrevistas fijadas con la prensa especializada, tomas de contacto con los responsables de la película, pruebas de maquillaje, pruebas de ropa. Tal como me había dicho, le acompañé a todas ellas. La película se rodaría íntegramente en la ciudad, al menos no estaba previsto ningún viaje. Empezamos a memorizar su parte del guión. Por la mañana había que estar muy temprano donde tocara y había veces que no se terminaba hasta la noche, pero todos sacaban fuerzas, no veías ni una mala cara. Adoraba mi trabajo. Boollmon también, se le notaba. Había adquirido en poco tiempo mucha experiencia para tratar con los periodistas y con los otros profesionales del mundillo. Era dulce, educado, nunca hablaba de forma prepotente, nunca se le veía enfadado ni cansado. No parecía distante pero dejaba una distancia discreta entre él y su interlocutor 

Y también seguía siendo dos personas distintas. Solo en muy contadas ocasiones, cuando trabajábamos con los demás, me miraba y aparecía el Boollmon oculto. Era muy joven para haber ideado esta locura, esta venganza, y había sido capaz de ponerla en práctica, no sólo de disfrutar ideándola, había encontrado la fuerza suficiente para hacerlo, y lo hacía muy bien. Me tenía en sus manos, tanto, que obedecerle se iba haciendo más cotidiano, cada vez me cuestionaba menos las cosas que me pedía. Aunque eso no significaba que no siguiera sintiendo ira y detestándole cada vez que me tocaba. 


Aquel era el octavo día, subimos en el ascensor. Abrió la suite, dejé el ordenador y el bolso en la mesa de estudio, me fui a mi baño. Boollmon se iría al suyo, estaba exhausta, no lo hacía a menudo pero aquel día me apeteció mucho darme un baño. Eché sales, aceite y no sé qué más y me metí, olía mucho a romero, era delicioso después del día que habíamos tenido, los pies me dolían aún en el agua. Estuve allí dentro como un cuarto de hora, casi me había olvidado de él. De pronto entró.

-¡Qué agradable baño! Te dejaré un poco más, pero no mucho. Te espero.

Ocho días, ocho días menos, no había pensado nunca que no cumpliría su palabra, no tenía motivos para dudarlo. Salí del baño, me sequé un poco y me fui con el albornoz hacia su cama. Me tumbé. Estaba tan cansada que pensé que me dormiría incluso durante el ritual de la crema. Me puso el antifaz, eso también le gustaba, no quería que le mirara. No parecía estar tan cansado como yo, muy despacio, como le gustaba hacerlo, quitó el cinturón y fue abriendo el albornoz. Empezó a pasar la lengua alrededor de mis pezones, y siguió un buen rato lamiéndolos, bajaba hasta el ombligo, subía al cuello, notaba la piel erizada. Era difícil evadirse y pensar en otra cosa. De pronto lo único que pensaba era que sentía unos odiosos hormigueos atravesar mi vientre, cuando él me pasaba la yema del dedo, apenas rozando, por los pezones y tenía que hacer un esfuerzo para quedarme quieta. Paró de pronto, esperaba, yo también esperaba, noté un dedo bajando por el esternon, hacer un círculo pequeño en el ombligo y siguió bajando, llegó al dibujo del vello y pasó el dedo por la silueta del dibujo, morosamente, varias veces, escuché como abría el tarro de crema, separé algo las piernas, ya no necesitaba decírmelo, también se había hecho habitual, puso un poco arriba, paró, esperó un poco. De pronto noté algo extraño, calor, tardé un instante en estar segura, su lengua estaba allí, me estaba recorriendo la vulva. Me revolví como pude para evitar que siguiera haciéndolo, me arrastré hacia atrás, Boollmon intentó sujetarme por las caderas pero no tuvo fuerza suficiente.

  • No, no, no, no, no, no, esto ni hablar, –me quité el antifaz de un manotazo- esto no es lo que usted me dijo Oswald. Esto es demasiado íntimo, ni hablar, esto ni hablar. 
  • ¿Por qué he dejado de ser Sr. Boollmon?
  • ¿Está loco?
  • Me gusta más oírte Sr. Boollmon cuando estas desnuda.

   Ah… Bueno Dezh..., es cierto que hice un poco de trampa. Lo que te dije era verdad, no te he mentido, sólo llegaré a la superficie de tu cuerpo, eso te dije, y no llegaré más allá, pero incluyo este tipo de caricias en nuestro pacto, esto es lo que planeé, podía haberlo hecho el primer día pero me gustó más así, he disfrutado mucho viendo como sentías tanta rabia cada vez que yo iba más lejos.

Temblaba de esa misma rabia que él hablaba.

