Orlando (fragmento Lila II)
No sé, quizá no sea un buen momento, después de haberte relajado tanto.
-Para nada, querida doctora.
Se sentó de nuevo en el sillón articulado y tiró para que ella se sentara encima. Lila buscó de nuevo sus labios, Orlando reparó que su forma de besar era tremendamente dulce y suave, y los devolvió de la misma manera, prolongando el momento de placer y de preámbulo. Le desabotonó la bata médica y descubrió que llevaba solo la ropa interior y por cierto era muy bonita. Paseó la mirada, disfrutando de ella y pensando en los diferentes cuerpos de sus amigas y cómo los deseaba todos. Lila tenía ligeramente marcados los músculos, tenían consistencia pero no demasiada y pensó que practicaba más yoga que artes marciales.
-Respira profundamente y cierra los ojos, -empezó a pasarle los labios de forma muy suave por el borde de los de él y siguió con su cara, notaba que las cosquillas a veces eran difícil de soportar- te voy a iniciar en otra materia, imagino que tampoco conoces: el yoga tántrico y sus aplicaciones.
Orlando la miró con un poco de recelo.
-No querrás hacer las posturas del templo de Kajuraho, ¿verdad? Romy me enseñó las figuras. No creo que pudiera ni practicando durante años.
-No preguntaré en qué contexto te las enseñó. Vaya, por poco no se me ha adelantado. -Lila rió con ganas y cabeceó- No, el yoga y el sexo tántrico es una forma de prolongar un encuentro con algunos métodos, de mejorar y alargar el placer, pero se basa principalmente en la lentitud y la morosidad, acompañar cada roce, cada momento de respiraciones yoga, eso te va alineando con el espacio/tiempo de este momento de placer, con la dimensión correcta.
Empezamos poco a poco… deja que el aire penetre lentamente pero hasta de fondo de tus pulmones y disfruta respirando, siente que el fresco del oxígeno te invade y te llena de vida, observa internamente como te renueva, como despliega tus pulmones hasta llevarlos a su máximo tamaño, cómo te gusta esa sensación y retienes el aire cada vez más, para dejarlo salir después también lentamente.
Orlando, con los ojos cerrados, intentaba asimilar sus explicaciones y sentir al respirar lo que ella le pedía, imaginar el oxígeno y sus pulmones logrando la máxima amplitud.
Lila se levantó un momento del sillón articulado y la vio manipular el aparato de música sobre un mueble y coger algo.
-Música tantra a 528 herzios, es lo apropiado. Es relajante también pero con un punto erótico-exótico.
Volvió a sentarse a horcajadas encima del actor y se inclinó para volver a hacer lo mismo por su cuello y el comienzo de su pecho. Orlando seguía respirando como le había dicho y sentía cómo le gustaba esa sensación de sentirse lleno de aire. Todo era lento, muy lento, exageradamente lento pero le estaba encantando.
-El sillón también es un complemento, facilita la postura. Sigue con los ojos cerrados.
Orlando notó un roce distinto, algo muy delicado y suave, diferente a los labios de ella.
-¿Qué es eso? -dijo con curiosidad pero manteniendo los ojos cerrados. Lila le besó con mucha suavidad en los párpados.
-Otro instrumento tántrico, son plumas para acariciar.
Y siguió pasándole el pequeño plumero de finísimas fibras por el pecho del actor, bajó a la axila, subió muy lentamente al hombro, de ahí pasó al cuello hasta llegar bajo la oreja derecha. El actor se removió debajo de ella, a medias por las cosquillas y por el placer, aunque siguió obedeciendo, y así mantener la respiración que le ayudaba a seguir con calma, recibiendo todas aquellas caricias.
Ella volvió a besarle de la misma forma, apenas rozando sus labios, dejando que el contacto fuera muy largo, recorriendo cada protuberancia, cada depresión, cada milímetro.
-Ahora imagina que el aire que respiras es de color y que tus pulmones se van impregnando también de él, puedes elegir el que más te guste… -le tapó un oficio de la nariz- respira más despacio y deja tu mente en blanco si puedes, piensa solo en respirar y en el color del aire, puedes también cambiar de color si quieres…
Orlando siguió respirando lentamente tal como le había dicho, intentando imaginar el aire de colores suaves y notando como aumentaba la relajación pero también la excitación erótica. Lila se levantó de nuevo, abrió los ojos, la miró como cogía algo y volvía a sentarse encima.
-Es la última vez -le sonrió- ya tengo todo, hagámoslo sin ver nada los dos.