  • No voy a consentirlo.
  • Dezh, no digas cosas que no puedes mantener. Si quisiera puedo atarte a la cama para hacerlo sin que te muevas, eso lo haré algún día. Tendrás que consentirlo porque yo lo deseo. A partir de ahora, cuando te diga que te tumbes, estarás mentalizada, porque voy a hacerlo muchas veces, y no será rápido. No puedes negarte y no vas a negarte. -Sentía nauseas. No era capaz de decir nada. No sabía qué decir. 
  • No crees que es una venganza deliciosa para una mujer. A mí me lo parece.
  • ¿Usted siente placer haciendo esto? Es enfermizo.
  • Lo que yo sienta es cosa mía.
  • ¿Y después qué hace? ¿Se va a su baño a masturbarse? 
  • Haré lo que me apetezca. Si me apetece masturbarme no lo haré delante de ti, a menos que quieras mirar.
  • Siento asco cada vez que me toca.
  • Me lo imagino.
  • ¿Hasta donde va a llegar?
  • Te lo dije, hasta el último día en que me marche de aquí. 
  • ¿Pero por qué esta fijación? ¿Por qué volvió a acordarse de mí? Usted ha ganado, ha conseguido lo que quería, más que eso, es un actor muy famoso. Seguro que le dolió lo que le dije pero ahora mi opinión no vale nada, no le puede seguir afectando y además no era verdad. ¿Por qué todo esto? ¿Por qué?

-Es cierto que no te lo he contado -me cubrió con la sábana, estaba sentada, con las piernas encogidas, pegadas al cuerpo, la aferré y me tapé cuanto pude- Por hoy ya basta. No te he contado qué ocurrió aquel día. Ahora lo entenderás. Después de hablar contigo, después de sobreponerme al asombro por la forma tan cruel y con tanto desprecio con la que me hablaste, a la decepción por comprobar que no eras la persona que yo había admirado y deseado, después de que asimilara un poco las cosas que me habías dicho, hice algo absolutamente impropio de mí, llamé a mi agente y le escupí todo el veneno a él. Le dije que no hacía nada por mi carrera, que solo me buscaba papeles de niñato que era lo que yo era, y así jamás conseguiría nada. Y ¿sabes qué hizo él? Me concertó, cuando terminé aquí, seis pruebas muy importantes. Me dijo que si quería oportunidades, me las estaba poniendo en bandeja, que le demostrara que tenía madera y que consiguiera algún papel. Hice las pruebas y me dieron cuatro de aquellos trabajos. Y de pronto la vida entró en un torbellino mágico. Así que, fíjate, involuntariamente, tú fuiste la causa de que mi carrera despegara. Te he recordado muchas veces en este tiempo, y mi agente también me recuerda aquel momento muchas veces. Lo cierto es que no se esforzaba hasta que le hablé aquel día, porque yo no me sentía insatisfecho, los papelitos que me conseguía me parecían muy importantes. Resumiendo, te he recordado en muchas ocasiones, cada vez que comenzaba una nueva película, cada vez que me decían cuantas páginas web tengo, cada vez que miro mis cuentas del banco, y te he recordado con esos sentimientos antagónicos: odio, desprecio… y agradecimiento. Me he acostado con muchas mujeres en este tiempo, como me dijiste el primer día, modelos, actrices, periodistas, admiradoras... y me gusta, pero de vez en cuando volvía a recordar que algún día vendría a vengarme, y te aseguro que el pensarlo me excitaba tanto o más, me he masturbado muchas veces pensando en como te revolverías cuando te tocara, en cómo me mirarías, y ahora que se ha hecho realidad, esta sensación de doblegarte, de dominarte me embarga, me gusta demasiado… Y hablando de esto…  Mmmm. Dezh... Me temo que… ahora quiero seguir.

  • ¿Seguir?
  • Voy a seguir donde lo dejé antes.
  • ¡No! Usted me ha dicho que ya basta por hoy.
  • Es cierto, a cambio te dejaré negarte a algo que te pida otro día.
  • Déjeme, no quiero, por favor. Me siento mal, creo que voy a vomitar.

Se levantó y trajo una papelera, nunca me había fijado antes, pero esta vez su ropa delataba que estaba excitado.

  • ¿Por qué no va a masturbarse? 

Me sonrió

  • Soy un gentleman inglés, es impensable para mí pasar primero – empezó a tirar de la sábana hacia abajo, yo la sujetaba con fuerza, se acercó más y empezó a pasar la lengua por los nudillos blancos de mis manos, por los dedos. – ahora pórtate bien y abre las manos, vamos, no quiero enfadarme.
  • No quiero... basta....
  • No vas a vomitar. – Me quitó las manos de las sábanas con suavidad y la bajó deslizándola despacio sobre mi cuerpo. Esta vez sin preámbulos, puso sus manos arriba de las rodillas, estaban calientes, me separó las piernas y volví a notar el calor y la presión muy tenue de su lengua alrededor de mi clítoris. –La separó un segundo.
  • No pararé hasta que te escuche gritar. 





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