Le alargó un antifaz y ella se colocó el suyo, Orlando la imitó. Notó el cuerpo de ella acercarse y quedarse erguido muy cerca, buscó las manos del actor para llevarlas a su cuello, y mientras las extendía bajo sus orejas, acarició el dorso de las de él en el mismo sentido y deslizó sus dedos sobre los dedos de Orlando, y después sobre el hueco entre los dedos, llevó sus manos a los hombros y desde allí le acarició la espalda pasando las yemas sin rumbo, pero suavemente, teniendo cuidado por los moretones que había visto antes, él también se había incorporado algo del respaldo para erguirse como ella y acercarse más, así mientras seguía manteniendo la respiración pausada, notaba perfectamente en su pecho los pezones tras el sujetador, buscó las tirantas y con el índice dentro, imitando la suavidad de los roces de Lila, bajó y recorrió la prenda hasta llegar al cierre, lo abrió y se lo quitó. De forma muy suave con la yema de los dedos, igual que ella, acarició a ciegas, bajando desde el cuello, el nacimiento de sus pechos, los acunó y acarició con los dedos, después delineó el borde de los pezones antes de llegar con su boca a repetir las caricias. Pensó en lo curioso y divertido que era imaginar sus pechos y no sentir el apremio de mirarlos, La respiración de Lila era aún más profunda que la suya, aunque él procuraba imitarla y acompasarla, no le era posible, su capacidad pulmonar era increíble y él necesitaría mucho pranayama para llegar a acercarse.
Lila le ayudó para desprenderse de la toalla que aún mantenía y con alguna contorsión también, del resto de su ropa interior, después volvió a recuperar la postura sentada, con las rodillas a los lados, se acercó tanto que pudo notar el pene rígido en medio de su vulva, apenas era necesario moverse para que el roce le produjera calor y placer allí, apenas bastaba con el movimiento natural al respirar. Se abrió un poco más y notó perfectamente que su clítoris también era obsequiado con la tensa piel del actor. Para Orlando, en la base de su pene no era tan intenso pero imaginarlo sí, claramente podía visualizarlo en su cabeza, y ya había olvidado el aire de colores y hasta casi la respiración… era muy excitante y complicado continuar. La escuchó como aspiraba aire silbando con la lengua entre los dientes, el sonido lo perturbó y la tomó por la nuca para besarla con ansia, olvidando el tantrismo, pero ella volvió a recordárselo, Lila quería prolongarlo más tiempo, puso sus manos sobre el pecho de él para notar con precisión sus respiraciones y ella le acompañó en algunas, después volvió a las suyas que eran más largas, acentuó el sonido de su respiración, y al erguirse respirando el roce de la vulva se acentuaba igualmente.
Orlando bajó una mano con cuidado y colocó la yema de su pulgar contra el clítoris y en ese momento de inhalación escucho un profundo gemido de Lila. Fue un momento de gran placer para los dos, aunque ella seguía mostrando con sus caricias lentas que quería aún prolongarlo más, y para él empezaba a ser complicado.
Lila volvió con los labios al cuello de él y bajó de nuevo a su pecho realizando figuras curvas al azar, aunque la yema en el centro de su placer era un vórtice en sentido opuesto y a pesar de los esfuerzos por ralentizarlo cada vez notaba más su excitación y la de él. Tras un poco entendió que lo había alargado mucho y decidió dejar fluir el encuentro hacia su culmen, aunque incluso la penetración consiguió que fuera muy lenta y él aguantó de forma heroica la tardanza en desahogar el deseo mutuo y finalizar. Orlando sintió un orgasmo bastante grato y largo, y sintió que ella lo sentía igualmente, no exactamente simultáneo pero bastante cerca.
El dejó caer la espalda en el respaldo y Lila se acurrucó en su pecho mientras de forma incomprensible, aún mantenía esa respiración pausada y muy profunda que le había escuchado todo el tiempo. El le besó el cabello aunque su respiración no podía imitarla, necesitaba mucho oxigeno tras el esfuerzo y cada poco tomaba grandes bocanadas para exhalarlas al momento.
-Mejoraré el pranayama, te lo prometo
Lila rio sin cambiar de postura, sobre su pecho.
-… tuve un amigo que decía que sentía orgasmos en el hígado. Había practicado mucho, eso es cierto y prolongaba el coito mucho tiempo. El tenía más nivel aún, pero no se trata de una competición, sólo de buscar más placer, también de sentir cada momento, cada encuentro único y memorable.
Ella se levantó para coger el mando del sillón y lo dejó casi horizontal mientras se tumbaba a medias al lado y encima de él. Orlando aún seguía con el antifaz puesto, sonrió pensando que no se había dado cuenta y aun estaba recuperando el aliento. La acogió abrazándola.
-Bueno, cuéntame algo de ti, háblame de tu vida, quiero seguir componiendo el rompecabezas.
-A ver por donde empiezo… Eve y yo fuimos juntas al colegio y más tarde al instituto. Eve hacía alpinismo desde niña, la verdad es que le tenía un poco de envidia porque pasaba mucho tiempo en las montañas mientras yo estudiaba y estudiaba metida en mi habitación. Yo sacaba mejores notas pero ella tenía un cuerpo atlético, fibroso y fuerte -empezó a reir- creo que vas a dejar a las que tienen los mejores cuerpazos para el final, las dos están cañón.
Acabé la carrera en la capital y volví a mi casa. Fue un shock, sentía que me ahogaba en mi ciudad, no podía hablar con mis padres de lo que sentía porque no habrían entendido nada, ellos no paraban de contarme sus planes sobre mi vida, estaban eufóricos, tenían dinero suficiente para que montara una consulta privada y convencerían a muchos de sus amigos a ir, por lo que no me faltarían clientes. Me organizaron una cena con un chico que acababa de terminar también sus estudios, hijo de unos conocidos. Estaba a punto de estallar y de pronto, como una cuerda en un pozo, me cayó una proposición de Eve. No sé cómo había conseguido meterse en una expedición que iba a Nepal y como un milagro, necesitaban un médico de forma urgente. Así que saqué un montón de libros de la biblioteca para conocer lo más posible del tema y en los 15 días que faltaban los estudié como una posesa, me compré algunos más y preparé mi viaje sin decir una palabra en casa. Aunque me vieron con tanta actividad, ellos seguían con sus planes, estaban buscando un local para las consultas, sin preguntarme, es de locos. Faltaban dos días para irme a Nepal y llegaron una tarde encantados porque habían dado con el sitio ideal, creí que no podía retrasarlo más y se lo dije. Al menos no habían dado dinero ni firmado nada.
Sus caras se quedaron frías como muertas, me impactó, no los había visto así nunca. Puede que yo nunca les hubiera enfrentado, debí haber hablado antes, no sé, por mi carácter y el de ellos, era bastante difícil. Al final para no estar allí ni un minuto más, preparé el equipaje aquella noche y al día siguiente me fui a un hotel bastante lejos, no podía pasar otra noche en mi casa, y el esfuerzo para irme me dejó exhausta. Eve vino a mi encuentro y bebimos muchísimo, algo muy malo si vas a viajar tan lejos al otro día que pagamos caro, pero para nada me arrepiento. Lo necesitaba. Estaba huyendo, es la verdad, estaba largándome de una vida a la que jamás iba a volver, aún no sabía cómo lo haría, cómo iba a trabajar ni donde, pero tenía clarísimo adonde no iba a hacerlo. La huida es algo que muchas de las chicas tenemos en común, Orlando asintió, ya conocía muchas de las historias y vidas pasadas de ellas y desde luego era algo que compartían.
-Después de las expediciones en Nepal, que fueron varias me quedé sin trabajo una temporada y pedí incorporarme a una ONG, me admitieron y estuve en varios destinos, algunos bastante cerca de conflictos, el primero fue muy traumático, era la primera vez que veía heridas de proyectiles, niños sacados de los escombros de sus casas, tener que amputar miembros, o operar de urgencia con linternas en una tienda de campaña Aunque los recuerdos de la gente, de los heridos que se recuperaban y la inmensa gratitud de sus familias lo compensaban, luego te acostumbras, empieza a ser rutinario, no ves el peligro, ni las bombas… y la verdad no percibí el peligro. Un dispensario médico es desgraciadamente algo deseable para robar, llegaron una noche mientras dormíamos… y fue muy traúmatico, no sabía lo que era sentir miedo de verdad, un miedo sólido, que te paraliza… ya no acepté estar en zonas inseguras, si pasábamos por una carretera solitaria apenas podía manejar la ansiedad, era tan horrible que tuve que dejarlo del todo. Eve me ayudó mucho de nuevo.
Eve y Cibercat se habían conocido en las montañas, habían coincidido en algunas expediciones y vieron que se coordinaban y complementaban tan bien que decidieron ser pareja de escalada, y después emprendieron alguna subida solas con los sherpas. Ciber conoció a Green y nos vinimos las 4 a Francia, su historia con el gabinete de adivinación y espiritismo cuando me lo contaron en Nepal, me pareció la leche, qué dos figuras…
Yo no tenia ni idea de ordenadores, aunque Green no me lo pidió y le parecía suficiente que fuera la médica del equipo, yo no pensaba igual, no quería ser un estorbo, quería colaborar. Primero aprendí artes marciales y kikboxing, que fueron la mitad de la terapia contra la ansiedad, en serio, lo que me ha servido de verdad es golpear el saco de arena, lo juro… y lo sigo haciendo. Las chicas me han enseñado a hackear, a pilotar, francés -rió- desde luego han sido maravillosas conmigo, han tenido una paciencia infinita…
Y le siguió contando muchas anécdotas de Nepal, las escaladas, las misiones…